"La gracia y la desgracia"

 


Lic. Jorge Daniel Giacobbe-. Cuando los gobiernos están en “etapa de gracia” frente a los electorados, cualquier detalle cae bien, cualquier política resulta auspiciosa y cualquier chiste es bien recibido. Cuando un gobierno está en gracia, un presidente en una Ferrari a trescientos kilómetros por hora yendo a Pinamar, una promesa de nave espacial remontándose por la estratósfera, o cualquier otro acto de frivolidad, nos parece simpático. La soberbia nos parece solidez, el autoritarismo nos parece autoridad, la corrupción nos parece un costo del sistema, el avasallamiento de los poderes del Estado nos parece una dinámica normal, y demás. Todo es confianza y expectativa

Cuando un gobierno cae en desgracia, todo se resignifica exactamente al revés. Y no hay con qué cambiarlo. Cada movimiento es malo y ya no saben de dónde vienen los cachetazos. Todo es desconfianza y desazón. En el fondo, aquello que nos mueve hacia un clima u otro –en términos generales- es el vaivén de la economía. Que es, justamente, aquello que nos angustia en este momento. En términos de imágenes personales, durante los últimos quince días las figuras del oficialismo han tenido un respiro. Si bien la positiva de Alberto Fernández cayó un punto, también se descomprimió 2% su negativa. La positiva de Cristina Kirchner no se movió y hasta bajó un punto su negativa. Algo parecido para Axel Kicillof. En la otra esquina del ring, de los cinco puntos de positiva que había ganado Horacio Rodríguez Larreta en el informe anterior, perdió cuatro. Mauricio Macri perdió otro punto de positiva y se sigue moviendo entre los 19 y 21 puntos, mientras que su negativa volvió a posicionarse por encima del cincuenta por ciento. Estos relojes, al igual que las valoraciones de las gestiones respecto del Covid19, indican que están todos bastante estables. Subiendo unos puntos o bajando unos puntos cada mes. El miedo al Coronavirus sigue estable también y la adhesión a la cuarentena cae otro punto cada quince días. Esa variable también se mueve por goteo, pero siempre hacia abajo. En el fondo del juego entre la gracia y la desgracia entonces está la economía y, por sobre todas las cosas, la percepción sobre cómo funciona la economía. Confianza en las monedas, temor al corralito y voluntad de emprender proyectos nuevos son las variables que decidimos medir para retratar el momento.

VERDE, QUE TE QUIERO VERDE 
Los políticos argentinos, cuando son opositores, entienden perfectamente el miedo de los ciudadanos respecto de la moneda nacional, pero cuando se convierten en oficialistas declaran no comprenderlo. La situación es ridículamente similar a cuando nos cuentan un mismo chiste tres veces, y la última no lo comprendemos. Con los datos abiertos de esta pregunta intentaremos dar luz, o más bien confirmar, que existe una cultura de apego al dólar ligada a ciertos criterios socioculturales. En términos generales, apenas el 18% de los argentinos indica confiar en el peso como moneda de ahorro, contra el 56.1% que confía en el dólar. Es brutal la diferencia. Mientras tanto 12.9% indica que ambas por igual. Primera lectura. El 18% defensor del peso argentino ni siquiera resulta parecido al 35% que el kirchnerismo tiene como base electoral. Mucho menos al 48% que obtuvieron maquillados de peronistas en las últimas elecciones presidenciales. Recuerdo ahora que tras las elecciones del 2011 donde Cristina Kirchner obtuvo el 54% de los votos, pocos meses después quiso “tocar” el dólar y hasta sus propios votantes zanjaron la disyuntiva en favor de la divisa norteamericana. Atención muchachos, que ni sus propios votantes resultan tan suicidas. Segunda lectura. Las mujeres confían un poco más en el peso (22%) y los hombres en el dólar (63%). Me ahorro los comentarios “machirulos”. Los mayores de 51 años confían más en el dólar (63%) y me ahorro los comentarios generacionales. Viendo que aquellos que no tienen estudios confían más en el peso (35%), y los universitarios en el dólar (66%) entendemos que la linealidad “menos estudios más peso” vs “más estudios más dólar” es clarísima (me ahorro los comentarios meritocráticos). Certificando que los hogares con menores ingresos confían más en el peso (24%), y los de más ingresos confían más en el dólar (72%), me ahorro los comentarios marxistas. Por último, dejo en manos del lector el jugoso análisis de estos guarismos por pertenencias ideológicas, ahorrándome meter los dedos en la grieta. En definitiva, me puedo ahorrar todos los comentarios, pero los argentinos ahorran en Dólares. Los miedos sobre lo vivido en el 2001 se han activado, y en cierta forma logran trascender a generaciones que no han transitado esa experiencia. El 57.4% tiene temor a que el gobierno implemente un corralito, contra 27.7% que no registra miedo. Sucede también que, cuantos más estudios o más ingresos, crece la fobia. Apenas algo más de la mitad de los peronistas y los kirchneristas están seguros de que no habrá tal medida, el resto teme o, por lo menos, duda. En una Argentina que necesita más proyectos, el 31.2% indica que abriría una empresa o un emprendimiento (guarismo que resulta ser 59% y 73% entre peronistas y kirchneristas). El entusiasmo es sectorial. En cambio, el 68.2% se niega a la idea. La voluntad de emprender, contraria a ahorrar en dólares o temor al corralito, crece cuanto menores los ingresos y menores los estudios. En cuanto a la inflación, el 58.7% cree que es mayor la real que la publicada. El 19% cree que es exactamente la publicada, el 2.4% que es menor, y finalmente un 19.6% no lo sabe. En este sentido existe menos grieta, porque hasta los peronistas y kirchneristas tienden a sospechar de esos datos. En conclusión, el miedo se sustenta en los aspectos económicos. Nos aferramos al dólar, tememos un corralito, no tenemos motivación para emprender y desconfiamos de los datos que sustentan la visión de futuro. El desasosiego es enorme. Que el último apague la luz.