Montaña Rusa


Lic. Jorge Daniel Giacobbe-. El juego conocido como “montaña rusa” consiste en subirse al vagón de un tren loco que, al final del viaje, termina en el mismo lugar de partida. Eso sí: bastante más despeinado y con el ritmo cardíaco alterado.

EL PRESIDENTE
Alberto Fernández inició la pandemia con 37.7 puntos de imagen positiva y 45.5 de negativa. A fines de marzo, cuando se conectó con la necesidad de salud de una sociedad mono-demandante, posicionándose en el rol de “padre protector”, suspendiendo las clases y dictando la cuarentena creció hasta 67.8 de positiva y su negativa se redujo a 12.5 puntos
A partir de allí todo fue desgaste. Se sumaron el miedo económico, el miedo al encierro y el miedo a tener miedo. El cúmulo de angustias de cada uno, las discusiones fuera de tiempo, la falta de empatía. A mediados de agosto, días antes del anuncio del día 14, Alberto Fernández se baja del vagón con 37.1 puntos de positiva y 44.6 de negativa. Cansado, con las piernas temblando pero celebrando haber completado el viaje, se encuentra en la misma y exacta posición de su partida. Punto de inflexión. Cambio de estrategia. Ahora que los niños crecieron y dejan de hacer caso, que ya no se los puede aleccionar, mandar en penitencia ni plantarles la culpa, entonces hay que empujarlos hacia la adultez. Hay que celebrarlo. Es un gran momento para el padre y para el hijo. Pero sale bien únicamente si los dos logran no volver para atrás. En el medio quedará el legado de un presidente que pudo conducir a una sociedad entera a un cambio de hábitos muy importante con celeridad (barbijo, lavado de manos, alcohol en gel, etc.). No es poca cosa: pensemos cuánto tiempo le tomó a los argentinos aceptar el uso del cinturón de seguridad al conducir. También para ganar tiempo en robustecer el sistema de salud. Quedará el aprendizaje de que, seguramente, se podría haber sido empático con los otros miedos un poco antes, y que el ser humano es, además de cuerpo, estructura psíquica.

LOS ARGENTINOS
Nuestro miedo al Covid bajó apenas 1% en los últimos quince días. Sigue sin aflojar. Pero la aceptación sobre la extensión de la cuarentena corre otra suerte. Cuando Alberto se subió a la montaña rusa y extendió por primera vez la medida, la aceptación era de 85%. Al igual que su imagen positiva, el guarismo se fue degradando constantemente hasta hoy, que registra 43%. Pero atención que se han invertido las variables y, por primera vez, la cantidad de encuestados que desaprueba la extensión es mayor (44%) que quienes insisten en prorrogarla. Punto de inflexión. Cambio de estrategia. Reconocer que la cuarentena es hoy un “como sí” que, sin consenso social, parece la mueca grotesca de un Estado impotente. La negociación de la deuda, celebrada por todo el arco político (no sin críticas, pero valorada como necesaria), tuvo un impacto positivo de opinión pública de 4%, pero que no mejoró la imagen del presidente. En enero, el 36.3% de los encuestados creía que el gobierno estaba negociando muy bien o bien la deuda. Ahora 40.5% cree que se negoció positivamente. La ganancia es de cuatro puntos. La evaluación “regular” marcaba 12.4% a principios de año y resulta ser 18.9% hoy. Las percepciones negativas (mal + muy mal) representaban al 32.1% al inicio del mandato de Alberto, y son 29.5% al fin de las negociaciones. Este tibio reconocimiento social permite, puntualmente al ministro Martín Guzmán, mantener la misma imagen positiva que exhibía a principio de año, en un escenario de desgaste generalizado donde otros (Ginés González García y Sabina Frederic, por ejemplo) pierden imagen.
La crisis generalizada, el agobio y el malhumor generan un contexto donde el gobierno pierde terreno de cara a las elecciones de 2021. El 34% quiere que el Frente de Todos gane las elecciones, que es un gran número todavía para una elección legislativa donde la oposición se puede atomizar. Pero 44.4% quiere que el FdT pierda las elecciones, cifra que deberá repartirse entre las demás opciones que disputen. Finalmente, un temerario 20.4% se muestra desinteresado de quien gane o pierda pero, desde luego, será crucial para definir el partido. En cuanto a la consistencia de las alianzas gobernante y opositora, en ambos casos es apenas más elevada la cantidad de gente que cree que llegarán unidos a las elecciones presidenciales. Pero es interesante observar que prácticamente la mitad del electorado está despreocupado por la salud interna de cada una de ellas.

LOS DEMÁS ACTORES POLÍTICOS
Respecto de quince días atrás, Cristina Kirchner perdió 2% de imagen positiva y Axel Kicillof 1%, situándose ambos en 28% y 25.9% respectivamente. El kirchnerismo y el peronismo deberían reparar en que el desgaste también impacta sobre sus productos electorales. Mauricio Macri perdió 3% (19.8%), pero Horacio Rodríguez Larreta sigue capitalizando la estrategia de no entrar al barro que le propone el juego grande: crecer 4% en esta situación de catástrofe absoluta podría convertirse en un tesoro invaluable.