La bolsa o la vida



Jorge Altamira-. Acerca de nuevos derrumbes accionarios.

El capital no ha podido pasar a la cuenta de pérdidas y ganancias la irrupción del Coronavirus. Funcionar como de costumbre – sólo que en esta ocasión las pérdidas contables, cuando ocurren, vienen acompañadas con la de millones de vidas. ´Inmunidad de manada´ o como sea, el capitalismo enfrenta no solamente una creciente resistencia popular, que se manifiesta en una oposición cada vez más vigorosa a ´las reaperturas´, sino también el rechazo a los gobiernos a los que se atribuye la innegable responsabilidad de no haber manejado la pandemia en función de la defensa de la vida de la población trabajadora y de amplios sectores históricamente discriminados. Es la crisis política que acecha a los Trump y Bolsonaro, que castiga al gobierno de facto de la boliviana Áñez, y que ahora se abalanza sobre el inglés Boris Johnson o el español Pedro Sánchez. La crisis de la pandemia no debe confundirse con un estadio superior de la crisis económica, aunque se entrelaza y la potencia, porque es una crisis histórica de la organización capitalista de la humanidad.

La fantasía del ´business as usual´ -los negocios no paran-, sufre rudos golpes. El famoso ´sentido común´ había llegado a la conclusión tranquilizante de que si la pandemia podía afectar muy seriamente el trabajo comercial e industrial, proyectaría a las cumbres a las llamadas compañías tecnológicas, encargadas de acelerar una revolución en los métodos de trabajo como consecuencia del ´lockdown´, aislamiento social o cuarentena. En el mundo crepuscular de una pandemia indomable, el capitalismo se sobreponía a la contingencia histórica. Con esto en la cabeza, las ´fanng´, como se conoce en la Bolsa a las ´tecnológicas´, vieron a sus acciones dispararse a las nubes, en el tiempo de un respiro. Ya no. Hace varias semanas que vienen cayendo desde el pico – ayer casi un 10 por ciento.

La ley del capital, claro, es más determinante que la tecnología. Con cotizaciones cerca de 50 a 1, entre acciones y expectativas de beneficios, un 2% incierto de ganancia, que aún debe convertirse en dividendo, hizo dudar a los ´inversores´. Como las compras en Bolsa son especulativas, porque se hacen con dinero prestado, no propio, con la garantía de esas mismas acciones, un derrumbe de la cotización puede significar una quiebra. No importó en este caso que la tasa de interés oficial de los adelantos de la Reserva Federal sea del 0,65%, o que ella haya comprado títulos públicos y privados por más de u$s3 billones, llevando su balance a u$s7 billones. En 2017, las cuentas registraban una emisión de u$s800 mil millones. Numerosos artículos de la prensa financiera internacional revelaron que la estampida de las acciones de Apple, que llevó a su capital en Bolsa a u$s2 billones, obedeció a una serie de operaciones especulativas orquestadas por Softbank, una gran cueva de Japón.

Lo que ha motivado la inversión hacia abajo de la curva que registra la cotización de las ´fanng´ es, en primer lugar, la crisis política que inflama el descontrol de la pandemia en Europa y Estados Unidos. Esto pronostica nuevas recaídas de la producción industrial y del PBI. Para echar leña al fuego, parece incubarse una crisis con las vacunas en experimentación – desde que demorarían más en su aplicación efectiva; que podrían inmunizar por poco tiempo, entre otras cosas porque se vislumbran diversas mutaciones del virus; que se desarrolla una pelea comercial de su distribución, que apunta a bloquear a China y a Rusia; que hay un crecimiento en las dudas de las poblaciones; y otras cuestiones de menor relevancia. De otro lado, precisamente, los capitalistas reclaman mayores subsidios, bajo la forma de gastos públicos, porque incluso la especulación enfrenta el límite de una demanda efectiva que colapsó – tanto en la inversión como en el consumo. Más subsidios, sin embargo, sobre la montaña de los que ya han sido otorgados, enfrentan un obstáculo político en el Congreso de Estados Unidos. Primero, porque el déficit fiscal creado por los subsidios en vigor supera el 10% del PBI (por arriba del de Argentina, lo que no es pavada); segundo, porque la deuda pública norteamericana supera el 140% de ese mismo PBI; tercero, porque el gasto público tiene un efecto demorado sobre la demanda; cuarto, porque la caída de esa demanda, de nuevo, se proyecta espectacular. Por último, cualquier salida reactivadora plantea una fuerte imposición sobre las ´fanng´, como las que proyecta (y demora en ejecutar) la Unión Europea. La decisión de Boris Johnson, quien ha anunciado fuertes subsidios a la industria británica, ha desatado la crisis de un Brexit sin acuerdo, y una crítica generalizada de todas las potencias que compiten con Gran Bretaña.

En las presentes circunstancias, un crack bursátil tendría un alcance estratégico que va más allá incluso de una depresión económica mundial. Simplemente llevaría a la bancarrota política la tentativa de ignorar la lucha social contra la pandemia, para mantener al capitalismo y funcionamiento. Atentar contra la vida es el último ‘ratio’ de cualquier organización social. Las ´reaperturas´ chocarían con la infección viral de todo el sistema económico. Esta contradicción nunca será absoluta, pero es la tendencia del período histórico. La actualidad del poder obrero, del socialismo y de la necesidad de una república internacional de trabajadores, no podría ser más acuciante.