Pandemials y la nueva forma de la política.


Joakito-. Durante los primeros sesenta días de cuarentena fue difícil hablar de política, ya que el discurso del miedo instaurado mundialmente señalaba como dos cosas opuestas, a la economía y a la salud. Hoy, con mas de cuatro meses de cuarentena, se observa, salvo algunas excepciones, sino a la "muerte de la política"a su entrada terapia intensiva y donde a nadie de quienes integran la llamada "clase política", parece preocuparles los temas que, casualmente la política nacional debería tratar y resolver: ¿Cómo salir de la peor crisis económica por la que atraviesa la Argentina, cómo generar canales de participación, discusión y construcción política democrática en estos contextos donde estamos obligados a alejarnos unos a otros? Preguntas casi ausentes en la política argentina. Bienvenides a la política pandemials.
Por un lado el gobierno nacional, con su máxima figura -por lo menos en los papeles- Alberto Fernández   a la cabeza dice a todo el que quiera escucharlo, que no tiene plan económico, que al no le interesa esa forma de hacer política, y encuentra, en la pandemia el argumento justo para sostenerse. y que a su vez en el oficialismo nos encontramos con un silencio en cuanto a la  política y y a la economía  de -por más que a muchos no les guste- la personalidad política mas representativa que tiene el país como es Cristina Fernández.
Por otro lado, está la oposición, que según lo que se ve en los diferentes medios de comunicación no es el partido centenario histórico adversario del peronismo, sino por el contrario, lo es twitter y quienes convocan a movilizarse desde las redes sociales, y en este terreno, es el PRO y sus afiliados quienes tienen una práctica real y concreta en esta forma de hacer política.
Aunque el radicalismo, que gobierna varias provincias y municipios de la Argentina y tiene muchos legisladores intenta "mojar la galletita" como diría el lunfardo, es real que no ha sabido salir de la imagen que socialmente tienen ligada a los fracasos de gestión, y sobre todo con la catástrofe del gobierno de Mauricio Macri y la única opción que tienen para mostrar es a Martín Lousteau, que es el único dirigente del radicalismo con aunque sea una base mínima de proyección  nacional. Pero por su parte a Lousteau sólo le preocupa lo que pase con...Lousteau. 
Si hay algo que la pandemia en Argentina dejó al descubierto, es que las viejas herramientas que utilizó la política tradicionalmente hoy perdieron todo sentido. Ya no es la calle, ya no es el puerta a puerta, la volanteada  las formas de convencer al electorado, sino que ahora todo se ve reducido a cuantos likes y corazoncitos se logran en instagram, o a mensajes sin sentido en Tik Tok. De ahí el éxito de Alberto Fernández y su presidencia. Gobierna por twitter, y le molesta más una twitteada en contra de su gestión por parte de una periodista chimentera como Viviana Canosa a que se movilicen cientos y miles por las distintas avenidas del país. Sólo le interesa ser tendencia en twitter.
Pareciera ser que en estos 150 días de cuarentena, la política quedó solo reservada a quienes tenían acceso a los grandes monopolios comunicacionales, salvo algunas excepciones que se abrieron sus propias fisuras dentro del sistema. Lo real es que la política aún se encuentra en cuarentena y ya nadie sabe cuando va a volver. En este sentido, si bien es loable la decisión del gobierno nacional de haberse rodeado de un comité de científicos para hacer frente a esta crisis sanitaria, lo real y paradójico es que 4 meses después de la cuarentena, desde el estado nacional en tiempos de avance tecnológicos, el gobierno solo apele y crea que lo mas efectivo para combatir el COVID sea la cuarentena un recurso propio del medioevo. Mientras tanto, cuarentena mediante, los aumentos de contagios y las muertes en Argentina siguen creciendo y aún así, el estado nacional no ha invertido un sólo peso en fortalecer el sistema público de investigación y desarrollo de armas de combate contra el COVID. El Malbrán sigue con el mismo presupuesto que en el 2019 y los avances en los tratamientos y o la vacuna que anuncia el estado nacional son hechos por privados y no por entes públicos y estatales.
Del otro lado del mostrador, la oposición no hace nada más que esperar a que el gobierno twittee de más y a la madrugada, y sumarse a cuanta protesta idiota se convoque, que van desde la marcha para pedir el financiamiento a tasa cero de las cacerolas Essen hasta pedir por la repatriación de todo el caretaje que se fue a Europa y al que el Estado Nacional tenía que pagarles los pasajes de vuelta.
Lo que si es común a un lado y el otro de la grieta son las peleas para ver quien mete preso a quien y a cuantos jueces acomodan cada uno. Entonces, la política ya no es discutir un proyecto de país, de que manera se puede generar empleo en estos tiempo tan duros de pandemia, sino que la política paso ser, al mejor estilo de Games of Thrones moderna, una disputa palaciega para ver quien maneja el tercer poder de la nación como es el poder judicial. De ahí el debate de la reforma judicial que no viene a cambiar nada(el código procesal, y los distintos códigos no se tocan ni un ápice, tampoco los juzgados de garantías) por lo que el problema de la inseguridad seguirá estando y posiblemente agudizando más aún.
Si hay algo que queda claro sobre quienes hoy están tomando las calles es que no tienen una representación política clara, ya que por lo demostrado el PRO es un socio político más del oficialismo en la medida que se mantenga la cuarentena y las cadenas nacionales de lo que el escritor Jorge Asís denomina los tres tenores: Larreta, Kicillof y Alberto Fernández.
Estamos ante una situación inédita en la política nacional: por un lado, sectores que pueden ser vinculados al anti peronismo se movilizan contra la corrupción y la reforma judicial y desde el peronismo en vez de contestarle con política, contestan como médicos; y a su vez, ese sector hoy movilizado en vez de recurrir a la violencia de los cuarteles como históricamente lo hizo, acude a los piquetes y la movilización.  Al parecer, ese 10,15 % de votantes con los que el Frente de Todos llego al poder y que no responden al kirchnerismo, esta haciéndose cargo de las palabras de Alberto Fernández en el cierre de la campaña electoral, cuando dijo que si "alguna vez me ven claudicar en algo de lo que he dicho salgan a la calle, recuérdenme que les estoy fallando",
Párrafo aparte, merece la izquierda expresada sobre todo en los partidos de expresión trotskistas porque los otros son parte del oficialismo, ya que debido a la situación de crisis mundial y de debacle indudable por la que atraviesa el capitalismo no sólo en Argentina, sino en el mundo entero, en vez de salir fuertemente a expresar un programa propio, que atraiga hacia sus ideas a los trabajadores y a los sectores marginales, sólo actúa como furgón de cola de ambos lados de la grieta y plantea ejes programáticos que históricamente fueron ajenos a la izquierda y eran más bien, planteos de la social democracia o de los liberalismos -por ejemplo, el aborto o la cuestión ambiental.
Y esto es muy importante señalarlo en momentos donde tanto desde el oficialismo como desde la oposición en los lugares donde gobierna, ambos, han logrado el milagro de la geometría: chocaron las paralelas, el sistema sanitario está al borde del colapso y la economía
Y no lo hacen por novedosos sino para ver cómo pueden conseguir uno, dos o tres lugares más en el el poder legislativo nacional. Lo cual no estaría mal, si se usara el parlamento nacional como tribuna. Muchaches, lamento decirles, que desde el 20 de marzo del 2020 el parlamento nacional ya no es mas una tribuna para discutir ideas, ya el pueblo trabajador no se preocupa por lo que pasa en las cámaras de diputados y senadores, no por que no quiera sino por que no puede: hoy las sesiones no se televisan, perdió todo sentido el debate político y dá lo mismo si el legislador esta o no presente, porque lo hacen por Zoom, y pueden incluso poner un maniquí de cartón como ya lo hizo un senador del PRO.
Hay algo que ha quedado claro en esta nueva forma de política, que no parece muy novedosa: el miedo. Todos los discursos políticos y comunicacionales en el país -en Entre Ríos es aún peor- tienen como centralidad el miedo: miedo a ser infectado, miedo a ser asesinado, miedo al robo, miedo a la quiebra económica.