El mundo de los libertarios: dilemas y contradicciones del bolsonarismo a la criolla


Ariel Mayo-. Como ya es de público conocimiento, el mundo vive tiempos de pandemia. Y esta época es terreno fértil para que ideologías extremas como las libertarias lancen gritos de protesta y denuncia contra los confinamientos y las decisiones de los Estados para combatir esta enfermedad global llamada coronavirus. En un contexto donde las ideologías que anteponen las libertades individuales como valor supremo se entremezclan con todas las visiones del mundo que existen en la posmodernidad: youtubers, influencers, economistas estrella, teóricos de la conspiración y un largo etcétera. Una “nueva” ideología que se ofrece como mezcolanza de todos los pensamientos reaccionarios

En Argentina, la oposición política y ciudadana está alimentada por retóricas libertarias disfrazadas de anticuarentena y viceversa. Todo para tirar agua para el molino del anti-kirchnerismo que, en Argentina, es el depositario de las mayores críticas de toda la turba anticuarentena compuesta por antiperonistas, terraplanistas, nacionalistas ortodoxos, macristas y libertarios de toda laya. Es decir, la suma de todos los que se oponen en este contexto a un gobierno que tiene que gestionar en el medio de una crisis sanitaria mundial, y además habiendo heredado un endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional. El cual puso al país de rodillas, sin contar las otras políticas generadas por el macrismo mientras estuvo en el poder nacional. De las cenizas de proyectos políticos económicos que nunca funcionaron en Argentina, quiere nacer algo que se vende como lo nuevo: el Bolsonarismo a la criolla. Algo así como la suma de todos los miedos, los males y los pensamientos reaccionarios si uno lo mira desde una perspectiva “progresista”.
Ahora bien, ¿que es esta corriente de sectores que predican la ideología liberal-libertaria? Hay como una especie de moda entre jóvenes (y otros que no lo son tanto) que se reivindican de derecha, conservadores y, al mismo tiempo, defensores de la libertad a ultranza. Nos proponemos con esta nota, hacer un análisis de las características de esta manera de pensar, que no es una ideología orgánica. Acá, precisamente, tenemos una primer punta para estudiar y porqué no, desmontar a los libertarios. Que son (o pueden ser, mejor dicho) el huevo de la serpiente de un especie de “bolsonarismo” a la criolla. Es decir, una ideología terriblemente reaccionaria pero que se nutre de contradicciones fundantes. ¿Cómo conviven la libertad con el órden? Es tal vez lo que le ocurre a la izquierda tradicional con ese concepto. ¿Qué clase de órden es capaz de aceptar un liberal y un progresista, sutiles extremos de polaridades)
No es una ideología homogénea, y por lo tanto, no es consecuente con el énfasis a partir del cual definen sus ideas. Su postura va desde el espectro económico, hasta el político y por ende, lo socio-cultural. La primer cuestión es que, al tener contradicciones fundantes, solo pueden apoyarse en lo que les genera rechazo para establecer doctrina. Es decir, con la pandemia aflora su propuesta: la libertad, ir contra los confinamientos, oponerse al Estado opresor, etc. Cuando decimos que no es una ideología homogénea, se muestran como si tuviesen la certeza de tener un pensamiento sólido.
Ahora bien, vayamos punto por punto. Empecemos por el factor económico. Acá en Argentina, la ideología liberal jamás pudo decir que tuvo éxito. Excepto cuando uno se encuentra con liberales y libertarios que reivindican a Carlos Saúl Menem. (Si, los hay, los he visto, no sé si son muchos pero hay un menemismo posmoderno). Ahí los libertarios se deshacen en elogios. Acá aparece la primer contradicción de los derechistas libertarios argentinos: denostan a los políticos estatistas por su corrupción, pero el gobierno que gobernó a la Argentina en los 90 tuvo fama de tener muchas denuncias de corrupción, por ejemplo, cuando aparecían libros como “Robo para la Corona”, que no nos dejan mentir. Se ve que el escaso prestigio que siempre ha tenido el menemismo frente a una buena parte de la opinión pública, no es obstáculo para que muchos libertarios reivindiquen al ex presidente riojano. Sin embargo, se embanderan contra la corrupción de los años kirchneristas. Parece una indignación selectiva.
Volviendo al plano económico, la principal contradicción de la ideología liberal-libertaria parece ser esa dinámica entre la ortodoxia de la teoría y la complejidad de las sociedades en las que vivimos. El mundo vive tiempos profundamente complicados que desmienten cada vez más la proclama de los libertarios. Los países desarrollados parecen mostrar un enorme intervencionismo estatal, y la forma en que esos paises se desarrollaron desmiente bastante la épica anti-Estado de los liberales. El mundo desarrollado está muy golpeado por la pandemia, y sus Estados deben intervenir para paliar una crisis que es de enormes proporciones. Y todavía sigue. Sus consecuencias pueden ser terribles, y los gobiernos se debaten acerca de cuánto pueden intervenir para administrar las consecuencias de la crisis por la pandemia, sumado a lo­s problemas que el capitalismo occidental ya tenía.
El otro factor que debemos analizar es el político de los libertarios. En Argentina, por ejemplo, los dirigentes políticos que, a grandes rasgos, son los representantes políticos de esa ideología, son claros exponentes del Teorema de Baglini. Esta teoría, fundada por así decir por el ex diputado radical Raúl Baglini, la cual reza que “cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos” de los dirigentes que los emiten. Es decir, que lo que se afirma es directamente proporcional a la cercanía con el poder político. Cuanto más cerca, más razonables o realistas pueden ser los postulados. La política libertaria se maneja con una contradicción en sí misma: para cambiar al Estado, lo necesitan. Para eliminar las atribuciones del Estado, necesitan entrar en él.
Otra contradicción política tiene que ver en parte con lo anterior, pero sobre todo por la dualidad que se observa en el discurso anti-K. Por un lado, la idea de la libertad a ultranza, el Estado opresor, la idea de las libertades individuales por encima de cualquier cosa y por el otro, la ideología conservadora basada en los valores cívicos y republicanos. El “gorilismo”, por así decir, desde la lógica peronista, se encuentra con esa dualidad en la actual oposición. Una conjunción de libertarios que creen ser merecedores de estar desembarazados de cualquier Estado opresor, y al mismo tiempo son admiradores de las posturas más reaccionarias que puede haber. Ahí está una de las contradicciones. ¿Qué es ser de derecha? ¿Qué clase de orden quieren? A muchos libertarios les molesta el “Nuevo Orden Mundial” y se juntan con Libertarios reaccionarios que creen en el Orden Conservador. Al mismo tiempo los liberales son pro-capitalistas aunque el capitalismo sea, justamente, el sistema de un “Nuevo Orden” cada vez más cercano a un modelo de vigilancia. Creen en un capitalismo y un sistema que se cae a pedazos y vigila cada vez más a sus ciudadanos. No pueden los liberales-libertarios explicar las contradicciones de su discurso y las contradicciones del sistema.
Finalmente, el aspecto sociocultural de los libertarios, se relaciona con todo lo anterior: la idea de la libertad por encima de todas las cosas, se da de patadas con el mundo en el que se vive. Lo cual no significa negar que las libertades sean importantes. Por supuesta que la libertad es un valor enorme. Pero cuando se pone por encima de todo lo demás, se termina entrando en contradicción con todos los aspectos del mundo en el que se vive. Ya sea por el mundo de vigilancia, complejo y difícil, que venga aparejado por la posmodernidad sino además como factor reflejo de las consecuencias de un Status Quo que los libertarios muchas veces defienden. Una libertad a ultranza, entra en contradicción muchas veces con los ideales derechistas y conservadores que muchas veces los reaccionarios (si, los libertarios en su gran mayoría son reaccionarios) defienden.