Ahora (de tarde)


Ramiro Pereira-.

La aromada tarde se desplazó entre ciertas paredes 
despertaron las aguas, envalentonadas del grifo hacia otras ubres.
El tiempo se hizo doradamente diáfano, 
transcurriendo en el comercio de las voces.

Ahora es cuando era 
mientras las voces comerciadas brotaban 
y el silbido transportaba el sin cesar de un viento atibiado
¡Duraba el asunto en su montaña rodeada!

No hay asaltos por aquí. 
La montaña se muestra con sus picos descalzos
mientas la dorada efigie de abrazos saluda con sus pases,
que no he visto.

Asegura que es blanco el rombo elemental 
ese que, dicen, petrifica la niebla de los seres.
Me extiende una carta con brotes: no son inocuos (pues)
nada es simple. Menos aún aquello que lo es.