Libertad… libertad… libertadora!


Jorge "Kinoto" Vazquez-. El vergonzoso episodio acontecido el pasado 9 de julio, tuvo un tinte revanchista que solamente puede obedecer a un continuismo histórico.

La  furia desatada por quienes dicen defender a la República de las garras de la barbarie kirchnerista, nuevamente reavivó la vieja llama de una grieta que mantiene nostálgicos y sedientos por recuperar todos aquellos privilegios que sienten que les fueron arrancados a un exclusivo sector social compuesto por un espiral de tradicionales familias convencidas de contar con la autosuficiencia necesaria para poder alambrar la Argentina cuando se les cante las pelotas, alzándose con todo aquello que esté inventariado dentro de ella, arrancando por las mismísimas cadenas con que encarcelan la conciencia colectiva de aquellos pobres desclasados que le sirven de combustible a sus cruzadas.
Nuevamente salieron a las calles con furia, los muchachos y muchachas de la oligarquía porteña, embanderados de celeste y blanco, proclamando un desvirtuado patriotismo bajo el pretexto de tirar abajo los barbijos e instaurar una nueva revolución de la modernidad, verso con que intentan maquillar el verdadero gen totalitario de su accionar.
Desde luego, en su delirante glosario, evitan mencionar a los auténticos artífices que han arrastrado a un abismo económico y social a nuestro país. En cambio, escupen frases guionadas que hablan de “infectadura”, de “defender el derecho a la propiedad privada”, denigrando de paso a la hermana Venezuela y desempolvando el viejo y clásico latiguillo con que suben al ring a espíritus derivados del comunismo, pero lo hacen para no ser tan evidentes en su visceral odio al Peronismo.
Si Peronismo. Ese temerario movimiento de masas que según el trazo de plumas empuñadas por algunos de sus ilustres filósofos, fue fundado por un “milico déspota” y una “bastarda cabecita negra”. Agitadores  de la historia y provocadores de la insolencia que caracteriza a esos miles de grasas, (refiriéndose al hombre humilde que un día despertó de su letargo y se animó a sentirse digno), a subirse y caminar por la misma vereda que la gente de bien; a mirar irrespetuosamente a los ojos de sus patrones, atreviéndose, incluso, a discutirle insolentemente creyéndose estar en una condición de igualdad que le otorga ciertos derechos.
Esos mismos olvidados que, como si se tratase de una tragedia griega, en un descuido de la historia, se escaparon de alguno de aquellos versos escritos por pensadores nacionales afines al populismo, que a fuerza de demagogias ilustran como heroico el imperdonable atropello desatado a partir de un fatídico 17 de octubre, día en que dejamos de ser "República" tras la irrupción de un aluvión zoológico que tomó por asalto el centro de Buenos Aires para reencontrarse con eso, a lo que de manera irracional y ciegos de fanatismo, llaman su propio destino.
En definitiva quienes pretenden naturalizar el odio y la violencia como método disciplinador de la política, atrasan tanto que, por sí solas, emergen las postales de sus epopeyas, en blanco y negro o a color. Los veo en el anonimato de las sombras, cobardes como de costumbre, pintando “Viva el cáncer”.
Me imagino que ni se habrán sonrojado luego de haber masacrado a la población civil, tirando bombas en la Plaza de Mayo, asesinando a niños, si un contingente de alumnos de escuela primaria que justo en ese maldito día le tocaba ir a conocer la casa de gobierno, esos mismos niños a los que Juan Perón declaro como los único privilegiados de la patria, ahora voy entendiendo… 
Ahí están ellos, de nuevo saltando de alegría, en esa misma plaza que regaron con sangre, pisoteando simbología justicialista, luego de haber derrocado a punta de pistola a un gobierno constitucional. Después de todo eso no les iba a temblar la mano para fusilar, pero… ¿Para qué nos vamos a seguir sorprendiendo de todo lo que expresan? O no se acuerdan del abuelito anticuarentena, luciendo orgulloso su remera estampada con la cara del genocida Videla?
Que hayan querido linchar en patota y que hayan intentado silenciar la libertad de prensa destruyendo equipamiento de un canal televisivo, habla de lo intolerantes, discriminadores, hipócritas que siguen siendo a pesar de los años transcurridos. Yo soy “Peroncho” “cuca”, “cabeza de termo” y “choriplanero”. Pero nunca me van a ver del lado de los carniceros de mi propio pueblo.