Crece la imagen negativa del presidente


Lic. Jorge Daniel Giacobbe-. La mayor parte de los argentinos estamos asintomáticos de Covid-19, pero un porcentaje exhibe síntomas de elecciones. Luego de un valorado y atípico periodo de consenso nacional, las partes vuelven a lanzarse dardos y calentar el clima. Desde el oficialismo, todos trabajan en la idea de la pesada herencia como respuesta a cualquier pregunta. Cada hemisferio de este esquizo-peronismo lo hace a su estilo, pero la estrategia es la misma.

Desde la oposición, ya huelen sangre. El impacto económico descompone el clima social y lo convierte en tensión y crispación, generando el clásico " aroma a castigo" que desde hace décadas define las elecciones argentinas. Los errores estratégicos y de estilo del gobierno ayudan a compactar al 40% de votantes antikirchneristas, antiperonistas y antipopulistas que luce desorientado sin presencia de sus representantes, y confundido por un Alberto híbrido en términos de identidad. A medida que Alberto Fernández define su identidad hacia el kirchnerismo, se acerca al 38% fiel a Cristina que lo celebra y defiende, pero que nunca será propio. Y se aleja un paso del 10% que lo votó para castigar a Macri, aún sin amar a Cristina. Obvio, se pone directamente enfrente del 40% antiK retratado anteriormente. Quedará por ver cómo deconstruyen la realidad y las promesas el 12% restante que muchas veces se fuga de la pelea principal buscando terceras opciones, al cual todos querrán echar mano.
Alberto: estable la positiva, pero creciendo la negativa
La imagen positiva personal del presidente continúa bajando (-1%) pero la caída se va moderando. Recordemos que luego de crecer 30% al principio de la pandemia, cayó primero 8%, luego 7%, más tarde 5%, 2% y ahora 1%. Ya perdió entonces 23% de los 30% conseguidos. El dato relevante se encuentra ahora en la evolución de su imagen negativa: creció 6% ascendiendo a 37.6%. A medida que Alberto adopta rostro kirchnerista se aleja de todos aquellos que “querían ver” en él rasgos exclusivamente peronistas. En el mismo campamento, Cristina se encuentra absolutamente estable, mientras que Axel Kicillof también creció en imagen negativa (+3%). En la otra esquina del ring, Macri también se encuentra estable, con números muy pobres y alta imagen negativa. Horacio Rodríguez Larreta perdió 4 puntos de positiva que pasaron directamente a su negativa.
El Covid 19 destruye más de lo que infecta
En términos de evaluación de gestión frente al Coronavirus, todos perdieron. La discusión enfocada en la Ciudad de Buenos Aires hace retroceder a Rodríguez Larreta unos siete puntos, mientras que Alberto en nación y Axel en Provincia retroceden 4%. El nivel de confianza en la gestión general del país también cayó en su evaluación promedio (de 6.63 a 6.50). El proceso de desgaste es igual al sufrido por todos los gobiernos anteriores, perdiendo opiniones que califican con nota 10, y sumando calificantes con nota 1. Nunca transitan las evaluaciones por niveles intermedios. A veces, en Argentina, las cosas no son lo que parecen ser. El principal problema del país, según los encuestados, no es el Coronavirus (tercer lugar). Antes se ubican la economía y la corrupción. Es un buen dato para entender que, si bien la angustia crece naturalmente porque la situación es apremiante, los ofendidos crecen porque el gobierno no resulta empático con el orden de prioridades de una parte de la población. El temor al Covid-19 apenas ha bajado 2%, y la idea de extender la cuarentena avanza hacia la polarización, dado que crecieron 3% las posiciones extremas (adhesión y rechazo).
Dime que opinas y te diré a quién votas
Muchos de los ejes del debate actual resultan un cliché forjado en la grieta que domina la política argentina hace casi dos décadas. En este caso hemos estudiado dos supuestos: que el gobierno miente respecto de la cantidad de muertos, y que está enamorado de la cuarentena como forma de control social. 35.4% cree que el Gobierno miente en la cifra informada de muertos por Covid19, contra 38.5% que cree que dice la verdad. Entre quienes se definen pro y radicales, la hipótesis de la mentira supera el 60%, mientras que entre kirchneristas y peronistas la hipótesis de la verdad resulta cercana al 70%. Exactamente lo mismo sucede frente a la idea del amor por la cuarentena. 45.2% cree que el gobierno está enamorado de ella, principalmente opositores, mientras que 43.9% no lo cree, básicamente oficialistas.
Los dedos en el enchufe
Luego de la discusión por la liberación de los presos, el gobierno dispara la idea de la intervención y expropiación de Vicentin, metiendo nuevamente los dedos en el enchufe. Con los presos tuvo al 90% de la población en contra. En la segunda, las opiniones iniciales están más repartidas, pero también es contraproducente. Los números indican que el 47% de la población (en caso supuesto de ser diputado) votaría en contra de intervenir y expropiar, principalmente los que se identifican como opositores, pero también aquellos que se declaran apolíticos, independientes y apartidarios. Otro 34.2% votaría a favor, número sostenido principalmente por peronistas y en menor medida por kirchneristas. He aquí el corazón de adherentes de la alianza gobernante. Por último, el 17.5% se abstendría de votar respecto de Vicentin, pero hay que tener cuidado, porque no se abstendrán de votar realmente en las elecciones venideras. Frente a este tipo decisiones, el 39.9% de los consultados creen que Cristina tiene más poder que Alberto (37.7) en la toma de decisiones. En este sentido es interesante observar que opositores e independientes creen que domina la vicepresidenta, mientras que peronistas y kirchneristas creen que domina el presidente.
Hacia las elecciones
Frente a la idea de las próximas elecciones legislativas, el 37.3% quiere que el Frente de Todos gane las elecciones, mientras que el 42.9% quiere que las pierda. Veremos cuántos productos ponen en la góndola cada una de estas posiciones para concentrar o atomizar los votos. El 18.9% al que le da lo mismo, será definitorio. Pero lo cierto es que las dos posiciones se están consolidando simbólicamente. Terminará la pandemia en algún momento, y quedará un porcentaje de pobreza y crisis económica que aumentará la tensión social. El gobierno no tendrá herramientas suficientes como para calmar todas las angustias y la oposición, de no reformularse, no tendrá más idea que quejarse. Nuevamente crispados, agotados y sin posibilidad de asistir a una discusión sobre el mañana, los argentinos vamos entrando en otro clima electoral. Lo haremos con los argumentos de siempre, carentes de originalidad, y con nuestros malos modos de intercambiar ideas. Mientras tanto crece “la negativa” en muchos sentidos. La imagen negativa de los políticos, las discusiones negativas, las formas negativas de intercambiar ideas, la animosidad y las expectativas.