3J por el aborto legal y todas nuestras reivindicaciones


Sabrina-.  En estas semanas  estamos en presencia de dos fechas claves. El pasado 28 de mayo, día internacional de la salud de las mujeres, donde se instalo bien alto la bandera del aborto legal, seguro y gratuito y la otra es el quinto aniversario del 3J, cuando salimos a gritar ni una menos contra los femicidios y la violencia contra las mujeres.

Nos encontramos en un escenario catastrófico, sanitario y social. Los gobiernos y sus expertos pronostican millones de enfermos, cientos de miles de muertos, vemos fosas comunes en los países más pobres y los más ricos. ¿Qué clase de régimen social diseña tecnologías que controlan hasta los detalles de la vida de la población, pero es incapaz de prevenir un cuadro dantesco donde las principales víctimas son, siempre, los más pobres? “La vida cambió para siempre”, anuncian, pero se apresuran a despedir cientos de miles, confiscar salarios, destruir jubilaciones y subsidiar a los capitalistas con un cuarto del PBI mundial.
En la Argentina, la pandemia desenmascaró las condiciones de vida de miles de trabajadoras y trabajadores en la ciudad más rica del país y en la provincia que produce el 35% de la riqueza nacional. Mostró cómo las lacras del capitalismo magnifican los daños en un contexto pandémico. Kicillof dice que en el conurbano hay 18.000 Villa 31 y que será impotente para atenderlos. Ni se le ocurre que los grandes hospitales privados deben ser puestos al servicio de la población. Falta agua, indispensable, en barriadas linderas a las torres de lujo de los Puerto Madero o las piscinas de los barrios cerrados.
En el AMBA vive el 32 por ciento del país y se concentra el 82 por ciento de los contagios. La fracción más pauperizada de la clase obrera -por ejemplo, el millón y medio de empleadas domésticas- se convierte en presa del Covid-19. Ellas y las trabajadoras de empresas de limpieza -tercerizadas “esenciales” que no admiten licencias ni entregan equipos de protección- llevan el virus del trabajo a los barrios y viceversa.
La precarización dejó a las mujeres en total indefensión frente a la barbarie patronal que suspende y despide. Los salarios miserables, incluso de trabajadoras bajo convenio, como docentes o enfermeras, explican por qué la mitad de los niños vive bajo la línea de pobreza.

Por la legalización inmediata del aborto
Como muchos centros de salud solo atienden casos con Covid-19, es muy difícil acceder a los servicios de ginecología y obstetricia. Se han duplicado las cesáreas. No entregan anticonceptivos ni misoprostol, violando el derecho al aborto no punible incluso en embarazos infantiles. Una vez más, solo queda la vía del aborto clandestino. Es urgente que el Congreso vote la legalización del aborto en los términos de la Campaña. Que habiliten ámbitos seguros para interrumpir los embarazos y para control de embarazadas y partos.
La violencia contra las mujeres y los niños, estructural al sistema capitalista, antecede a cualquier pandemia. Pero se potencia por el aislamiento y el hambre. Hay un femicidio diario mientras las funcionarias publicitan números de teléfono. Las jornadas extenuantes del teletrabajo no respetan ni convenios ni horarios. Las patronales desconocen las licencias de las trabajadoras con hijos en edad escolar, agobiadas por las exigencias laborales, familiares y de higiene intensiva del hogar.
Con la complicidad de la burocracia sindical y el gobierno, los patrones suspenden y despiden - ¡Incluso trabajadoras de salud! -, o pagan con descuentos el salario, aunque el gobierno prácticamente ha estatizado la plantilla salarial.

Las mujeres, en la primera línea
La lista de agravios es interminable. Pero como en todas las grandes crisis, como en todas las grandes revoluciones, las mujeres estamos en la primera línea contra el hambre, por el derecho a la salud y la vida de la familia obrera, en defensa del trabajo y del salario.
Las docentes, único nexo de la escuela con los alumnos y sus familias, educan y contienen desde su casa, y colaboran en la distribución de la canasta alimentaria escolar sin la menor protección.
Trabajadoras y profesionales de la salud (75 por ciento del gremio) han denunciado el colapso sanitario, movilizadas en defensa de la salud pública, de condiciones de seguridad para ellas mismas y para sus pacientes.
Las mujeres de las barriadas exponen su vida en las ollas populares, sostenidas por su esfuerzo y donaciones porque lo que entrega el gobierno es nulo o totalmente insuficiente.

No al pago de la deuda
En medio de la escalada de contagios, los Fernández dedican sus esfuerzos a un acuerdo con los acreedores. En vez de reorientar los recursos nacionales a fortalecer el sistema de salud y al sostenimiento de la población trabajadora, se someten a un arreglo a gusto del capital financiero que significa exactamente lo contrario: ajuste, despidos, liquidación de las jubilaciones. Los enormes subsidios a las patronales ni siquiera tuvieron como contraprestación el cese de los despidos o el pago íntegro de la otra parte del salario.
Así como la burocracia sindical vocifera que no es hora de paritarias ni de aumentos de salario -a pesar del aumento de los alimentos de la canasta básica- las feministas que responden al gobierno se han llamado a un estruendoso silencio por el 28 y el 3. Las que se querían desendeudadas y terminaron firmando solicitadas de apoyo al pago de la deuda han dado la espalda al movimiento de mujeres en sus horas más dramáticas.
En las barriadas, proponemos la creación de comités que unan en un mismo programa la lucha contra el hambre, la salud y la violencia contra las mujeres.
Reivindicamos la experiencia de las mujeres piqueteras, que, en el año 2003, en la Asamblea Nacional de Trabajadores, en un cuadro de desesperante miseria social, elaboraron un programa de reivindicaciones y supieron unirlo a un programa político general de la clase obrera de denuncia del régimen social.
Las mujeres somos parte de la lucha general de la clase trabajadora, la defensa de las condiciones de vida y de la vida misma plantea objetivamente un cuestionamiento radical de este régimen social. Es necesario consolidar una fracción del movimiento de mujeres que construya una corriente independiente de cualquier bloque patronal y se oriente -unida a sus compañeros- a la lucha por un gobierno de trabajadoras y trabajadores.
Convoquemos  a asambleas y paros en escuelas, hospitales, call centers y todos los lugares de trabajo, que sean visibilizados con campañas de fotos en las redes sociales.
Paro de las compañeras aisladas en el teletrabajo. ¡Apaguemos las computadoras! Esto debe ser organizado en asambleas virtuales donde debatamos una salida para esta situación.

Un programa integral de lucha de las mujeres
Contra las presiones del gran capital, defendemos incondicionalmente la cuarentena.
¡Aborto legal ya! Que el Congreso vote de inmediato el proyecto de la Campaña. Distribución gratuita de anticonceptivos y misoprostol. Que se habiliten centros de salud exclusivos para ILE, atención de embarazos y partos. ESI laica y científica.
NO al pago de la deuda y a las negociaciones con el FMI. Es una forma extrema de la violencia contra las mujeres y contra toda la población.
La violencia contra la mujer es inherente al régimen capitalista, basado en la violencia y la explotación. Pretenden que así nos sometamos a la doble opresión, la esclavitud doméstica, la esclavitud sexual, la maternidad compulsiva. ¡Basta de femicidios! Que se habiliten refugios y hoteles. Subsidio igual a la canasta familiar para mujeres en situaciones de violencia Abajo las suspensiones, despidos, precarización y reducción salarial y jubilatoria. Los y las trabajadoras han salido a enfrentar el embate patronal, que pretende usar la pandemia para aniquilar conquistas centenarias: ese es el camino.
La situación sanitaria, el hambre, el hacinamiento en las villas está siendo enfrentada por mujeres, algunas muy jovencitas, que exponen su vida en las ollas, la distribución de los alimentos a los aislados, el acompañamiento de los febriles. Que se abran los hoteles y las torres de lujo para atender a los enfermos, para aislar a las poblaciones de riesgo. Salario universal contra el hambre.
Centralización del sistema de salud bajo control de sus trabajadores.