Una disyuntiva compleja


Lic. Jorge Daniel Giacobbe-. Luego del pico de imagen positiva del principio de la crisis de la pandemia, y las posteriores semanas trágicas de errores vividas por el gobierno, ahora parecen haber
encontrado una agenda de discusiones favorables que da vuelta la página de la discusión por la liberación de los presos. Se trata de la deuda externa.

 Pero el costo fue grande y Alberto Fernández continúa sufriendo una merma en su imagen personal. En las últimas dos semanas cayó 5% de positiva, es decir, que ya perdió 20% de los 30% que creció al principio del Covid19.
Justo es indicar, es insistir, en la idea de que el desgaste hubiera sido natural y predecible por el agotamiento de los argentinos ante el encierro y los costos económicos. Pero convenir también en que los errores y debates impopulares seguramente hayan acelerado la caída.
Sucede también que el gobierno nacional y los gobiernos provinciales han perdido claridad a la hora de contar cuáles son sus estrategias, y dónde están parados en la disyuntiva entre la economía y la salud. En la primera etapa donde todos queríamos salud, era fácil para cualquier gobierno conjugar necesidad con oferta, acertar en las políticas implementadas y recoger los aplausos.
Pero ante la disyuntiva de una sociedad que ahora desea todo a la vez, resulta complejo pararse en un lugar que conforme a todos. El resto de los principales actores de la política (Cristina, Macri, Larreta, Kicillof) se han comportado estables respecto de sus imágenes. Los ojos de la sociedad siguen puestos en Alberto Fernández.
En ésta medición hemos registrado la imagen de cuatro dirigentes que han salido a la cancha. Por el oficialismo, Máximo Kirchner tras sus comentarios a Horacio Rodríguez Larreta posee 21.4% de positiva y 55.1% de negativa. Hay quienes han digerido sus dichos como un gesto de apoyo, y hay quienes lo han visto como un amable comentario de condicionamiento político. Sergio Massa ha vuelto a la escena en la intentona posmoderna de sesionar vía remota con resultados que resultaron ridiculizados. Se acerca a los veinte puntos de imagen positiva y casi cincuenta de negativa.
Por la oposición, primero Patricia Bullrich salió a la cancha con perfil alto a marcar diferencias con el kirchnerismo en un momento donde nadie quiere “sacar la cabeza”. El resultado es 38.1% de imagen positiva, contra 40.6% de negativa. La ex ministra de seguridad queda muy cerca de María Eugenia Vidal, quien volvió al ruedo impulsada por los comentarios del mismo presidente. En definitiva, ambas tienen mejor imagen que el expresidente Mauricio Macri (23%), y configuran un tridente con un interesante capital político junto a Rodríguez Larreta.
LA GESTIÓN
En cuanto a las gestiones de gobierno ante el Covid19, los impactos fueron más duros que en las imágenes personales. La gestión de Alberto a nivel nacional perdió 9% de aprobación, la de Larreta en la Ciudad cayó 7%, y 3% la de Kicillof en la Provincia de Buenos Aires. Se resquebraja aquella imagen inicial tan fuerte de todos los sectores políticos sentados a la mesa gestionando bien la situación.
Si bien es muy alta todavía, sigue en baja también la cantidad de argentinos que están de acuerdo con extender la cuarentena (-2%) debido a que seguimos perdiendo miedo al virus(-2% también).
La flexibilización de la cuarentena para los niños no tiene el nivel de aprobación esperado. La mayor parte de los encuestados (34.9%) cree que son necesarias pero imprudentes. Le sigue el 23% que directamente cree que no es buena idea. Otro 21.5% cree que son relativamente necesarias porque los niños no están tan mal como para sacarlos a la calle. Finalmente, solo un 19.5% cree que las salidas son absolutamente necesarias frente al sufrimiento de los más pequeños.
Se acerca mucho al sesenta por ciento la cantidad de encuestados que indican que su economía familiar no soporta otro mes de cuarentena. Para todos ellos “el día después” es hoy. En las familias más necesitadas, aquellas que están en la base de la pirámide de ingresos, resultan ser el 80% los que indican que no aguantan más.
Los decretos de necesidad y urgencia impulsados por el gobierno para lograr reasignar partidas presupuestarias que confieren más poder al ejecutivo tienen una aprobación muy alta. El 46.8% de los encuestados hubiera votado a favor en caso de ser diputado, contra el 43% que lo hubiera hecho en contra. Entre peronistas y kirchneristas la aprobación supera el ochenta por ciento.
LA DEUDA EXTERNA La discusión por la deuda externa resulta un tema amable para Alberto Fernández y para el kirchnerismo también. El presidente logra posicionarse como una víctima de la circunstancia que debe gestionar un problema enorme del cual no formó parte, y el kirchnerismo ha ganado la pelea cultural respecto de quién tiene la culpa. El 40.2% considera que el gobierno de Macri tiene la mayor responsabilidad en cuanto al volumen de la deuda externa. Allí reside el triunfo del kirchnerismo. Apenas 13.8% deposita la responsabilidad en los gobiernos peronistas. Es lógico. Pensemos que para la mitad de los votantes (hasta 35 años de edad) la historia vivencial personal se circunscribe a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández. El resto pertenece a un pasado anterior a sus 18 años.
El resultado esperado de la negociación se balancea entre los apocalípticos y los esperanzados. El 35.3% estima que terminaremos en default, seguido de un 8.7% que considera que habrá un acuerdo favorable a los bonistas. Del otro lado existe un 27% esperanzado en que resulte una negociación favorable para nuestro país, mientras que un importante 28.1% admite no saber cuál será el resultado. Nos encontramos entonces en un momento confuso de opinión pública donde no queremos morirnos de Coronavirus ni queremos morirnos de hambre. Donde queremos que se extienda la cuarentena y también queremos que se reactive la economía. Donde sabemos que lo peor está por venir pero el lobo no aparece, donde nos aprieta el miedo físico y el económico. Para cualquier presidente resulta conflictivo y traumático gestionar una opinión pública en este estado. Cualquier decisión dejará una parte enorme de la población disconforme. Luego esas decisiones pueden resultar mejores o peores, se pueden cometer más o menos errores y se puede ser más o menos claro en la comunicación. Pero resulta una disyuntiva compleja.