Libros, mercado, cuarentena y una nueva forma de lectura


Joakito-. La lectura, junto a la música, favorece la tranquilidad y permite reducir el estres que genera la situación de confinamiento, sentir emociones, o activar la imaginación, entre muchos beneficios.
Salir de la crisis generada económica por el Covid-19 será imposible sin defender y reforzar al sector cultural en nuestro país. La actividad cultural en general, por su impacto en la economía y por ser el mejor instrumento de cohesión social como se ha demostrado una vez más durante el confinamiento.
Primeramente quiero destacar el llamado a que  todas las actividades en relación a la producción cultural sean declaradas como actividades esenciales. Su declaración como bien esencial aceleraría la recuperación de un sector que, por su vinculación directa a salas y a colectividades, va a tener una vuelta a la normalidad más tardía.
Ahora bien, desde que comenzó la cuarentena en la Argentina, cientos, miles, de trabajadores de la palabra se han visto perjudicados a la hora de poder distribuir su producción. Sin embargo, hubo una iniciativa en Argentina denominada Biblioteca Virtual en la que participan mas de 15 mil miembros que dio espacio para que todo aquel que lo desee comparta o acceda a un sin número de  producciones literarias. Generando un debate sobre los bienes culturales y su libre reproducción.
En estos tiempos se empezó a viralizar mucho material de libros de manera libre, sin pagar impuestos, etc., lo que ha puesto, lo que muchos  denominan piratería y plantean de esta manera un  problema moral: está mal descargar gratuitamente contenidos protegidos por copyright. Este enfoque ha sido, y es todavía, alentado por otros actores como los medios de comunicación, que en muchos casos han actuado como parte interesada; o los políticos, que no han sabido legislar, al final, a gusto de nadie.
Ahora bien, centrar la discusión de la industria literaria en la piratería distrae de los verdaderos problemas a los que se enfrenta la industria editorial: la reconversión obligada por los nuevos modelos de consumo de contenidos. En Argentina, por ejemplo, si alguien desea comprar un libro de mi autoria de manera digital, no puede hacerlo, ya que Amazon, la transnacional que maneja fuertemente este mercado aún no opera en Argentina.
Hay que remarcar que la creatividad cultural está por encima de cualquier negocio. Otra cosa es que la “cultura de pago”, un invento relativamente reciente, del siglo pasado, sea deseable, ya que facilitó el gran boom de las artes que se vivió durante décadas en el cine, la música y los libros, y que fue posible gracias al auge de la clase media que pagaba por ella.
En cuanto a la piratería de los libros,en Europa por ejemplo se empezó a utilizar -promovidos por Planeta y Random House(Editoriales multinacionales que tienen copado el mercado argentino) la implementación de sistemas como el DRM (gestión de derechos digitales) o sistemas anticopia imposibilitando el desarrollo de la edición digital.
La industria editorial, al igual que lo hizo la música -y fracasó-, está promoviendo el uso de estos sistemas de protección para evitar que los usuarios compartan los libros. Es decir, si accedo a la oferta de libros de las editoriales compro un archivo defectuoso que no podré compartir con nadie, pero si accedo a la oferta extramercado, me “llevo” un archivo que puedo compartir y que no tiene ninguna de las limitaciones de uso que la industria impone a quien ha pagado por el libro. Por no mencionar las dificultades añadidas al proceso de compra en algunas plataformas de venta de libros electrónicos.
Como se puede ver, se vuelve a situar en el centro de la discusión la piratería y no cómo llegar a los consumidores, que han cambiado sus hábitos y su forma de acceder a los contenidos con una oferta consistente y amplia. 
Es cierto, que existen pocas -en algunas provincias incluso nulas- políticas de protección de la industria del libro. Es más, si hablamos de derechos de autor vs piratería, actualmente los escritores -el primer eslabón en la cadena- está desprotegido, no sólo por los contratos miserables con los que se manejan muchas editoriales, sino también por la falta de una defensa gremial y siempre que se pretende instalar un debate sobre este tema priman los egos sobre la situación general.
Un caso concreto sobre la desprotección es el manejo del ISBN ( (International Standard Book Number en inglés, Número Estándar Internacional de Libros o Número Internacional Normalizado del Libro en español​ es un identificador único para libros,​ previsto para uso comercial) tiene un precio determinado a pagar de acuerdo al país. En Argentina, si los escritores quieren autopublicarse deben pagar una determinada suma al estado nacional para que le otorgue el ISBN. Tampoco existen políticas públicas -a excepción del limitado Plan Nacional de Lectura del gobierno nacional, que estimulen la creatividad literaria y que favorezcan la industria literaria: de hecho existen desde años dos proyectos de ley paralizados en el Congreso Nacional, uno, de carácter tributario para que la actividad editorial no pague el IVa y otra, social, en relación a conseguir una jubilación para quienes se dedican a la escritura.
Por otra parte, habrá que ver quienes son realmente los afectados por que se distribuyan en formato de PDF y sin cargo los libros, y, esto es quizá lo mas importante, mediante que empresa editorial distribuyen su material. ¿Por qué? Porque los contratos que suelen firmar las editoriales, sobre todo las que tienen capacidad de distribución nacional, por lo general, sólo otorgan un 10% de regalías de la venta -que a su vez, es difícil establecer la cantidad de ejemplares vendidos- y, también es cierto, son las grandes empresas editoriales la que establecen el precio de venta al público, muchas veces en una suma más que elevada. Entonces, negarse a la circulación libre de los libress con el argumento de las regalías, es aportar a que siga existiendo una elite dominante dentro del mercado editorial, sobre todo, en estos tiempos, en donde se visualiza muy lejana en el tiempo la posibilidad de poder volver a las ferias de libros y de intercambio.
Ahora bien, el debate abierto sobre los PDF deja al desnudo un debate más complejo cúal es, el avance del libro en formato digital. Veamos de que viene la cosa.
En lo que va del siglo XXI se viene desarrollando ampliamente una nueva forma de libro, el libro digital o electrónico, también llamado e-book. Este término, en la práctica, está resultando bastante ambiguo, pues suele utilizarse igualmente para referirse a un texto informatizado o al dispositivo electrónico destinado a la lectura de obras digitalizadas. Propiamente, un libro electrónico o digital consiste en un texto informatizado que puede ser leído y/o escuchado mediante un equipo electrónico; puede ser una PC, un celular o incluso un televisor, una agenda o un lector electrónico. Este último, está adquiriendo un aspecto en sus últimos diseños que lo acercan cada vez más a la forma del libro tradicional, combinando así algunas ventajas del libro impreso (versatilidad, ligereza, comodidad lectora) con la capacidad de almacenamiento y las posibilidades hipertextuales del libro digital.
El libro en formato electrónico se está implantando en muchos sectores profesionales (Medicina,
Derecho, Ingenierías, etc.) en los que se están utilizando muchos libros de consulta, y donde se
suelen manejar datos e información de diferentes documentos al mismo tiempo. También es frecuente en ediciones de medios educativos por las posibilidades de interacción que permite a los estudiantes, en las enciclopedias, los diccionarios, así como en ediciones especiales de obras de gran valor histórico o artístico. Además, los continuos proyectos que inciden en su desarrollo y evolución apuntan hacia un brillante futuro para esta forma de libro. También se debe tener en cuenta el enorme
potencial informativo de Internet, así como las posibilidades que brinda para manejar documentos
y herramientas informáticas de todo tipo. Aunque también existen bibliotecas virtuales en las que se
puede acceder a las obras más significativas, la propia red funciona como una gran “biblioteca” con
la mayor parte de sus fondos disponibles. En cuanto a la pregunta que tanto interés está suscitando los últimos años respecto a si el libro electrónico sustituirá al libro impreso, sin entrar en las polémicas que suscitan seguidores y detractores del e-book, se puede adelantar que ambas formas convivirán perfectamente y podrán complementarse. No debe perderse de vista que tanto uno como otro son el resultado de un proceso tecnológico que, en el caso del libro tradicional, ha alcanzado una perfección envidiable, sobre todo, en cuanto a su capacidad para estimular nuestros sentidos y fomentar el placer de la lectura.