El fastidio


Lic. Jorge Daniel Giacobbe-. Todo esfuerzo tiene un límite. Ese límite está determinado por la capacidad de cada ser humano de tolerar dolor o incomodidades. La primera semana de una dieta es fácil. La segunda es un tanto más compleja, la tercera se pone cuesta arriba, y así sucesivamente. Aún frente a un objetivo beneficioso registrado en términos racionales, la capacidad emocional flaquea y sobrevienen las fugas.
En situaciones críticas como ésta, la naturalización del peligro es esencial. Aprendemos a convivir con la idea del virus, encerrados frente a una potencial explosión de los casos y los muertos. Pero el monstruo en Argentina no aparece, y entonces nuestra conducta y la cuarentena comienza a distenderse, de la misma manera que nuestras creencias y opiniones. Hemos analizado, en nuestros informes anteriores, las dos primeras fases del cisne negro llamado Covid-19. La primera, de minimización del problema con el Ministro Gines González García ejerciendo el rol visible, donde el presidente poseía una imagen positiva cercana al 38%.
Le siguió una segunda fase donde Alberto Fernández ocupó el rol de padre protector, decretando el cese de las clases y luego la cuarentena general. Creció entonces a 68% su imagen positiva y a 80% la aprobación de las políticas implementadas respecto del control de la pandemia.
Más tarde, la conferencia de prensa y los cruces con los empresarios, los jubilados apelmazados en los bancos para cobrar, las compras de alimentos y alcohol en gel a precios sospechosos, y la discusión sobre los impactos económicos de las decisiones anteriores.
Este momento inicia la fase tres, que denomino “el fastidio” con la intención de retratar que no solamente depende de los aciertos o desaciertos del gobierno, sino también por el estado emocional de una sociedad a que empieza a sufrir las consecuencias del esfuerzo implementado. Es decir, existe un fastidio respecto de los errores del gobierno, pero también existe un fastidio individual y personal con la situación de agobio social y económico.
En ésta fase, la imagen de Alberto Fernández cae 7%, registrando 60.4%. El resto de las figuras políticas más importantes se mantiene muy estable con variaciones mínimas. Del equipo de ministros el mayor impacto lo recibió Daniel Arroyo, seguido de Martín Guzmán y Sabina Frederic. La aprobación de la gestión del presidente respecto de la pandemia cae 12%.
La calificación del gobierno también tiende a acomodarse. Con la peor nota posible (uno) lo califica ahora el 16.4% de los encuestados, cuando era 8% en la fase dos y 38% en la primera fase. Con la nota máxima (diez) lo califica ahora el 26.7%, mientras que en la fase anterior era 38% y en la primera era 19%.
El presidente, su gestión de gobierno, y su gestión de ésta crisis en particular entonces tuvieron una aceptación social enorme que ahora se ve resentida. Sostenemos que el miedo retrocede porque podemos certificarlo en datos. “Mucho temor” al Coronavirus registra ahora 35%, es decir 8% menos que en la fase anterior. Esos ocho puntos pasaron por partes iguales a las categorías “algo” y “nada” de temor.
¿QUIEN NOS ESTÁ CUIDANDO?

El ánimo estatista parece estar ganando una especie de batalla cultural, sobre todo en los análisis políticos, económicos y medios de comunicación. Por todos lados aparecen voces alabando las virtudes de los estados grandes y protectores. Sin embargo la política de los gobiernos a lo largo del planeta es pedirnos que nos cuidemos solos, admitiendo que la situación los desborda, que no pueden
estar en todos lados, ni hacer todo a la vez. Los gobiernos solo pueden apelar a la autoconciencia de quedarnos en casa como mayor estrategia política.
En la calle, la situación registra datos más balanceados. Ciertamente el 48.7% de los encuestados cree que nos está protegiendo el Estado, contra 40.1% que cree que nos estamos cuidando solos. Otro 10.3% no tiene claro qué responder. Los resultados se relacionan en nuestro país íntimamente con la imagen de Alberto Fernández. Cuanto mayor es la imagen positiva del presidente, mayor es también la tendencia a pensar que el Estado protege. Cuanto menor la imagen, mayor la creencia de la autoprotección.Un dato singular.

EL ESTADO DE SITIO DIGITAL

Uno de los aspectos interesantes de una pandemia global y globalizante es ver cómo nuestro país no se escapa de las grandes discusiones mundiales. Yuval Noah Harari plantea en una nota al Financial Times del 20 de marzo, entre varias ideas, la dicotomía entre la vigilancia totalitaria y el empoderamiento ciudadano. Los gobiernos a lo largo del globo implementan –o blanquean la implementación- del uso de tecnología e información sensible para monitorear a los ciudadanos en función de controlar la pandemia. La decisión es polémica, y hay que comprender que si la aceptamos en momentos donde sentimos miedo, luego tendremos que sostenerla también cuando el miedo pase.
El 61.6% de los argentinos está de acuerdo con hacerlo durante el período que dure el Coronavirus. Esa aceptación desciende a 49.6% para el después. Son niveles de aceptación muy altos en ambos casos que están relacionados con el tamaño del miedo al virus, y con la pertenencia ideológica. Los peronistas y kirchneristas son quienes están más de acuerdo.

SI USTED FUERA PRESIDENTE
Al momento de extender nuevamente la cuarentena, la medida gozaba de una aceptación del 70.7%. El guarismo es altísimo, pero quince puntos menor que el de la extensión anterior (85%).
Antes del anuncio del domingo último, el 63.7% de los encuestados estaba de acuerdo con levantar la cuarentena para algunos sectores de la economía. Es decir, las decisiones que Alberto Fernández va tomando, siguen siendo  ampliamente desde lo racional, por más que desde lo emocional comience a
sentirse cierto nivel de conflicto. Es interesante analizar cómo este conflicto puede llegar a evolucionar en los próximos días. El miedo y su la materialización (o no) serán determinantes.

EL SIGUIENTE CAPITULO DEL MIEDO
Como en la fábula del Pastorcito y el Lobo, el miedo es hipotético hasta tanto el lobo aparece y se materializa. Sin embargo éste conflicto tiene niveles de avances más complejos que en la fábula de Esopo.
El Covid-19 apareció como una idea remota en una región de China. Luego se extendió a otros sectores del país oriental. Hasta ahí, para los argentinos, sonaba absolutamente lejano. Luego apareció en Europa, y entonces avanzó un paso hacia nosotros. Luego a Estados Unidos, y otro más. El virus ya estaba a tiro de avión de Buenos Aires. Más tarde tuvimos nuestro primer caso importado, y la evolución de conflicto que todos conocemos.
El elemento real, material, se fue acercando, disparando miedos y conductas. Pero aún no traspasó una barrera clave: tener un caso de Coronavirus positivo dentro del ámbito familiar y de amistades.
Tan solo el 2.1% de los encuestados dice tener un caso tan cercano. El 97.8% restante tiene el miedo en la televisión, pero no en la línea telefónica. Esta situación puede estar favoreciendo la distención de la cuarentena que vemos todos los días en la calle. El virus no llegó a tu gente.
La situación es peligrosa, porque nos relajamos, nos fastidiamos y nos fugamos de la cuarentena, al mismo tiempo que entendemos que lo peor está por venir. Pueden suceder entonces dos cosas. Que finalmente la tasa de infectados y muertos se dispare, que el virus traspase la frontera familiar, que el miedo recrudezca y todos adentro de nuevo. O que finalmente tengamos un éxito maravilloso en el aplacamiento de la curva de infectados, y entonces terminemos pensando “al final nos asustamos demasiado”