Encuesta de opinión sobre el COVID-19 y los líderes



Lic. Jorge Daniel Giacobbe-.  Los datos de este estudio están recopilados justo entre los días 5 y 7 de la cuarentena decretada por el gobierno nacional. El cambio, respecto de guarismos anteriores, es notable solo en algunas variables.

 Habemus Pater
La imagen positiva de Alberto Fernández creció treinta puntos, de 37.7% a 67.8%. Su imagen negativa retrocedió de 45.5% a 12.5%. Ante el riesgo, la ciudadanía argentina configuró un padre protector a quien defender, tanto en términos personales como en términos de las políticas de Estado que está implementando. Con los grandes ausentes del momento suceden cosas diferentes. La imagen positiva de Cristina Kirchner subió también, aunque solo dos puntos (34.6%). En cambio la de Mauricio Macri cayó ocho puntos (23%). Pasó desapercibido el viaje de ella a Cuba para acompañar a su hija, respecto del comentario del segundo sobre el populismo y el Covid19. El ex presidente debe estar entendiendo por estos días que la muerte es peor que el populismo para los argentinos. Pese a la crítica situación de la Provincia de Buenos Aires, la imagen del partidarias, identitarias, históricas, económicas y demás. Entramos en un campo nuevo de discusión donde, no tan en el fondo, nos enfrentamos a la idea de la muerte propia. No a la muerte de un tercero. A la propia. El estado de angustia en el cual se sumergió rápidamente la población argentina desencadenó procesos mucho más vinculados a lo emocional que a lo racional. Y el proceso, que va en aumento, está recién comenzando. Desde este lugar, con los sentimientos a flor de piel, construimos nuevas realidades y resignificamos personas, situaciones, instituciones y decisiones. El proceso es significativo, transformador y coherente, por más que finalmente pueda llegar a ser pasajero. Como si fuera profecía autocumplida, cada tanto aparece en la política ese animal mitológico y sagrado, reverenciado y temido, que de un momento para otro lo cambia todo: el cisne negro. Negado siempre por los optimistas, y vaticinado eternamente por los apocalípticos, el cisne negro siempre está latente. Y ya lo tenemos nuevamente entre nosotros. Pero esta vez no solo es un cisne globalizado, sino que es un problema que trasciende las discusiones políticas, el Jefe de Gobierno de la Ciudad alcanza 78% de aprobación en su distrito, y posee 73% en la Provincia de Buenos Aires, donde supera al propio gobernador. En cambio Axel Kicillof posee 53% de adhesión en su provincia, y 54% en el distrito de Larreta.
Somos nuestros miedos
 El miedo no es solamente un inhibidor de conductas. También funciona como detonador de ellas. Nos empuja a percibir la realidad de otra manera y a tomar decisiones anormales. El 42.8% de los argentinos siente mucho temor frente a la idea del Coronavirus, 46.3% siente algo de temor, y por último, solo el 10.3% siente nada de temor. En el mismo sentido el 44.5% se siente muy protegido por el Estado Nacional, 42.3% se siente algo protegido, y 12.6% nada protegido. Los resultados de estas dos preguntas determinan y explican mucho las respuestas de las demás preguntas mucho más que las posiciones partidarias de definirse kirchnerista, macrista, peronista, caradura o polizón. Cuanto más miedo al Coronavirus y cuanta mayor sensación de protección del Estado Nacional, mayor resulta la imagen del presidente, de los demás cargos ejecutivos, y la aprobación de las gestiones. Resulta absolutamente lineal.
Querido Discepolin
Los olvidados médicos argentinos, aquellos que hasta hace un mes estaban quebrados moralmente por un sistema laboral calamitoso, aquellos que trabajan en hospitales en situación de guerra hace cuarenta años, de repente son aplaudidos todas las noches a las 21hs y gozan de la misma imagen positiva que Jorge Bergoglio al inicio de su papado. del gobernador Axel Kicillof subió tres puntos (32.7%), de la misma manera que Horacio Rodríguez Larreta subió dos puntos (39.6%). La foto de la unidad de la política, y todos los signos en ese sentido, caen muy bien en la población, que cree que un grupo de políticos puede hacer las cosas bien solo por el hecho de unirse. Veremos cuán ingenuo termina siendo ese argumento. Lo cierto es que en éste momento están llenando el espacio con cierta solidez. El nivel de confianza en la gestión de gobierno también se disparó. El promedio (de 1 a 10) del mes pasado resultaba 6.30, ascendiendo ahora a 7.38 puntos. Dentro de estos datos hay algo significativo. El mes pasado el 38.2% de la población calificaba la gestión con la peor nota posible (1), en cambio este mes descendió a 8%. En la otra esquina del ring, con la mejor nota (10) lo calificaba el mes pasado el 18.9%, subiendo este mes a 38.5%. Hay veinte o treinta por ciento de la población dando vuelta de campana respecto de sus opiniones, que ya no puede disociar la gestión general del país de la gestión de la crisis del Coronavirus.
Los tres mosqueteros contra el COVID19
Frente a la pregunta ¿Cómo creen que están gestionando la crisis del Coronavirus los siguientes dirigentes? podemos ver que las políticas implementadas en cada uno de sus distritos generan más consenso aún que las imágenes personales. Pero que no todos están igual. Es allí donde, a nivel nacional, la gestión de Alberto Fernández alcanza 83.8% de aprobación, superando a Kicillof y a Larreta incluso en sus propios distritos.  Finalmente el dilema ético y moral de salud o economía, que resulta altamente complejo, que contiene argumentos absolutamente valorables desde ambas posiciones, que merece apuntes políticos, sociológicos, psicológicos, médicos, sanitarios, económicos, estadísticos y demás, resulta misteriosamente sencillo para los argentinos: 88.5% apuesta por la salud.
La línea defensiva
Usualmente los ministros resultan la línea defensiva de un presidente. Pagan el costo de los problemas y son fusibles, antes de que impacten en la imagen del primero. En el caso de Alberto Fernández, los primeros pasos erróneos de Ginés González García lo obligaron a ponerse al frente. Eso supuso la consolidación de una figura paternal que hasta ahora funciona bien, pero lo deja sin más recursos que si mismo. Sin embargo el impacto sobre el Ministro de Salud no fue a la baja. Contrario a eso, su imagen positiva creció 3%, al igual que Martín Guzmán que creció 4%, Santiago Cafiero y Eduardo De Pedro que crecieron 2%. Mucho mejor están los ministros Daniel Arroyo y Sabina Frederic que, en medio de una tormenta que los arrastra directamente, han crecido 9% y 11% respectivamente. Los defensores están detrás del arquero. La cohesión social va bien hasta ahora, pero falta lo peor en términos sanitarios, económicos, psicológicos y políticos. Y la opinión pública argentina puede ser tan cínica como cambiante. Los mismos argentinos que los golpean, los insultan y los increpan en los hospitales. Los mismos argentinos que le buscan el pelo al huevo en sociedad con un abogado bien bicho en la industria del juicio por mala praxis, esos mismos argentinos tienen hoy 88.3% de imagen positiva de los médicos argentinos. Discépolo tenía razón. Los mismos argentinos que siempre vieron los cascos únicamente de color verde, hoy los ven blancos y celebran que las fuerzas de seguridad cosan barbijos, fabriquen alcohol en gel, monten hospitales de campaña y tomen la temperatura de los que circulan en la calle. Estos mismos argentinos tienen hoy 71.6% de imagen positiva respecto de las fuerzas de seguridad.

El juego de roles
Sabido es que todos los argentinos podríamos ser mejores DT de la selección de fútbol y mejores ministros de economía que los que están en el puesto. Pero por sobre todas las cosas, podríamos ser mejores presidentes que los mismos presidentes. Eso sí, siempre y cuando las cosas vayan bien. Si usted fuera presidente, ¿extendería la cuarentena? ¿Promovería el estado de sitio? ¿Preservaría la salud o la economía? es el juego que le proponemos a los encuestados, siendo siempre muy bajo el porcentaje de gente que no se anima a opinar. En ese marco, el 85% de los argentinos extendería la cuarentena más allá del 31 de marzo, el consenso es total. El 50.7% promovería el estado de sitio como reacción a los desbandes de ciertos individuos y ciertos sectores sociales. Nadie se pone a pensar si realmente el Estado está en capacidad de controlar situaciones en aquellos lugares donde ha estado ausente los últimos -por lo menos- 40 años.