Poema para leer en cuarentena


Joakito-. La noche estaba antes, antes que siempre incluso



Estaba, siempre, la policía.

Y los borrachos en la calle pidiéndome cigarrillos.

Y mis agujeros en el pantalón.

Y las chicas hermosas abrazadas a otro.

Entre semáforos y estrellas.

La noche derrochaba simpatía.

Pero no me tenía en cuenta.

Así que me encerraba en los bares.

Me gastaba todo el dinero.

discutía con los mozos

con los parroquianos

con las paredes

con los veganos

con los patovicas

con los almanaques

con los mariquitas

con los alcornoques.

Y la noche seguía y seguía

sin tenerme en cuenta.

Apenas si el amanecer me registraba.

Apenas.

Solo apenas.

Y aveces.

El único que se acordaba de mí era el mediodía

cacheteándome los ojos

del estropajo que dormía en la plaza

en la comisaría

en el hospital

en cualquier rincón.

el estropajo era yo.

Y el mediodía se encargaba de que lo supiera

por el resto de mis días.

En cierto modo, la noche me ganó.

Con su indiferencia.

Su eternidad magnífica es sencillamente invencible.

Estaba antes que los planetas.

Estaba antes que la especie humana

Seguirá estando después de la especie humana

Seguirá estando después de todos los planetas

seguirá estando, oscura, infinita,. bestial y sencilla

después de todos los fuegos del universo.

Seguirá estando.

Y, en ese sentido, seamos realistas,

me ganó. Todo bien.

La oscuridad no puede morir.

Ni darse el capricho de hartarse.

¿Cómo ser feliz, como deslizarse en ese vagabundo minuto

de alegría, si jamás barajaste la posibilidad de perder?

Ni de morir.

Ni de mandar a mudar a todos los satélites.

La noche es como yo: tiene problemas para dormir.

La noche es como yo: tiene problemas para vivir.

La noche es mejor que yo, la noche no va a morir.

La noche seguirá estando cuando los borrachos mueran de cirrosis.

Cuando los policías se jubilen.

Cuando las esquinas se humedezcan.

Cuando los nietos de esas parejas de jóvenes felices se suiciden.

Cuando se enojen todos los satélites.

Cuando nos extingamos.

Cuando muera este planeta.

Cuando ya no tenga, la noche, su televisor:

la telenovela que es el planeta Tierra

la ha entretenido, a la noche, durante un breve lapso del tiempo.

Un corte comercial en la intensidad atemporal de su existencia.

La Tierra fue divertida, pero breve.

Pensará. Sufrirá.

Apenas si duró dos mil millones de siglos, ponele.

Pero. Ok. La noche me ganó,

la noche me gana y ganará.

Muy bien.

Felicitaciones.

Saber ganar es fácil.

Cualquier boludo con suerte puede ganar la lotería.

saber perder es más difícil, pero se puede aprender.

Lo realmente difícil es descubrir que perdiste cuando nadie se ha enterado.

Ni siquiera vos mismo, sino te desgarrás un poco el alma.

Reitero: felicitaciones.

Aunque, no sé por qué, no puedo explicarlo

pero algo no me cierra.

No me gustaría ser inmortal como dios pero sin sus superpoderes.

Eterno como la infinitud pero sin extremidades, sin manos, sin caricias, sin genitales.

No sé.

Hay algo que no me cierra.

Y esa es la enorme diferencia, entre la noche y yo.

Yo me permito dudar.

La noche, no.

La noche permanece.