Inseguridad Humanizada


Laura Etcharren-. Cristina Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández, los últimos tres presidentes que bancaron el gatopardismo de sus ministros de seguridad mientras el narcotráfico se regodeaba entre impericias y teorías.

Fue providencial el llamado del Director Nacional de Fronteras, Alejandro Benedetti, aquel 20 de enero del 2020, horas después de haber publicado "El Narcotráfico las prefiere teóricas". El Director, quien sobre el final de la "conversación" supo aclarar que aún no estaba nombrado como tal pero que la idea era nombrarlo, chapeo todo el tiempo con ser investigador del Conicet.
No quedó claro, en ese entonces, sí tenía más ganas de desempeñar idóneamente el cargo directivo o bien, de traficar con la estelaridad del mismo.
Esa necesidad de anticipación al nombramiento lo llevó a chillar, en su amateurismo, como un niño. Generando, ante quien escribe, la ternura del ridículo, al mismo tiempo que la sensación de espanto por someter, innecesariamente al papelón, a la Ministro de Seguridad Sabina Frederic. Una mujer, que más allá de las diferencias, tiene una interesante ingeniería intelectual teórica y formación académica. De hecho, Patricia Bullrich, fue su alumna.
Pero lo providencial del llamado fueron dos acciones que expresó que no harían desde la cartera: "No iremos ni por los pocos gramos, ni por los bagayeros, iremos solo por la grande". Enfatizaba, el Director, casi en tono de conmovedor reto.
Lo cierto es que no faltó a la verdad en su pequeño universo de estudios. En su propia construcción de fronteras, en su propia y mediocre construcción de la realidad. Porque los procedimientos contra el Narcomenudeo siguen en ascenso en las provincias comprometidas y los narcotraficantes siguen utilizando, a ciertos sectores del bagayeo, como filtros de tráfico de drogas.
Parece, que en el Conicet, no tuvieron tiempo de investigar que el contrabando fue el embrión del Narcotráfico en el mundo y que Argentina, no es la excepción. Parece que tampoco pudieron arribar al conocimiento de que dentro de la seguridad ciudadana se encuentra la lucha contra el Narcomenudeo. Y al parecer, tampoco entendieron que las fronteras no pueden ser entendidas sólo desde el punto de vista social y del tendido de lazos de solidaridad porque en un país atravesado por la Narcocriminalidad, las fronteras tienen las dos esferas a abordar.
Queda claro también que el Ministerio de Patricia Bullrich, envuelta hoy como fuerte opositora y por momentos, con dejos de nostalgia de sus épocas de “fajinas”, les dejó una excelente idea que fue casi inmediatamente adoptada: La de la droga “enfriada”. Porque el ministerio que conduce Sabina Frederic, a quien el Director aún no nombrado aquel 20 de enero supo exponer a la queja, va por las toneladas pero no por los narcos. Entonces, siempre de la mano de la sagaz prefectura y en patrullajes preventivos, aparecen los paquetes. Paquetes que ya no entonan “si, se puede, si se puede”, ahora exclaman, “es con todos, es con todos”.
La droga "enfriada" vuelve a cobrar protagonismo en la Argentina, otra vez, sin plan de seguridad.
Se vuelve a imponer la reactividad como única vía para justificar las declaraciones vacías y distorsionadas de la lucha fetiche.
Siempre encuentran la droga pero nunca llegan cuando la están dejando. Como si ese procedimiento no fuese notorio, al menos, un poco llamativo. Ese manual de la obviedad, después de 4 años en donde el enfriamiento se les hizo delirio, ya es obsceno. El sistema de la droga enfriada es tan poco serio en la actualidad, como las intenciones de legalizar la droga como escudo proteccionista ante la incapacidad del combate proactivo.
Porque aunque Bullrich haya dicho que en Argentina la lucha contra el narcotráfico fue un éxito, la realidad es que fue un disparate. Lo revelan las cocinas de estiramiento ya consolidas (Salta, Tucumán, Jujuy PBA), las que se encuentran en estado embrionario, el aumento del consumo de estupefacientes que elevó al mercado de síntesis y favoreció el poder adictivo del rebaje acomodado a la inflación. También las organizaciones criminales internacionales que comenzaron a testear, con el método golondrina, el tejido social, delictivo y gubernamental del país. Se trata del PCC, del Comando Vermelho y del siniestro Tren de Aragua. Recursos humanos extranjeros con contactos locales para fusionarse o bien, para entrar y salir.
Datos que se revelan en el trabajo de campo, y que fuentes de diversas fuerzas de seguridad lo confirman en el tráfico informativo que llega a manos y oídos de los investigadores de terreno, no de escritorio. También los narcos, que se matan y reproducen entre ellos como en Rosario, revelan su comodidad ante ministros de pico largo a los que se llevan puestos. A los ministros que creen, como Berni y Sain, que la seguridad de Buenos Aires y Santa Fe, se puede construir desde un estudio de televisión e intentando llevarse puesta a la estructura policial con la que deben trabajar y a la que hoy, por diversas razones, la tienen en contra.
Sain, por haber puesto a la fuerza en un nivel de caterva generalizada. Berni, por haber vuelto a la estructura de Ezeiza que hundió a la provincia en el paco. Berni, con sus sintomáticas decisiones de volver a las locales, retrocedió el estado de la provincia impidiendo alcanzar la etapa de contención que estaba por conseguirse.
En Santa Fe, la destrucción del trabajo fue sistemática y estoica. En 3 meses lograron que la provincia vuelva a compartir con Buenos Aires, el primer puesto de complejidad en materia narco delictiva.
En Argentina, la lucha federal contra el Narcotráfico, de Bullrich a Frederic, con el paso fantasmagórico de Rodríguez, solo fue gatopardismo. Algunos dicen que continúan una especie de psicoanálisis de clima. Cambiar algo para que todo siga igual.
Se pasó, de la bala fácil a la humanización de la inseguridad para que todo siga igual. Para que la inseguridad siga al frente, y pasos adelante.
Es que los parches, cuando no hay políticas de estado, tienen efectos paradojales.
La teoría, al crimen organizado, lo regodea. Le sube la libido. Lo potencia en la masacre de cosechar cadáveres para mostrarle, a los ministros envueltos en su alter ego, que se los llevaron y que se los van a llevar puestos. Y que si quieren, propagarán los homicidios más allá de la oscuridad del negocio.
La criminalidad, como objeto de estudio, se siente superior. Saber que funcionarios pierden horas de análisis para salir a los medios a dar declaraciones viciadas por los pensadores clásicos que quedaron atrás para explicar el universo narco. Sin embargo, el ministerio actual, insiste en que los cientistas sociales demos razones de por qué son criminales. De por qué el dinero los mueve más que el romanticismo. Cuando en realidad, para la narcocriminalidad, el negocio es perversamente espiritual.
Debemos humanizar a los criminales y para eso, antes, debemos humanizar a la policía. Porque el equilibrio y la construcción de estrategias, no es algo que esté en las últimas composiciones ministeriales. No pueden encontrar, en las políticas públicas, el equilibrio entre bala fácil y humanidad, porque no tienen práctica. No tienen barro de territorio.
Porque construyeron ministerios de seguridad nacionales con sujetos académicos que confunden porros con palitos de chupetines. Y con los años, se van dando cuenta que se trataba de otra cosa. Si es que se dan cuenta.
La ingeniería intelectual de los ministerios atrasa frente a la dinámica criminal. Una dinámica que muta y cuando no, es porque sabe que enfrente no tiene adversarios, sino buenas muchachas y buenos muchachos que le serán funcionales, por desconocimiento territorial, a sus fines de engranaje.
Hoy tenemos Director Nacional de Inteligencia Criminal pero no tenemos Subsecretaria de lucha contra el Narcotráfico.
Hoy envían más fuerzas federales a frontera ante la realidad sanitaria de la pandemia (COVID-19). Lo cual es correcto. Pero cuidar la frontera no puede ser una acción ante una problemática sanitaria. Cuidar la frontera es una obligación, así como también lo es cuidar a las fuerzas federales. Cuidarlas realmente, no en simulacro. En saneamiento interno.
Hay cantidad de Gendarmes y Prefectos infectados de Dengue porque no tienen la indumentaria correcta. Fuerzas Federales que reciben más atención de los gobiernos provinciales que del nacional. Fuerzas Federales, que en algunos sectores, se desvían como se desviaban antes. Que celebran el paso de lo que el Director de Fronteras define como gramitos. Gramitos que pasan a envenenar a los barrios de las provincias no sin antes dejar el diezmo de frontera.
Ocurre, que en la Argentina tardía, la prevención en materia de seguridad está distorsionada, al igual que el rol de las fuerzas federales. Mal utilizadas por la gestión anterior para garantizar el slogan Barrios Seguros, en un simulacro asqueante de seguridad que les estalló en la Villa 31 descorriendo el velo de la criminalidad regulada.
Ni Bullrich, ni Carrió, ni Larreta pueden salir a defender la masacre a través del trillado aparato reproductivo de culpas porque las culpas quedaron en casa. Porque la 31 fue el caballito de campaña y gestión de los tres, en sus diversos roles de gestión y funcionamiento.
Lo cierto es que en Argentina no hay plan de seguridad. No hay plan de lucha contra el narcotráfico. No hay un conocimiento acabado de la matriz subterránea del narcotráfico. Solo hay voces morales mientras provincias como Río Negro, Jujuy, Salta, Formosa, Córdoba, Santiago del Estero y otras incipientes como Misiones, buscan salvaguardar a sus territorios. A sus comunidades. Con racionalidad y políticas de estado.