El enemigo, el Estado y la Solidaridad.


Ramiro Pereira-. La lógica amigo-enemigo fue destacada como epicentro de lo político, aunque desde posiciones en general alejadas de la idea de la democracia, o al menos, lejanas  a la democracia liberal, es decir  aquella en la cual el límite del poder público son los Derechos Humanos.

En todo caso,  la polarización política  existente en nuestro país, que seguía la referida lógica, parece  haberse diluido en estos últimos días, ante ese enemigo invisible que es un virus con potencialidad para cegar un ingente número de  vidas.
La imagen del Presidente Fernández junto al gobernador y al jefe de gobierno de las Buenos Aires -provincia y ciudad- ilustra este punto, en el cual de pronto nos descubrimos los ciudadanos ante un cambio de prioridades vitales y bajo la idea de que, en verdad, nos encontramos juntos en un mismo barco.
El punto es que el enemigo ya no es humano. Salvando las distancias, cabe recordar la imagen sencilla  y básica de las banderas de Israel  y de países árabes, peleando juntos contra el invasor extraterrestre en el éxito de Hollywood de los ’90 que fue “Independence Day”. (1)
He tenido  para mí que la grieta política en la Argentina no es la más relevante, pues la grieta central es entre los marginados de un goce razonable de la riqueza social y quienes sí accedemos.
Desde esa perspectiva, reivindicando lo público y la política democrática, entiendo que el puro consignismo sin acciones conducentes no cambia las duras realidades. En cambio, la construcción de institucionalidad es el camino para el desarrollo económico y social, con previsibilidad, reglas claras.. y un Estado no-arbitrario, aunque sí con autoridad para  -cuando resulte necesario- controlar dentro de la ley a las fuerzas del mercado.
Ante el enemigo se requiere un Estado que pelee. Y es probable que -en efecto- el Estado deba intervenir con fuerza en la economía y la vida social. Llegado el caso, el Presidente de la Nación puede incluso decretar el estado de sitio ante situaciones de conmoción interior  (art. 23 Constitución Nacional) con autorización del Congreso (art. 75 inciso 29), rémora de la antigua  dictadura de la república romana.
Pero más allá de ello, el punto es que resulta impensable que el mercado opere como debe actuarse frente a una crisis sanitaria. Y de igual manera, es más que probable que sea necesaria una decidida intervención estatal ante la situación económica que derivará de esta crisis sanitaria sin precedentes(2)
Debe decirse que no sabemos cuanto habrá de durar esta situación, aun cuando podemos mirar lo que viene aconteciendo en España, Italia o Francia, países con sistemas sanitarios mas fuertes que el nuestro. Por lo pronto, debemos tener presente los desafíos que deberá sortear el sistema sanitario en Entre Ríos, lo que  incluye al sector público y al privado.
Frente al enemigo no humano, el Estado adquiere centralidad, destacándose su función de proveer bienes y servicios indivisibles pero, valorándose la dimensión infraestructural de su poder, es decir, su capacidad efectiva de presencia social y capacidad  de organizar las relaciones sociales. (3)
En todo caso, los discursos mediáticos que deploran todo lo estatal se encontrarán con la realidad de que precisamos estados más fuertes y sistemas de salud omnicomprensivos.
El desafío que intensifica el nuevo coronavirus será edificar un mejor Estado, con mayores capacidades y fortalezas, lo que incluye apuntalar la demanda de transparencia y control del gasto, para evitar las opacidades que desvían dineros públicos (corrupción), del cual el sistema de salud por cierto no es una excepción.
El virus exige solidaridad social. Aún desde una perspectiva egoísta, necesito que se contagie la menor cantidad de gente posible, pues el colapso del sistema sanitario que conlleva el Covid-19 pone en riesgo al egoísta también.
El virus que nos tiene en emergencia -insisto- nos hace ver que estamos en el mismo barco  todos,  más allá de las grietas, la política (que asumo la menos significativa) y la socio-económica.
Quizás de esta situación, cuya prolongación en el tiempo y la magnitud de sus  efectos  no podemos predecir, pueda surgir una mayor conciencia de la necesidad de humanizar nuestras sociedades, marginar los discursos extremistas y fortalecer las instituciones, haciéndolas inclusivas. Quizás se entienda que con o sin virus, estamos -o debemos estar- en un mismo barco. No está demás un dejo de optimismo.



NOTAS:
1) Esta imagen del viejo film taquillero la traigo para ilustrar mi punto y en modo alguno pretendo banalizar ninguna situación.

2) Ver las medidas anunciadas en Francia por el Presidente Macron

3) Cfr. HALL, John e IKEMBERRY, G. John; “El Estado”,  Alianza Editorial, Madrid, 1993.