Exagerada

Ilustracion de Tatiana Brodatch
Mercedes Derna Viola-.  ¿Y qué se hace, entonces? No sé. Para mí, la única cosa que se puede hacer, es hacer como Florencia, la ciudad, o como hacen los argentinos: exagerar.

Hay que exagerar. Ayer murió la mamá de un chico. Así, como si hubiera sido un acto de magia desapareció de la nada. Cinco minutos antes estaba, y después en el tiempo en que se apaga la luz de la cocina, adiós.
Entonces me parece aún más evidente que esta cosa de buscar la seguridad, el orden, las certezas, sea una gran mentira, un espejo para alondras.
Que la buena vida sea más parecida a un despiole en cierto modo armónico. Los argentinos lo saben porque viven en el caos de un país saqueado, y Florencia lo sabe, porque lo es, y te exagera en la cara toda su belleza poética, y se erigen bellos y desnudos y velados por todos lados, y al apelo en la noche no falta ninguno, y las fuentes brotan y la cúpula para el corazón a colores de los visitantes. Exagerar. Buscar un buen por qué y darse a la obra, siempre desbordando.
Y morir continuamente, como los argentinos, que mueren, se mueren de risa, mueren de hambre, de ganas de dar un beso, mueren de calor y de frío y de ternura, de ganas de ir al baño.
Y si el baño está ocupado, si no anda el ventilador, si el beso es negado, tocan el fin del mundo, desesperan, y escriben un tango y un epitafio narcisista.
Lo importante es morir y resucitar mil veces al día. Y redoblar la cantidad de sangre en las venas por cada fugaz o perenne amore.
Y hacer pactos con la luna llena, que nos lee el pensamiento desde el inicio de los tiempos, y una vez al mes, como hoy, exagera, de cuán bella y luminosa y aterrizable en sus cráteres, antes de empezar a calar hasta desaparecer y ser olvidada para luego volver a ser otra vez como hoy. Exagerada.