80% móvil de amor

Ilustración de Tatiana Brodatch

Mercedes Derna Viola-.Se estaba haciendo grande y había amado tanto, que a fin de mes se tocaba el pecho y le faltaba el aire. En el rendiconto mensual de sus sentimientos le quedaban dos caricias para el perro y algo de compasión por las arañas, que dicen ser tan útiles y buenas.

Hasta que un día alguien le dijo que podía presentar quiebra. Declararse insolvente en cuestiones de amor para que el juez se hiciera cargo de sus deudos y sus deudas, devolviéndole un 80% de sus capacidades afectivas y amatorias.
Le llevó tiempo recolectar todas las pruebas, juntar todas las cartas de cada romance, las primeras siempre perfumadas, las últimas borroneadas por el llanto. Llevó también testigos, como la almacenera de abajo de su casa que dio fe los tiempos en qué no comió de la tristeza, o el dueño del bar que escuchaba sus tertulias tristes.
Le recibieron todo, evaluaron, y lo declararon fundido. Le dieron su 80% móvil de amor limpio de deudas y la prohibición de volver a enamorarse. Salió de ahí como si tuviera todas las articulaciones nuevas. Afuera notó el lapacho florecido, el perfume de un jazmín blanco y el movimiento de las nubes. Se fue casi corriendo hasta el museo que cerraba en media hora y se llenó los ojos de batallas y cuerpos lánguidos desnudos, vio todos los colores y las sombras y pudo sentir las pasiones que atormentaban las manos de los pintores.
Pasó por la casa de cada uno de sus amigos y los abrazó por un tiempo largo a cada uno de ellos que perplejos recambiaban el abrazo. Se tomó un helado de chocolate con almendras y crema del cielo en su heladería de la infancia y caminó. Caminando observó los rostros de las mujeres cargando a sus hijos pequeños, y de los hombres, la timidez o el desparpajo de los jóvenes, escuchó  retazos de conversaciones al pasar, segundos de encuentros, disputas, risas, convenciones.
Al atardecer volvió a su casa y esa hora triste, sintiéndolo todo, fue de nuevo triste, triste en serio, dolorosa, un abismo terrificante, la desolación de todos los desiertos juntos, el vértigo de esa hendija que queda entre la luz del día y la oscuridad de la noche. Penso en tirarse por esa hendija y no volver hasta que por fin se hizo de noche y el dolor agudo pasó. Tendido sobre la cama miró el techo, se abrazó a la almohada de costado, luego se levantó a fumar al patio. La soledad en perspectiva asustaba más que la tardecita. Amaneció. Se preparó el mate, tomó el primero y daba asco de tan amargo. Pensó un momento. Fumó un tabaco sin filtro, acarició el perro, le rascó la panza, arrancó un manojo de flores de una planta y desacatando la regla, salió a buscarla. Esperando encontrarla. Costara lo que le cobraran.