Nada Fácil



Nicolás Coscarelli-. El presidente electo Alberto Fernández debe ordenar en los primeros meses de su gobierno al Frente de Todos y a su gestión. Los desafíos que le esperan, deuda externa, inflación, recesión, geopolítica regional y mundial, así lo requieren. Estos escenarios complejos demandan un gobierno y una fuerza política alineados con el primer mandatario.

Sin embargo, ya afloran turbulencias y peleas entre sus aliados como un adelanto de lo que puede llegar a pasar. No obstante, para Fernández es imperativo tener éxito en la tarea de organizar su gobierno y al peronismo porque de esto depende el éxito o la debacle de su gestión y por supuesto de la Argentina.
Hasta el momento Alberto Fernández aglutina un frente electoral cuyos referentes poseen serias diferencias personales. Estas tensiones tienen un eje central que es la figura de la ex presidenta Cristina Kirchner, todas las diferencias surgen hacia ella y desde ella hacia los demás. Cierto es que Cristina también es quien ha sabido ceder su centralidad y su base electoral para que el Frente de Todos encabezado por Alberto Fernández pulverice al macrismo. También es mérito de Alberto Fernández unificar a la base kirchnerista con los sectores peronistas encabezados por los Gobernadores, la CGT, el massismo y así romper el techo electoral k para devolver al peronismo a la victoria. Ahora Alberto tiene la lapicera y deberá usarla como una barita para persuadir, contener y superar el papel de figura convocante para convertirse en el conductor del espacio.
Para peor cuando aún falta un mes para que asuma el poder, el presidente electo, es presionad para que defina los funcionarios que lo acompañaran y las medidas que tomará a partir del 10 de diciembre. Múltiples sectores operan políticamente para que se den precisiones sobre cuestiones urgentes pero que no pueden ser definidas sin poseer información sólida. Por ejemplo hay medios periodísticos preocupados por si hay contacto entre la administración saliente de Macri y la entrante de Fernández. Muchos se alarman por la inexistencia de comunicación entre ellos. Sin embargo y corriendo el riesgo de generalizar, en las transiciones argentinas nunca ocurren esas reuniones y cuando se realizan no sirven para nada. El funcionario saliente es muy probable que ni siquiera vaya más a su despacho y si todavía se mantiene en actividad nunca entregará información negativa o que lo perjudique. Lo más probable es que brinde datos sin ningún valor por antiguos, por manipulados o por ser simples dibujos.  La única forma de saber cuáles son los recursos con los que se cuenta es asumiendo el cargo. Por lo cual el nuevo gobierno solo podrá evaluar la situación cuando su poder sea efectivo.
Y si el panorama ya lucia complicado con la deuda externa, el déficit fiscal y la recesión las noticias que llegan del exterior son nefastas. Ahora a los problemas de nuestro país debemos se suma la inestabilidad regional con tres sucesos negativos, la caída de Evo Morales en Bolivia, el caos que azota Chile y la salida de la cárcel de Lula Da Silva. Porque si la relación con Brasil lucia difícil y tensa la libertad de Lula radicalizará la posición de Bolsonaro y Fernández, no hay que descartar hasta la defunción del Mercosur. Incluso la relación con EEUU que parecía encauzarse y que es fundamental para comenzar una renegociación de la deuda, da la impresión de tomar un camino oscuro con Fernández defenestrando al país del norte por su supuesta intervención en la caída del presidente boliviano. Para redondear las malas noticias el caos chileno siembra incertidumbre en el país de la región catalogado como modelo a seguir y que de la noche a la mañana parece sumergido en la anarquía. Si Chile que era el ejemplo parece al borde del derrumbe que puede esperar el mercado de una oveja negra como la Argentina.
Es por todo, esto que la primera gran batalla del presidente electo es ordenar el espacio que por ahora aglutina pero no conduce. Deberá seducir y negociar pero lo que no puede aceptar es cogobernar con los k o perder al peronismo tradicional en cualquiera de sus variantes. Allí se juega el destino de su gobierno porque si logra conducir podrá afrontar los desafíos que lo local y lo internacional impondrán a su gestión con cierta chance de salir airoso pero si fracasa, el margen de maniobra del país es escaso y el resultado puede terminar en caos y violencia.