Ella nunca es ridícula

Gentileza de  Nicola Bertellotti

Mercedes Derna Viola- A veces miro a mi alrededor y me parece todo tan ridículo, tan absurdo.

Los baños elegantes, con caños que traen y llevan escondidos en las paredes, y en cada casa su pequeño trono, y mientras los señores hablan de cosas serias en los salones que cuentan, hay siempre cerca un baño, donde alguno está sentado con los pantalones bajos.
Ridículas las calles en todas las ciudades que no son Venecia, con sus autos y motos y colectivos que pasan veloces cerca de niños altos medio metro, de ancianos que no podrían esquivar una tortuga renga, puestos al reparo por un cordón de acera y así parece todo muy organizado.
Ridículos los perros con correa, los libros nuevos, los guantes de plástico del supermercado, las puertas que examinan en la entrada de los bancos, y para ellas tanto vale una pistola o un maso con más de siete llaves.
Gentileza de  Nicola Bertellotti

Y nos quedan los rituales, las iglesias, las misas, los documentos, las ventanillas, los horarios de atención, los permisos, mientras los plátanos crecen de agujeros en medio al asfalto y se hacen gigantes, y nos miran desnudos desde las ventanas del quinto piso con sus pies siempre en un agujero en medio al asfalto. Los manuales de psiquiatría seguro han de tener un nombre para ésta sensación, manuales como calles como baños como misas, tentativos de un orden casi imposible, calmantes y consolaciones para cuando nos hacemos frágiles frentes a los misterios, cuando estamos cerca de las cosas que nuestros ojos no llegan a ver. Solo ella, solo la belleza nunca es ridícula, nunca es absurda, solo la música de la música y la música de las palabras y la música de los colores de los dibujos de los niños y de los pintores de las iglesias, y las escaleras antiguas que parecen cintas de raso en los palacios abandonados, con barandas ornadas  con arabescos como juegos de humo de un cigarro indio, que serían ridículas si no fuera por la belleza, que nace a veces sufrida que pasa inadvertida que se comprende tardi pero nunca es demasiado tarde para la belleza, que sobrevive, siempre, y que la salva.