Cascada


Ramiro Pereira-.

La cascada atrabiliaria ha descendido
como los pies ofrecidos,
 al invasor primero
de la Inglaterra Sajona, antes de Hastings.

No estará la pancarta bulliciosa
de las coléricas sombras
que encienden las sinapsis:
ya vendrán otros.

Pero el individuo es uno y el paseo ordinario,
erguidos en  esta película de vida
que se asienta -frágil- en la roca
perdida y pequeñita, desde ciertos confines impensados.

Irán los que fueron, porque el tiempo sabe
de las conveniencias,
y rememorarán las hazañas de las moscas
y rumiarán con ternura un epitafio.

Azarosa la cosa como es,
desdeñado el ocaso, desde siempre
se ufanó la vida de darle tiempo al viento
y soplaron las cascadas que venían desde siempre.

Todo es vanidad, menos el viento.
Y el útero ya contiene el mar entero
de la cascada silenciosa.
Queda el olvido, que también será memoria