Bullying


Joakito-.
Desperté una mañana, bah, un mediodía, para que mentir. Transpiraba. No era un domingo cualquiera, ese día, se elegía al intendente, al gobernador y no se cuantas cosas más.
Caminé despacio, sin preocupaciones, las tres cuadras hasta la escuela.
De pronto, cómo una metralla, cientos de imágenes cruzaron por mis ojos.
Dicen que los regresos nunca son fáciles y menos, cuando te esperan veinte nene ricos burlándose, porque en los pies tenes botines de fútbol y no, cara zapatillas; o cuando te la pasas castigado en el recreo, bajo la campana contemplando de lejos la inmensidad del patio.
"¿Quien es ese señor pelado que viene hacía acá?Nunca lo vi. ¿Será un maestro nuevo?No, se ve que no, no tiene guardapolvos. ¿Que quiere?¿Por qué me mira así".Sigue avanzando hacía mí. 
Mis manos sudan. El patio se va achicando cada vez más y la campana -otrora dominante y magnánima- ahora parece de juguete. No quiero mirar, sin embargo lo hago.
El pelado está a mi lado.
"Joakito, quédate tranquilo, las zapatillas caras no te llevan a ningún lado..."
Levanto los ojos del suelo, recorro el pasillo y le doy mi DNI al presidente de mesa.