Varisco

 Lucas Carrasco-. Tres personas, ya detenidas, golpearon al intendente de Paraná, que viene de una delicada operación y afronta un delicado juicio penal. Quedó hospitalizado. Se viene un linchamiento.



Las personas lo increparon por supuestas promesas laborales incumplidas. Esto fue en pleno microcentro, donde siempre vivió la familia Varisco y aún vive su madre, Magda.
A la gravedad del hecho físico se sumó el escarnio y la infatigable hipocresía. Tanto de la prensa amarillista que fogonea estos odios y después pone carita de Topacio asustada como del amplio arco político responsable de la tragedia social, que es el trasfondo verdadero de esta situación repudiable.
El repudiómetro -que es un instrumento parecido al chupetómetro de Carlitos Balá- se llenó hasta arriba: con solemnidad, gravedad impostada y cierto miedo real por sí mismos, la clase política salió a repudiar. Los medios de comunicación , sobre todo los que fogonearon mil y una operaciones de prensa y se hacían los amenazados, como Daniel Enz y su emporio de testaferros, de pronto eran jugadores neutrales que consideraban que había límites que no pueden cruzar unos negritos, ellos sí.

Los tres negritos fueron detenidos (uno se entregó). Serán acusados expres y mandados a un campo de concentración. La clase política, que parió esta situación salvaje, necesita un escarnio medieval. Nadie va a defender a los agresores y es una pena porque merecen la mejor de las defensas posibles, como cualquier ciudadano, pero especialmente ellos. Las garantías constitucionales no se crearon para los grandes empresarios que extorsionan Bonadío y Stornnelli sino contra el reflejo primitivo del linchamiento, el que llevó a los detenidos a agredir de manera cruel y cobarde a un hombre recién operado a corazón abierto, PERO TAMBIÉN al coro de repudiadores que clama venganza para esconder su propia responsabilidad. Somos África, muchachos.