Tiempos viejos



Manuel Langsam-. Yo soy del tiempo en que las familias podían sentarse por las tardes en la vereda y conversar con los vecinos.

Yo soy del tiempo en que se respetaba a los maestros lo mismo que a los padres.

Yo soy del tiempo en que si se usaba alguna ropa vieja, remendada o rota era por pobreza y no por ostentación de una moda que privilegia la desprolijidad.

Yo soy del tiempo en que los chicos, fuera del horario escolar, disfrutaban al aire libre jugando a la escondida, policías y ladrones, “boliya”, figuritas, remontar barriletes o fútbol (con pelota de trapo) en cualquier baldío del pueblo.

Yo soy del tiempo en que no hacían falta rejas de dos metros o más de alto frente a las casas por razones de seguridad.

Yo soy del tiempo en que no había que caminar por las veredas cuidándose de que algún “zombie” te lleve por delante porque va tecleando un celular y la vista fija en la pantalla.

Yo soy del tiempo en que a los bailes se iba de traje, bien peinados y afeitados.

Yo soy del tiempo en que se podía escuchar la radio para informarse, hecha por profesionales y que, si pasaban música, era para acompañarte. Y el dial no estaba ocupado por las FM manejadas por improvisados y con “la música” que  consiste en ruidos molestos cuando no con alaridos estridentes que lastiman los tímpanos.

Yo soy del tiempo en que no había supermercados ni tarjetas de crédito o débito. Las compras se hacían en el almacén cercano, anotando todo en “la libreta del almacén”, a pagar a fin de mes.

Yo soy del tiempo en que las peluquerías eran atendidas por el peluquero, que podía hablar de política, de economía, de fútbol, de pesca, del pronóstico del tiempo, de la situación del campo o cualquier otro tema según el gusto del cliente. Hoy ya no quedan peluqueros, o muy pocos, porque han sido reemplazados por “coiffeurs” o “estilistas”.

Yo soy del tiempo en que al terminar la escuela primaria se ingresaba al secundario o  se comenzaba a trabajar. Muchas veces las dos cosas al mismo tiempo.

Yo soy del tiempo en que los partidos de fútbol se jugaban los domingos por la tarde y se los escuchaba  por radio.

Yo soy del tiempo en que el teléfono era un aparato que se usaba para “hablar por teléfono”.

Y, finalmente, digo que soy del tiempo en que el perejil no se vendía. Te lo regalaban.

Con todos estos antecedentes, quisiera saber si cabe ubicarme en la siempre vilipendiada (para mi honra), categoría de…”VIEJO CHOTO”…