¿Qué es un acuerdo de precios y salarios?



Lucas Carrasco-. Un acuerdo de precios y salarios es una mesa donde se sientan las cámaras patronales que representan a los empresarios de los distintos rubros y las centrales sindicales. También se pueden incluir a movimientos sociales, iglesias, etc para hacerlo más amplio.



La historia argentina está plagada de acuerdos de precios y salarios, con gobiernos de todo tipo de ideologías, incluso gobiernos militares. El objetivo ha sido siempre el mismo: parar la inflación o por lo menos controlarla y hacerla previsible.
Si nos remontamos a los primeros acuerdos de precios y salarios después del Congreso de la Productividad de Perón a mediados del siglo pasado (hubo otros anteriores, pero a mi juicio, a mediados de los años cincuenta es cuando mayor representatividad tuvieron las cámaras patronales y sobre todo, los trabajadores) hasta hoy, las entidades representativas han sido cada vez menos representativas. Tanto en el ámbito del capital (los empleadores) como en el ámbito laboral (los trabajadores). Y la economía ya no puede medirse con los viejos estándares de Industria/Campo/Servicios porque, si bien siempre estuvieron mezclados, lo que prima es la valorización financiera, la cual no es serio incluir dentro de los Servicios porque generan más daños que servicios. Y en el medio y por si fuera poco, está la creciente extranjerización de la economía y la globalización. Además, la mitad de la economía argentina está en negro, existe la denominada "economía social" que es de una complejidad enorme, un sistema impositivo regresivo, una alta desocupación, una decreciente tasa de sindicalización, una oportunista política arancelaria, mucho trabajo en negro, la exportación acrítica de modelos laborales desregulados, la digitalización y robotización, la deslocalización de empresas y varios factores más que sería largo enumerar.


Para que un acuerdo de precios y salarios funcione, tiene que incluir un combo donde estén el tipo de cambio, las tarifas de los servicios públicos, las políticas sociales y un modelo educativo. Para empezar a discutir. También es necesario una regulación del crédito, lo cual lleva a una regulación bancaria, terminar con el fetichismo financiero, y una democratización de la información sensible de la economía, lo que requiere entes reguladores con más poder, honestidad y capacidad. O sea, una quimera a priori imposible. Porque todo este combo o buena parte de él debe conducir hacia los lineamientos principales de un modelo económico claro y consensuado donde la tasa de inflación sea UNA de las variables, no la única. Así que sí o sí hay que poner sobre la mesa una distribución del ingreso y una distribución del trabajo. Esto último es simple: no hay trabajo para todos ni lo habrá, ¿qué hacemos?

Existe un ámbito institucional denominado Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil que en los hechos discute más allá de lo que lo acota su nombre. El problema es la composición, que sí es acotada. Aunque puede ampliarse a través de simples instrumentos legales o con un Consejo Consultivo que depende, en última instancia, del poder político que se cuente a la hora de arbitrar. Porque no hay que ser ingenuos, hay contradicciones irresolubles y es el Poder Ejecutivo Nacional el que debe arbitrar con el mayor consenso posible. Apoyado en lo que cree que son sus pilares para llevar adelante su modelo económico, los cuales a su vez deben coincidir con sus bases electorales. Algo no siempre posible.

La falta de acceso al crédito internacional puede ser positivo para mantener un tipo de cambio alto sin necesidad de que se dispare ni de atrasarlo como ancla inflacionaria. Esa previsibilidad es la madre de todas las batallas. Es difícil, pero no imposible en este contexto geopolítico donde se puede acudir a la ayuda de EEUU o China y subscribir acuerdos bilaterales con o sin la venia del Mercosur, para dejar de depender de Brasil (que es lo que Brasil está haciendo).

La salida por arriba del laberinto que es la pelea clásica entre devaluadores y dolarizadores, es una trayectoria, no un stop and go, que siempre a lo largo de la historia económica argentina termina en fracaso. Esa trayectoria requiere política, mucha política. De la vieja.