"Putos, tortas, travas y poseídos"


Joakito-. Esteban Amatti, "Pepo" para los amigos, acaba de estrenar un film sobre el caso una joven poseída en la década del 80. Sus películas son historias reales sin actores reconocidos, que recorren festivales internacionales. Es uno de los fundadores del CICVE (Centro de Investigación en Cine y Videoarte Experimental).

Actualmente está terminando de filmar su tercer largometraje, también basados en hechos reales. En esta entrevista dialogamos de las trampas del cine comercial a la autogestión grupal.

¿Quién es Esteban Amatti?

Hablar del apellido Amatti en Entre Ríos, es sinónimo de boxeo; pero ahora también de cine. Soy director, productor, guionista de cine y televisión que se hizo bien de abajo. Arranque a filmar con la premisa de privilegiar ciertas historias y personajes que no estaban siendo abordados o que eran abordados de manera estigmatizante: putos, tortas, travas, marginales, y, ahora, poseídos. Con cada largometraje fui creciendo técnicamente, y nunca deje de privilegiar a esos relegados por el cine nacional. Y paso a paso, peli a peli, intenté hacerme un nombre, que hoy ya es marca registrada en festivales europeos y ahora en Estados Unidos, donde mi última película, “Oración”, me está terminando de consolidar en los festivales más prestigiosos.
Sentía que el espectro audiovisual estaba poblado de personajes hipotéticos, muchas veces representados por actores reconocidos, que en mi mirada poco o nada tenía que ver con la fuerza e identidad de las vidas de las periferias. A partir de ahí decidimos que nuestra productora y distribuidora Grupo Transmedia Argentina estaba destinada a registrar sus procesos de vida y sus códigos de convivencia tan particulares y asombrosos”.
“Oración” mi última película, se enfoca en la historia de una joven que protagonizó uno de los casos de posesión demoníaca mas conocidos en la provincia. Es una película cuyo guión fue concebido hace 5 años y tiene que ver con hechos absolutamente reales, Todas nuestras películas queremos que sean de carácter explorativo-etnográfico. No están hechas para quedar bien con nadie, pero sí para contar las contingencias de sectores muchas veces invisibilizados. La película plantea una fuerte denuncia a la Iglesia Católica al narrar historias cruzadas de curas de distintas épocas y lugares que coincidían en la práctica del exorcismo, la mayoría de las veces a jóvenes. El proceso del ritual del exorcismo es terrible, deja muchas secuelas, tantos físicas como psicológicas. Por eso es tan complejo que realicen el ritual.

¿Qué hace, concretamente, el Centro de Investigación en Cine y Videoarte Experimental que fundaste hace poco tiempo? 

Es una rama de la Asociación Civil “Biblioteca Pedro Lemebel” de barrio EL Sol en Paraná, que se reúne mensualmente para pensar estrategias para el sector. Cualquier persona que cubra y que entienda los principios puede acceder a la mesa coordinadora, es bienvenida, y no hace falta tener antecedentes en el área audiovisual.
En el marco de esta red no nos involucramos con la parte de contenidos. Los contenidos son totalmente libres y decididos por los propios aportantes. Comenzó como un taller más de la Biblioteca; y la cosa fue creciendo. Sí nos metemos con las instancias de producción. Asesoramos técnicamente, habilitamos material de lectura y revisión de contenidos para la realización audiovisual. El préstamo de equipamientos, lamentablemente se corto,  porque son cámaras y tecnologías muy caras, y hubo gente que nos las devolvió en mal estado; si nos interesa un proyecto o un guión, lo producimos nosotros con nuestro personal y equipamientos, como debe ser. También abogamos de  que sean instancias amables, que no haya maltrato, que las personas puedan ir al baño, hidratarse y que haya un período de descanso.

Desde tu experiencia, ¿qué cuestiones fuiste aportando al CICVE?

El marco principal es que vos podes tener una carrera perfecta, lógica y reconocible sin apelar a fondos concursables. El tema de los fondos es muy estresante, tienen forma muy esporádica y cada vez más disminuida. Tener una carrera pendiente de ellos se complejiza y hay otras formas de producir con mayor constancia y con total libertad. Eso es lo que ofrece el CICVE, y es lo que da nacimiento al PIFF (Paraná Internacional Films Festival) donde el premio mayor del festival es producir un largometraje al ganador.

¿En qué estado está la industria nacional respecto al financiamiento?

Es algo que va más allá del INCAA: es a escala latinoamericana. Vengo viendo desde hace unos 3 años que los festivales cada vez tienen menos apoyo, incluidos los nuestros; año a año se nota un detrimento justamente de la producción, los fondos son cada vez más restringidos, el avasallamiento de las distribuidoras norteamericanas es cada vez más notorio. En base a esta realidad es que hemos desarrollado justamente el Grupo Transmedia Argentina para poder llegar a escala continental y sin pasar por ciertos organismos.

¿Qué pasa con los festivales?

Es muy difícil entrar en festivales en líneas generales. Primero, si no te conocen, porque no te conocen; y segundo, cuando tenes muchas películas, porque tenes muchas películas. Me siento un privilegiado cada vez que entra una película nuestra en un festival. De hecho nosotros nos desligamos: tenemos una distribuidora, que se llama “Grupo Transmedia Argentina, para la cual fue creada; que ya tiene justamente su red de contactos y promueve retrospectivas o películas en competencia, o vende las películas a otros distribuidores. Yo fui distribuidor, entre el 2007 y el 2010, estrené acá en el país y decidí conscientemente no ser parte del área de distribución porque es muy caótica y tenes que dedicarte a eso. Yo me dedico hacer contenidos.

¿Cómo se sobrevive en ese mundo del cine comercial?

Hay algo que no negociamos que es el corte final, los contenidos y la elección de los personajes. De hecho me ofrecieron dirigir para una productora de contenidos masivos  y dije que no, porque en esos casos siempre algo cedes. Y la vida pasa muy rápido para hacer cosas de las cuales no estás convencido. Sí, edite varios trabajos para la misma. Entonces prefiero dedicarle el tiempo a películas que amo hacer y siento que me representan y que son un servicio para la sociedad. Las otras, que las haga otro.

Si viene Netflix y quiere comprarte una película, ¿Qué le decís?

Si la pagan, bueno, justamente derivaremos ese dinero a nuevas producciones cooperativas. Así que no habría ningún problema.

Hablabas del cine como un servicio a la sociedad. ¿Por qué el cine es un buen lenguaje para eso?

Tengo fascinación por el cine desde los 7, 8 años, cuando pude empezar a verlo. No puedo explicarte por qué, pero tengo una devoción total. He practicado otras variantes artísticas como fotografía, pintura y escultura; pero no me cautivaron al nivel del cine. Hay una cuestión de introspección a la que te puede llevar el cine que incide en el inconsciente colectivo. No es lo mismo que se hagan películas como se hicieron acá, que si no se hacen. No es lo mismo que podamos abordar ciertos temas, o que no podamos. Tengo un amigo que me decía que filmar en España una película contra la policía como acá es imposible. Pero que se haga una película sobre las fuerzas criminales españolas, no es lo mismo. Entonces el cine tiene una incidencia en las construcciones sociales. Una fuerza total.

¿En qué momento crees que la industria se apropia del cine y deja de contar historias de ese tipo de denuncias?

A mi juicio fue en la guerra de Vietnam, cuando el audiovisual estaba del lado del vietnamita porque en los noticieros del mediodía se veía norteamericanos quemando con NAPALM y lanzallamas a gente que no le había hecho nada. La presión social contra la guerra fue tan grande que los políticos no pudieron hacerse los idiotas, fue una derrota absoluta. Y entendieron el peso de lo audiovisual. ¿Qué hizo ese poder? Captó Venecia, Cannes, Berlín, desde la programación y la premiación: las distribuidoras gringas dominan ese espacio. No son lugares de descubrimiento ni de debate. Nunca fue tan ecléctico el marco audiovisual y nunca estuvo tan acotado a esos festivales decadentes que no descubren nada porque no quieren descubrir. No hay nada más racista ni mediocre que la entrega del Oscar. Lo más interesante es que nadie sabe por dónde pasa. Pero por ahí es seguro que no pasa. El propio Leonardo Favio se negó a ir a la entrega de los premios Oscar, porque decía que con el dinero que se gastaba en pasajes, el hacia dos o tres películas, y ayudaba a actores, técnicos, etc. a que lleven el pan a la mesa de sus hogares.

¿Por dónde pasa? ¿Qué películas de cine contemporáneo te gusta ver?

Mi pareja, Nora, es cinéfila. A mí me gusta muy vehemente, con mucho carácter escénico, a ella le gusta más contemplativo, emocional. Vemos mucho cine. Nos gusta el cine no mainstream, sino ciertas producciones del mainstream: Wolverine, por ejemplo, la última. Algunas de X Men. La que más me gusto siempre es Batman, con Heather Ledger como Guasón.

¿Y de Argentina?

Nueve reinas, El último Elvis, El rey del once, La estrella; y muchas más te podría nombrar. En el Grupo Transmedia Argentina nos hemos dedicado a explorar contingentes reales asumiendo toda la cuestión irreverente que eso conlleva: no nos agarramos del método ni la complacencia sino de lo que hace falta. Y eso hace que te olvides de tus expectativas y que te centres en lo que sea necesario para ser coherente con esta puesta. Uno de los casos más explícitos es Magaly, mi primer largometraje: no la hicimos para quedar bien con ningún sector, sino para dejar un testimonio.

¿Cómo se perciben tus personajes e historias en el exterior? ¿No hay algo muy local?

No tanto. Cuando estuve en España con “El ocaso del Deseo” me hicieron devoluciones tan precisas que no se habían visto en Argentina. En la parte emocional somos bastante parecidos. En Alemania, el año pasado, con “Oración” hicimos una retrospectiva bastante profunda y se entiende todo perfectamente, no hay nada que pase desapercibido. En México, este año, en la semana mundial del orgullo gay, esta vez hubo preguntas muy interesantes y constantes: nos sacaron de la sala porque la gente no dejaba de preguntar.

¿Te imaginas tu vida sin cine?

No podría. Me gusta por lo complejo, porque estoy a merced de lo nuevo, de la experimentación. Soy un atormentado  de aprender desde cero. Todo se renueva. Las tecnologías dialogan en un ida y vuelta que me resulta muy propicio.

¿Qué proyectos a futuro tiene Grupo Transmedia Argentina?

Justamente estamos filmando mi tercer largometraje sobre un baile de carnaval que se realizo en el 73 en el club Neuquén. Es un proyecto con mucho despliegue escénico y va a ser rupturista en muchos sentidos.

Hablaste anteriormente de los Oscar… ¿Y si algún trabajo tuyo queda seleccionado alguna vez para los premios de la Academia?

Y…me tendré que hacer cargo e ir hasta Hollywood. Pero esperemos ese momento, no nos adelantemos todavía. Faltan varias Red Carpet pisar. En este momento no te puedo decir si iría o no. Cuando llegue ese instante vas a ser el primero en saber si voy. 

¿Qué es lo que más te preocupa?

Creo que si hay algo que está haciendo mucho daño, y por algo se hace, es el algoritmo. En la música, en la literatura, en las noticias periodísticas, más en los programas televisivos. Hay una cuestión algorítmica que agobia y estupidiza y adormece. Mucho más en el cine. Ahora, si la población no fuera receptiva, eso no sería posible. La crisis genera una gran crisis de creatividad, cuando en el mundo todos sabemos que en los 70 hasta el pop era creativo. Cada película era un nuevo barajar y tirar. Eso rara vez sucede actualmente. Las crisis son depurativas. La música cada vez más masiva, de supuestos cantantes legitimados por el medio, que componen canciones que se parecen a algo que ya hemos escuchado. Pero evidentemente hay una vocación de la sociedad por el adormecimiento. Veo tanto, pero no veo nada. Mi tiempo vale muchísimo; prefiero estar escribiendo a ver siempre lo mismo. Siento que esa luz ya la vi, que esa impostura ya la vi, que esa carga política también y que el final va a ser aleccionador. Por eso es fundamental generar los propios espacios.