Lo que nadie cuenta sobre la Feria del Libro


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Joakito-. Se llevó adelante, en Paraná, una nueva edición de la Feria del Libro. Esta vez, en un lugar más reducido y con poco y nada de aporte municipal. Fueron más de 20 stands de libros -con llamativas ausencias- y se presentaron viejos conocidos y nóveles escritores.
Hace no mucho, escribí respecto a que la Feria del Libro debía ser un espacio para los lectores, en el sentido, de que ya que es un evento cultural de trascendencia debe ser aprovechado para llegar a cada vez más lectores. En parte, tal vez, por la ausencia de varios mercaderes que se bajaron de la organización, esto se cumplió. Pero aún resta mucho trabajo por hacer, no sólo por parte de las autoridades municipales, sino más bien, por los libreros y los autores que muestran sus obras. De todas maneras, hay algunas cosas que dejó esta nueva feria, que vaya a saber por qué, a nadie les interesa señalar.
En primer lugar, hay que señalar, que a pesar de la mala organización, no sólo del municipio, sino también por parte de los feriantes que se encargaron de hacerla, se dio lugar por primera vez, a expresiones artísticas y espirituales -en formato libro- que no tenían cabida en ediciones anteriores: el cómic -o manga- realizado íntegramente por autores entrerrianos, cuya presentación fue acompañada por mucho público el primer día de la feria, y, para sorpresa de muchos, la mayoría de ese público eran jóvenes y adolescentes. También, se le dio lugar al Hare Krishna, que presentaron su libro “De qué estamos hechos”. Esta presentación fue llamativa no sólo por los colores, sino porque estamos habituados a que las expresiones espirituales que se presentan sean católicas o judías.
Los aspectos negativos de esta séptima edición de la Feria del Libro tuvieron que ver con las ausencias: debido a una discusión, más de carácter político que otra cosa, varios libreros y editoriales, decidieron no participar. En realidad esta no participación, más que en una cuestión política, se explica en una chiquilinada. Ahora bien, en términos políticos, llamó demasiado la atención la ausencia de stands de las editoriales estatales. Uno puede llegar a entender que no participe determinada librería, o determinado editor, por diferencias políticas con la gestión de turno, pero la ausencia, no sólo de stands, sino también de actividades, por parte de la Editorial de Entre Ríos y de la Editorial Municipal (¿Existe?) es inadmisible, máxime si se tiene en cuenta que el objetivo que tienen estas editoriales no es mercantil, sino el de difundir lo más que se pueda a la cultura escrita de la provincia y de la ciudad respectivamente