La última nota de Lucas Carrasco



Osvaldo Quintero-. Este articúlo fue escrito por el autor el día sábado 19 de octubre, menos de 24 horas antes de su fallecimiento. Desde Noticias Entre Ríos nos pareció pertinente publicarlo.


Un niño con moño
Lucas Carrasco-. Disquisiciones en torno a las iglesias evangelistas.

Les prometen salud y prosperidad. Si se sacan el diablo de encima. Con ritos catárticos parecidos a las neoreligiones ateas para la clase media (los hijos del psicoanálisis, digamos) hacen una serie de ejercicios perfectamente planificados para que la persona encuentre paz, calma, por cuestiones biológicas. ¿O acaso al escribir, muchos, yo incluido, cuando hacemos una pausa sin perder la idea central, para organizarla, no movemos la espalda hacia atrás y adelante como hacen los judíos ortodoxos al rezar? ¿Acaso los golpes a un saco de box no cumplen la misma misión fisiológica y psicológica que el éxtasis de alabanza cuando los ritos religiosos llegan a su cumbre emotiva?
El señor deja de beber, porque la bebida es el diablo. Mejora su salud, mejora su economía. Sobre todo si es de la clase trabajadora, bebe alcohol malo -generalmente, vino barato- acompañado con una defectuosa alimentación (por cultura y por economía; porque comer bien todos los días es un lujo que solo un tercio del país puede darse) y no hace ejercicios, por dos razones: el ejercicio recreativo para los sectores populares está vedado, estigmatizado o ya no hay espacios. ¿Dónde puede jugar al fútbol y con quien un padre de familia con un salario mínimo? ¿Como hacer otro deporte popular sin que te tilden de violento? ¿Y dónde? ¿Y con qué plata? ¿Y sin conocer a nadie, ni tener tiempo de sobra?
Hay que ser realistas.
La Iglesia Católica, en su repliegue a corporación económica, brinda servicios psicológicos a gente que pueda pagarlo y crea en la trascendencia empaquetada que te vende cada congregación. Pero fue dejando margen para estas iglesias científicas, estudiadas, pensadas como unidad de negocio sin la hipocresía de las grandes religiones monoteístas.
Su conservadurismo moral es una tabla de salvación para quienes ya tenían esos valores pero no un incentivo palpable para cumplirlos. Políticamente, no son conservadores. Moralmente, sí. Eso, señores, se llama peronismo y tiene una laaaaarga y rica historia.

En Entre Ríos había un gobernador radical. El ex chofer del anterior gobernador peronista, era chofer del móvil en la radio donde yo trabajaba. Era evangelista. Su pastor, un hombre muy reconocido en Paraná, había acordado con Montiel, el gobernador radical, el apoyo electoral. Nadie de su congregación le dio bola, estaba en un barrio pobre de peronistas diabólicos. Algunos, aún me recuerdan cuando yo al aire, en una entrevista con el Pastor que se quejaba de que no podía pagar la boleta de la luz de la iglesia, le pregunté por qué no rezaba para que se haga la luz. Era medio hinchapelotas cuando era pendejo. Bue, ahora también.
El chofer me insistía con que tenía que encontrar a Dios para dejar la bebida. Él estaba convencido, y al parecer Dios también, en que yo debía dejar la bebida. El problema es que la bebida estaba en desacuerdo.
De todas maneras, me rompió tanto las pelotas, y yo lo apreciaba, que un día, medio borracho, me mandé para la iglesia, en plena misa. Bah, creo que ellos no le llaman misa.
Me quedé atrás, ya había empezado así que alcé los brazos como el resto y gritaba al Señor. Parecía más Pity Àlvarez diciendo "Señor kiosquero" que el niño que hoy crucé, en las puertas del club Echagüe y caminaba, de la mano de su padre, al que no le llegaba a las rodillas, con un porte y una elegancia resaltada por su traje y su moño negro, peinado a la gomina y con una sonrisa en la cara.