Juntos por Todos



Lucas Carrasco-. El kirchnerismo, aún cuando ganaba por paliza hace una década, tenía un discurso preparado para la derrota, contenido como un germen a la espera de levar. El macrismo, no.



En las buenas y en las malas

Si bien ambos movimientos son ágrafos pues sus líderes lo son -a no ser que se tome en serio al autohagiografía "Sinceramente"- su discurso característico es el triunfalismo. Del "Sí se puede" al "Frente para la Victoria" no hay mucha diferencia interpretativa. Tampoco en Juntos Para el Cambio y el Frente de Todos. ¿Quién puede perder una elección si contiene a TOOOOOODOS? ¿Quién puede perder una elección si están juntos todos los que quieren el cambio, acaso le van a ganar los que quieren que las cosas queden como están: si son los mismos? Pero uno tiene un discurso para la derrota, contenido en propio ADN, incluso cuando muta camino a la extinción, como es el caso del kirchnerismo (no de sus ideas ni de su modificación radical del peronismo, legado histórico que perdurará y el peronismo le debe mucho a este legado, pero como se sabe, la ingratitud en política es casi obligatoria, más en el peronismo, que tiene un solo día al año para ser leal).
Hernán Iglesias Illia escribió un libro fantástico. Lo comentaba con Martín Rodrígjuez, quien venía de reunirse con el autor, hace algo más de 3 años. Mi escueta objeción fue "no tiene un discurso para la derrota". La derrota abarca desde una elección crucial donde se pierde el poder del Estado a una insurrección, un ajuste (siempre impopular), un traspié legislativo, un error no forzado. Y al final, por carecer de ese componente discursivo, se apela al viejo y torpe antiperonismo, con Pichetto al lado poniendo cara de prócer.

Unitarios vs Unitarios

La ausencia de un discurso federal por parte del ya casi presidente electo, Alberto Fernández y sus posicionamientos en materia internacional, dan un poco la sensación de insustancialidad, tan propia del PRO. No estoy diciendo que sean lo mismo, sino que esa insustancialidad es preocupante. Porque tampoco abarca un planteo para las pymes, un modelo productivo, una idea real de desarrollo, algo que salga de los eslóganes y plantee una institucionalidad más seria y abarcativa que la que preocupa a los perseguidos políticos del kirchnerismo, justo cuando los jueces de Comodoro Py comienzan, no casualmente, a darse vuelta.

La Deuda Eterna

El drama de la deuda externa está más discutido y Alberto está a la derecha de Macri. Ahora, nadie menciona la deuda interna que en realidad tiene una tasa de valorización financiera que acogota cualquier indicio de una economía sana. Silencio.
¿Será por prudencia, para evitar que alguna de las corridas bancarias quincenales derive en que el pueblo se harte y los eche a patadas? No lo se. Ojalá sea solamente eso.


Sociología fácil

No existe el peronismo, pero sí existe el antiperonismo. Esta tesis, que sostengo hace muchos años (no soy el único, pero quizás sí con mis propios fundamentos) cobra mayor vigencia al tratar de entender el fervor por Macri de un segmento de la población. Un segmento que facilita la tarea de los sociólogos a la antigua, o de los viejos marxistas ortodoxos, por su clara composición de clase. Aunque ya no están los "aspiracionales" porque el gobierno nacional se aspiró sus ilusiones, que eran, a la vez, las ilusiones del propio gobierno. Lo que ellos presumían como sentido común, el cual, en una interpretación estúpida, presuponían que era el antagónico de las ideologías. No hace falta ir contra el sentido común con la peyorativa y poco ingeniosa frase del gran Albert Camus ni indagar en Gramsci para comprender que la autopercepción no puede ser objetivada más que en la esfera de la ideología como falsa conciencia. Aunque ese postulado lo cuestione hoy, con fuerza y sorprendente falta de lucidez, el feminismo de derecha y el ecologismo reaccionario.
El peronismo hace su forma como una sombra china de teatro de barrio. Requiere de una luz, que es la que pone el adversario. Y la forma se conforma de acuerdo al público al que se busque seducir.