El mundo que le tocará a Alberto



 Lucas Carrasco-. El mundo que está y algunas claves de lo que tal vez suceda.



Estados Unidos está empantanado en dos guerras -Irak y Afganistán- que en los hechos (militares clásicos), está perdiendo. Son las guerras más largas que los EEUU hayan tenido jamás en su historia, que es tan joven como la de Argentina. El gasto militar sostiene el complejo industrial y mientras tanto, puja por la hegemonía en la tecnología de servicios, puja que mantiene con China y más silenciosamente, con India y Europa occidental. Esta puja continuará, incluso si hay un acuerdo entre ambos gobiernos (no hay que descartarlo), dado que el Partido Comunista de China lo incluyó en su planificación a mediano plazo, Europa occidental necesita de estas tecnologías para sostener su bienestar y Estados Unidos no puede renunciar a su sector más dinámico internamente de la economía (externamente, es el manejo financiero global, así como el manejo de la venta de armas y drogas a escala global) además de los beneficios en el casi pleno empleo que logró Trump con esta política. Este marco global explica más que la presunta afinidad ideológica, la ayuda de Trump a Macri. Alberto, difícilmente se salga de esta ecuación, del rol que le toca a la Argentina.
Mientras EEUU sufre una epidemia de opiodes legales producto de su falta de política pública sanitaria y su tendencia guerrerista, los talibanes en Afganistán -de donde viene el opio- ya controlan la mitad del país. Son soldados que crecieron, al igual que sus padres, en la guerra. No conocen otro estadio civilizatorio que la guerra. Trump no se anima a darla por perdida, y además, el gasto en masacres en el exterior es el corazón de la economía interna de los Estados Unidos.
El fin de la alianza militar entre EEUU y las milicias kurdas de Siria, es el reconocimiento de que Turquía (aliado a la OTAN) es la potencia regional y que un crecimiento de ésta puede, eventualmente y con la ayuda (por ahora esquiva, dada la repulsa que genera Erdogan) de Europa, hacer de contrapeso de Rusia. A pesar de que Rusia y EEUU están aliados en Siria y en Irak. Con lo cual sale fortalecido Irán.
Alberto no podrá obviar esta realidad multipolar que se cuela en la disputa arancelaria entre China y EEUU y, aunque se niegue oficialmente y sea pararancelaria por cuestiones formales, entre Brasil y Argentina

Venezuela está aplicando un plan monetarista ortodoxo para frenar la hiperinflación -la segunda inflación más alta del mundo transcurre en Argentina...con un plan monetarista ortodoxo- y seguirá arruinando el emerger de cualquier ideal progresista en Latinoamérica, el mismo rol que cumple Corea del Norte en Asia y Bielorrusia en la zona de confort de Rusia. Nicaragua y Cuba secundan el fracaso del bolivarianismo sin petróleo de alto precio.
¿Dejará el dictador demente Nicolas Maduro un recuerdo bueno de Hugo Chávez o arrasará hasta con eso? La respuesta a este interrogante sellará la suerte de los movimientos progresistas latinoamericanos, incluido el presidente de México, Manuel López Obrador, a quien Alberto seguiría junto a Uruguay en la cuestión Venezuela. Este grupo no necesariamente está enfrentado a las polìticas de EEUU para la región. Menos, a China y Rusia.

La ola ultraderechista en Europa tendrá altibajos, pero en la medida en que no haya acuerdos clandestinos con mercenarios del África para que frenen la inmigración que produce occidente al financiar las guerras tribales, la cuestión seguirá más o menos igual.  El miedo al terrorista islámico se reemplaza por el miedo al inmigrante sirio o africano.

Brasil es una incógnita. Bolsonaro no pega una ni muestra habilidades para sostenerse internamente.
Argentina necesita una recuperación de Brasil, que por ahora es esquiva, así como necesita reestructurar su deuda externa: la configuración global se lo permite, si tiene una polìtica exterior hábil y con mucha muñeca.