El fetichismo financiero



Lucas Carrasco-. Sin una profunda reforma financiera, que abarque un más allá de los bancos, es imposible generar un estado con justicia social.


Durante la era macrista se votaron impuestos a la renta financiera. La izquierda más vulgar, esa que deplora el estudio porque cree que eso la hace más popular, tenía en su imaginación este impuesto como casi un golpe mortal al capitalismo. No hace falta abundar pero la valorización financiera aumentó después de que ese impuesto fuera sancionado en 2016. Es un impuesto bueno, progresivo, pero también -y no en el sentido que lo dicen los neoliberales- distorsivo, porque no va al núcleo de la cuestión y por el contrario, le pone otro pasillo al laberinto que hay que recorrer para encontrar el núcleo del asunto. Por favor, a los imbèciles, que lean bien la oración: no hablo de geometría, sino de pasillos y laberintos.
¿Y cuál es el núcleo del asunto, sabelotodo, eh?
Bue, no hay que enojarse. El capital finaniero tiene que servir, justamente, para financiar inversiones y tener, así, un rol social progresivo y positivo. Hoy, el capital financiero no financia nada más que a si mismo, es el multiplicador bancario a lo Frankenstein, desatado de los deseos de sus propios creadores.
Hay un esquema viejo que presupone que el mercado financiero es depredador per se. Ese esquema es viejo porque se basa en lecturas sobre la formación del capital inicial en la historia del capitalismo central, pero no en el perifèrico, moldeado sí a tono con el viejo imperialismo. Es vieja la fórmula de que el capital industrial se fusiona con los servicios bancarios y deriva en el capital financiero. Hoy el capital de la economía real (poniendo esta proposición en reemplazo de la industria, con lo cual se abarca mucho más que la industria) es varias veces menor al capital financiero en el mundo globalizado y también a escala local, lo que se llama globalismo, en el sentido que lo plantea John Ralston Saul.



(a no confundir política con arte, Belek! es mi amigo y de hecho escribí para este disco)

Ahora bien, supongamos que se quisiera trazar un mapa ferroviario que no fuera tal como NO es: volver a tener los ferrocarriles en el dispositivo que cuestionaba Scalabrini Ortíz y Milcíades Peña. Scalabrini Ortíz cuestionaba que todos llegaran al puerto de Buenos Aires y fueran de capitales ingleses (el imperialismo de aquel entonces). Milcíades Peña -por favor, no lean esto los pibes para la liberación de Repsol y Eskenazi- cuestionaba que se hubieran estatizado las deudas inglesas con la famosa nacionalización peronista de los ferrocarriles, porque éstos fueron diseñados para la formación del capital inglés, no argentino.
Pues, trayendo esos viejos debates al hoy, amigos, vemos que gobierne quien gobierne los bancos se la llevan en pala pero no cumplen ninguna función social positiva, por el contrario, le hacen un profundo daño a la economía del país. Pero el grueso de la banca lo componen los bancos estatales. El banco más grande del país, perdón, los tres bancos más grandes del país son estatales y administrados por los privatistas neoliberales del PRO no como el Banco de Entre Ríos, Tucumán, Santa Fe y Santa Cruz, donde un Eskenazi socialista y ultraK lee a Jauretche (que presidió el Banco Provincia de Buenos Aires) mientras ayuda al pueblo. Los tres bancos más grandes del país son el Nación, Provincia y Ciudad, los últimos dos de ambas Buenos Aires.

Donde está Eskenazi no se pagan los salarios en tiempo y forma 


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Pero la cuestión financiera, trasciende los bancos. Abarca desde el capital acumulado en los gremios a través del curro de la salud -inversión sueca en porcentaje del PBI y prestación africana en los hechos- y el capital de los colegios profesionales, el manejo del crédito de las grandes empresas mundiales de alimentos hacia nuestros empresarios primarios, la Bolsa de Cereales de Rosario, que es la más grande pero no la única y así. Hay capital inmovilizado. En manos de bancos que se la llevan en pala y no inmovilizan un centavo. La propia ANSES tiene capital inmovilizado y el IAPV entrerriano, que es un Banco Hipotecario manejado para el culo, tiene capital inmovilizado. Y no solo que no mueven el capital con fines sociales, sino que son incentivados a inmovilizarlo, a ni siquiera participar de la generosa bicicleta financiera ni del carry trade, por no hablar de instrumentos financieros aún más sofisticados.
Empresas vendedoras de autos y motos, de viviendas, de oro, todas estas son entidades privadas fundamentalmente financieras, que juegan un rol social positivo en un mercado tontamente desregulado y masacrado a impuestos distorsivos para que sea la banca la que se lleve la parte financiera del pastel, que es la parte más rica.
Y eso, amigos, no solo está mal. Es de boludos.