El estrepitoso fracaso electoral de la izquierda


Julia Rabotnisa-.. Es indiscutible el fracaso electoral del Frente de Izquierda y los Trabajadores incluso cuando sumaron otras fuerzas como el MST y Poder Popular.

Los 555.000 votos obtenidos representan una caída del 32% respecto de las presidenciales del 2015, cuando se obtuvieron casi 700.000 votos. El porcentaje alcanzado ahora (2.16%) es incluso inferior al de la primera elección del FIT (2011) cuando se obtuvo el 2.3% de los votos emitidos.
En estas comparaciones, debe tenerse siempre presente que los datos actuales integran al MST. Respecto de las PASO de este 2019, el FIT-U también retrocedió; unos 140.000 votantes. Ni qué decir de las legislativas de 2013 o 2017, cuando superó nacionalmente al millón de votos en esos dos turnos.
Si se considera ahora el voto a diputados –que incorpora el efecto positivo del corte de boleta- la caída de la votación actual respecto de 2013/2017 (turnos sólo legislativos) es del orden del 30%. En el recuento de posiciones parlamentarias, el FIT-U sólo logró renovar un escaño en la legislatura porteña, habiendo perdido la única banca del Congreso que estaba sujeta a renovación en este turno electoral. En consecuencia, la representación parlamentaria del FIT-U a nivel nacional pasa de 3 a 2 diputados nacionales a partir de diciembre.
La pérdida de votos del FIT no es sólo un fenómeno que pueda reducirse a la ciudad de Buenos Aires -donde Miriam Bergman hasta el momento no consigue ingresar a Diputados- sino que es un colapso a nivel nacional. Sin embargo, desde las fuerzas que integran este frente solo limitaron su auto crítica a  la “fuerte polarización”. Es decir que los 161 mil votos que perdió el FIT fueron a su adversario ‘predilecto’, Alberto Fernández, que cosechó 262 mil votos más que en las PASO. La pérdida de votos por una ‘polarización’ es una redundancia, o sea que no explica nada, porque siempre lo que se pierde va a otro. En este caso, la posición ‘antimacrista’ de Fernandez mostró su superioridad política sobre la del FIT.
Entre las PASO y las generales, se vivió una situación social convulsiva, empujada por un salto enorme de la inflación. En un escenario de huelgas y acampes piqueteros, el Congreso se reunió con el único propósito de sancionar la mentirosa “emergencia alimentaria”, una coartada para encausar la crisis social dentro de los cauces del régimen y aventar una rebelión en pleno proceso electoral. El voto de la izquierda a esta ley colocó al FIT-U en el carril de la “transición ordenada” y el “hay 2019” pergeñado por macristas y kirchneristas. Enseguida sus voceros reclamaron que Macri culmine su mandato y que atienda a las urgencias sociales.
El FIT-U no denunció la inviabilidad de las elecciones como canal de esta crisis, por el contrario, dijo que era el camino si se votaba a la izquierda. La campaña electoralista del FIT-U se inició hace dos años, cuando el objetivo de un “acuerdo integral” (electoral) se convirtió en la estrategia misma del PO y el FIT. Lo que terminó en un fracaso electoral fue una política electoralista. Por eso, el FIT ingresa en una severa crisis política.