El debate del debate del debate

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 Lucas Carrasco-. Los debates políticos generan el debate del debate: ¿sirven para modificar el voto o no?



La respuesta es no. Tampoco es un acto de republicanismo (pensemos qué pasaría si hubiera un candidato mudo o ciego, y lo de la ceguera no es menor, porque limita sus posibilidades televisivas) porque el lugar de deliberación de los representantes de la República es, en nuestro caso, el Congreso Nacional de dos cámaras: la de Diputados, que representan a la Nación y la de Senadores, que representan a las provincias.
Sin embargo, el republicanismo en argentina siempre fue invocado para justificar golpes de estado, de manera que es natural que la derecha se apropie de éste concepto y como nuestra derecha es tilinga y yanquililizada, al igual que que actual "izquierda de identidades", resulta que el debate presidencial pasa a ser la entelequia de no sé qué puta. Verso, puro verso. 

Los debates esencialmente televisivos (yo he tenido varios) generan la sensación de que uno lo ganó. Exactamente la misma sensación que tienen los seguidores del otro. De todas maneras, es poco importante lo que se diga. Vaya como ejemplo la aplastante derrota del peronismo en 2017 luego de que se revelara que Macri mintió descaradamente en el debate de 2015.

Lo importante es la postura, los gestos, la firmeza o no al hablar. No tener firmeza es una estrategia también válida. Todas lo son, depende del objetivo.
Pero es un evento esencialmente semiótico, no político. Incluso, es hasta una negación de la política.
No obstante y porque debo hacerlo, esta noche escribiré sobre el debate. Me voy a aburrir al mirarlo, pero luego, cuando haga la nota sobre el balance, voy a tratar de que no se note.