¡¡Déjense de joder con las ferias!!



Daniela Sánchez-. Hay ferias para todos los gustos, excepto para el buen gusto.



La cosa es más o menos así. A alguien, algún cerebrito del gobierno, se le ocurrió que como no hay plata para gobernar en Paraná, se podían hacer ferias. Entonces, se verían los logos del gobierno y tendrían presencia y parecería que están haciendo cosas. La idea no es mala. Pero se pasaron, ya rompen los quinotos.
Y creo que todo empezó con la Feria del Libro, que ya era una feria muy pobretona. La cosa gustó (a los gobernantes, la gente ni bola) y siguieron.
Lo lógico, después de haber hecho ese hermoso y gigante Centro de Convenciones en pleno Parque Urquiza, sería que las ferias se hicieran ahí. O en los tantos centros gubernamentales para la cultura que están casi siempre cerrados. Tienen más empleados que público.
El problema es que la gente no quería ir a esas ferias. Y entonces vino cerebrito y dijo: "vayamos a donde va la gente". Así, nos tropezamos con stand en cada lugar público de la ciudad. Y si no son stand son gente que vende algo. Comiéndose un pedazo de espacio público que por esa razón, pasa a ser privatizado.



La feriamanía enfermiza y caótica que invadió Paraná -desconozco si sucede en toda la provincia- acapara para el público general cualquier gusto particular. Así está la feria del libro, la de la colectividades, la de la cerveza, la del pancho, la del pancho con mostaza, la del pancho sin mostaza y así sucesivamente hasta el infinito punto rojo. Que seguro hay una feria que se llama Feria del Infinito Punto Rojo. Basta que uno tenga un hobbie -yo por ejemplo, me como las uñas- para presentarse no sé dónde, pero debe haber algún Ministerio de Ferias Estúpidas, para pedir que haya una feria de Uñas. Perdón, de Uñas Comidas. Que no es una comida típica de Entre Ríos sino que es universal pero se puede inventar cualquier cosa...¿Acaso no van los descendientes de europeos a un contrafestejo de la conquista española de hace 500 (QUINIENTOS) años? Por qué privarse entonces de hacer cualquier otra cosa.
Eso sí, como a mi Feria no va a ir ni el loro, porque el loro es inteligente y no se come las uñas sino que come con las uñas, hay que llevar la feria adonde va la gente. Yo me como las uñas por la noche: ¡ponemos la Feria en un boliche! No, mejor todavìa, llevamos la Feria a tu casa. Vamos con la policía, un cerrajero, que nos abra, instalamos el stand, el pan casero, las chucherías, los collares hechos a mano y nos quedamos un par de días en cualquier casa que nos guste. De casa a la Feria y de Feria a casa, sería el lema bien peronista.