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Vejez y políticas sociales


Joakito-. La sobrevivencia de los viejos, al ser un asunto de Economía política, requiere de soluciones que no son individuales y por lo tanto, deben asumirse colectivamente, ya que se trata de un problema que no es sólo demográfico. ¿Cómo se piensa la vejez desde las políticas sociales?

La política social a grandes rasgos puede ser definida  como el conjunto de objetivos, regulaciones, sistemas y entidades por medio de las cuales el Estado se dirige a crear oportunidades y fortalecer instrumentos en términos de la equidad y la integración social. Algunas de estas políticas sociales son de carácter focal, es decir, centradas en un determinado grupo de la sociedad que puede encontrarse en situación de vulnerabilidad, por ejemplo, los niños o los viejos.
Por lo general, la edad constituye el eje orientador de la política social, las acciones están dirigidas a grupos diferenciados por esta característica (niños,jóvenes y los viejos) sin tomar en cuenta en primera instancia las relaciones entre generaciones. La división de la sociedad en estos tres grandes grupos, supone que se encuentran asociadas a la edad condiciones de vulnerabilidad que deben ser atendidas a través de políticas públicas de protección a cada uno de los grupos ya mencionados.
La edad está vinculada con condiciones de dependencia, desempleo, discapacidad y enfermedad. Esa es la razón por la cual a partir de este eje, en un escenario de recursos económicos limitados, no se definen políticas dedicadas a los adultos, ya que su vulnerabilidad es menor en relación con otros grupos.
Satisfacer las necesidades de los viejos no tiene que ver sólo con lo material (alimentación, vivienda, salud) sino también con tener en cuenta otro tipo de necesidades como la necesidad de recrearse, de divertirse, de sentirse útiles, de participar en las decisiones políticas y de mantener, crear y recrear redes sociales, todo lo cual contribuye de manera importante en el mejoramiento de la calidad de vida en todos sus aspectos. De hecho, en el año 1991 la ONU estableció los “Principios de las Naciones Unidas en favor de las Personas de edad” donde reconocen a la independencia, la participación, la atención, la autorrealización y la dignidad entre otros conceptos para elaborar políticas sociales que apunten a la vejez, cambiando radicalmente como se entiende y se trabaja con la vejez.
Sin embargo, a pesar de estos principios, se suele pensar a las políticas sociales para la vejez solo desde el punto de vista de la seguridad social que respecto al componente que tiene que ver con las pensiones y jubilaciones en muchos países del mundo han dejado atrás el sistema de reparto que estuvo vigente durante la mayor parte del siglo XX, para convertirlo en un sistema de contribuciones definidas, administrado por empresas privadas y sujeto a la dinámica del mercado de valores. Derrotando las posiciones de quienes consideran que si bien la seguridad social debe reformarse, los cambios deben constituir lo que se denomina reforma paramétrica, que de manera fundamental significa incrementar la edad de retiro de la actividad laboral para hacerla compatible con los incrementos en la esperanza de vida de la población y aumentar las aportaciones que hacen los trabajadores y los empleadores a los fondos de pensión. En el caso Argentino, si bien hubo una época donde el sistema de reparto fue privatizado, sigue rigiendo el sistema solidario de reparto.
La vejez en Argentina, desde la óptica de las políticas sociales, empezó a tomarse en cuenta a partir de los gobiernos peronistas a mediados del siglo XX. Fue, precisamente, Eva Perón, a través de la Fundación que presidía y desde el Ministerio de Bienestar Social, quien propuso llevar adelante lo que se conoce como "Decálogo de la Ancianidad". Este Decálogo fue incorporado a la llamada Constitución Peronista de 1949 y es no sólo interesante, sino que si pensamos que la ONU recién en 1991 amplió los derechos de la vejez, resultó para la época una política de avanzada, ya que reconocía por ejemplo, el derecho al Cuidado de la Salud Moral, es decir que el estado debía asegurar el libre ejercicio de las expansiones espirituales, concordes con la moral y el culto; el  derecho al esparcimiento; el derecho a la Expansión, donde los viejos gocen de tranquilidad, libre de angustias y preocupaciones en los últimos años de existencia; entre otros derechos más.

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