HISTÓRICO GOLPE A LA PATRIA CONTRATISTA

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Por primera vez, se le permite a la prensa oficialista hablar de ellos


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Ser viejo y ser pobre: doble condena


Joakito-. ¿Qué pasa cuando a la vejez se le suma el factor de la pobreza?
En la vejez, la pobreza no solo tiene que ver con privaciones materiales sino que abarca otras dimensiones igualmente importantes, que llevan a la exclusión social, la cual aleja a las personas mayores de la vida regular de su sociedad, limitando sus posibilidades de participar en la toma de decisiones y en la planificación en sus comunidades. 
En los países pobres, toda una vida de exposición a problemas de salud hace que muchas personas lleguen a la vejez en un mal estado de salud crónica, lo cual es percibido como una condición de pobreza.
Ahora bien, la vejez es considerada a partir de los 60 o 65 años, aunque hay autores que señalan que la vejez en situación de pobreza tiende a hacerse más temprana, incluso por debajo de los 60 años.
Por otra parte, generalmente se conceptualiza a la pobreza a partir de los índices de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) y de la famosa Línea de Pobreza, pero los criterios utilizados para elaborar estos índices son insuficientes para poder medir la pobreza en la vejez porque muchos de esos indicadores no pueden aplicarse a la amplia mayoría de los viejos. Por ejemplo, entre los indicadores que marcan las NBI, el indicador basado en escolarización de los niños en el hogar no resulta adecuado, debido a que los viejos, por lo general, no conviven con niños. O el indicador de hacinamiento tampoco resulta adecuado porque los viejos suelen residir en unidades domésticas con pocos miembros.  El mismo motivo se aplica al indicador de subsistencia, que exige para su cálculo la convivencia de al menos cuatro personas. Por su parte, la línea de pobreza -medida de manera indirecta a través de la adecuación de ingresos al costo de una canasta básica de bienes y servicios para satisfacer necesidades básicas-  tampoco resulta óptima para la medición de la pobreza entre los viejos. Varios autores señalan que la canasta básica difiere en hogares donde residen viejos por la reducción de bienes durables y el incremento de los gastos en salud.
En cuanto a los ingresos en la vejez, hay que señalar, que a pesar del avance en la cobertura e inclusión previsional de los sectores sociales más vulnerables, las posibilidades de jubilarse continúan estando asociadas a la trayectoria laboral, y si se observa en la actualidad, podríamos pensar que Argentina es un país muy avanzado en protección social, de hecho, uno de los mejores de Latinoamérica. Sin embargo, los números estadísticos en la Argentina (extraídos de la Encuesta Anual de Hogares Urbanos, de datos de registro (AFIP), y de la Encuesta Nacional de Protección y Seguridad Social) señalan, por ejemplo, que en el año 2017, una de cada 8 personas en edad de jubilarse (varones de 65 años y más y mujeres mayores de 59 años) no percibía ingresos por jubilación ni pensión. Y a su vez, el hecho de que casi la mitad de los beneficiarios del sistema previsional tenga una jubilación por moratoria, muestra las enormes dificultades de los viejos para conseguir una jubilación ordinaria. Pero además, estar jubilado es más frecuente entre los hombres que entre las mujeres, como así también existen muchas brechas regionales: en la Ciudad de Buenos Aires, las chances de jubilarse superan el 90%, mientras que en el Conurbano Bonaerense son del 70,8% y en las ciudades medias y grandes del Interior se ubican entre el 76,5% y el 81,3%. Estos datos corresponden sólo a los viejos que accedieron a una jubilación, pero existen también, una gran cantidad de viejos que dependen de la asistencia otorgada por el Estado Nacional a través de la Pensión Universal para el Adulto Mayor, que lejos de ser una medida que los beneficia, los sentencia a la pobreza, pues implica un haber aún más bajo que la jubilación mínima (el monto corresponde a un 80% de la jubilación mínima), no es transferible (es decir, no genera derecho a pensión por fallecimiento), no se puede cobrar junto con otros beneficios, y de hecho significa una elevación de la edad jubilatoria de las mujeres de 60 a 65 años.

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