La selección argentina de básquet y los equipos humanos del futuro



Andrés Pallaro-.Hace años que sabemos de la relevancia de los equipos para el logro de objetivos y resultados. Diseñar, organizar, gestionar e inspirar equipos humanos es tema clave en el repertorio del Management. Lo será aún más en el futuro. Las tendencias convergen: será la capacidad de funcionar de forma armónica en equipos de trabajo lo que definirá gran parte de las posibilidades de resolver problemas y conseguir resultados en entornos más complejos e impredecibles.

La tecnología dirá presente en todo lo que hagamos y nos expondrá el desafío de cómo danzar con ella, aprovechándola. Las ventajas competitivas se harán cada vez más exiguas dado que todo será fácilmente copiable. Los consumidores serán más infieles y autónomos. La educación emocional nos hará más conscientes de todo lo que nuestros cerebros generan. La vida será mucho más larga y con ella la cantidad de experiencias que acumularemos. Las personas se seguirán moviendo cada vez más por el mundo, con moradas transitorias. El trabajo ya no será un lugar al que iremos para cumplir con una rutina diaria sino tareas y proyectos flexibles, móviles y cambiantes.

Así, integrar y funcionar en equipos será un desafío supremo, para el cual deberemos esculpir nuestros talentos y enriquecer nuestras habilidades constantemente. En este contexto, la Selección Argentina de Básquet que acaba de consagrarse Subcampeón en el Mundial de Pekín, nos deja muchos aprendizajes de cara a los equipos del futuro:

  1. Liderazgo expandido y distribuido: a partir de sus roles y especialidades, todos los integrantes del equipo asumirán instancias de liderazgo. Se romperán moldes, porque todos inspiran, convocan, anticipan y protagonizan. No habrá caciques y seguidores. El liderazgo será un fenómeno líquido que se puede desarrollar, y al democratizarse, potenciará exponencialmente al equipo. Scola y Campazzo sobresalen, pero no concentran todo el liderazgo en este notable equipo.

  1. Diversidad de orígenes, edades y personalidades: ya no será una rareza integrar equipos de máxima diversidad. Será una constante y casi un requisito para generar innovación y resultados. Las personas somos cada vez más distintas, se derriban mitos y tabúes que invitan a mezclarnos. Seremos globales y muchos, cosmopolitas. Argentina en Básquet refleja esta diversidad en edades, provincias de origen, trayectorias y muchas otras variables.

  1. Propósitos y valores: cada vez más, buscaremos sentido a lo que hacemos. Los equipos con propósitos y valores compartidos serán una realidad cada vez más expandida a partir del creciente impulso humano a transcender lo inmediato, calibrar el valor del dinero y enriquecer nuestros espíritus a partir de creencias compartidas. Enriqueciendo el legado de la Generación Dorada, el equipo nacional de básquet es campeón en esto: poner el básquet argentino bien arriba compitiendo con lealtad y disciplina es un propósito compartido que abre mundos.

  1. Egos gestionados y capacidad de recambio: todos buscaremos expandir nuestras habilidades y ser buenos en lo que hagamos. El ego es un riesgo al que estamos expuestos. Nos traiciona cuando es desmedido, nos engaña de opulencia. Sentirnos parte de un todo, relevantes pero finitos, nos humaniza. Y habilita recambios y rotaciones sin traumas. Ver, una vez más, estrellas del Básquet mundial con Scola a la cabeza, con sus egos calibrados al tenor de la celeste y blanca, es admirable.

  1. Ciencia de datos y decisiones basadas en evidencia: la intuición será siempre una herramienta humana, pero bajará su peso a fuerza de la data abundante. La ciencia de datos estará en todas nuestras pantallas y nos invitará a tomar decisiones más fundadas en muchas situaciones. Esto vive en el básquet, con sus métricas e intensidad permanente. Y vive especialmente en nuestro equipo nacional, donde las mediciones generan decisiones tácticas transparentes bajo la guía de un entrenador sensible a ellas.

  1. El fallo y el error no se penalizan ni afectan la moral: es relativamente fácil profesar que el error no debe castigarse, pero es mucho más difícil hacerlo en el fragor de la acción. Ante la velocidad del cambio y la expansión de la incertidumbre, conviviremos con el error y el aprendizaje que conlleva. Argentina tuvo un torneo brillante, pero en la final contra la magistral España demostró tolerancia al error, capacidad de reparar y reservas morales para aguantar unidos un desenlace desfavorable.

  1. Métodos ágiles y conversaciones de calidad: no habrá tiempos laxos para diseñar estrategias y ejecutarlas. Todo será ágil. Springs cortos y efectivos. Ganar en velocidad sin sacrificar calidad de las conversaciones. Ágiles y empáticos será la consigna. El básquet transcurre en extrema intensidad, todo es ágil. Pero las conversaciones acompañan todo el tiempo, en los minutos de corte, entre cada cuarto, en las previas y post partidos. Argentina nuevamente ha pasado esa prueba con creces.

  1. Humildad y compromiso con aquello que menos brilla: habrá nuevas tareas y roles en los equipos humanos. Mucho lo hará la tecnología, pero nos quedará más por hacer, aunque distinto. Menos etiquetas de roles luminosos. Más responsabilidad en tareas, a veces poco visibles, sin la prepotencia de los organigramas. Pero muy necesarias para el conjunto. La destreza y el compromiso aplicada a marcar a los rivales, menos estelar que encestar triples, ha sido un gran ejemplo en nuestra Selección.

  1. Flexibilidad y entrenamientos personalizados: los equipos tendrán sistemas flexibles para funcionar, integrantes con distintas aportaciones, mucha autonomía para ejecutar según la hoja de ruta compartida y el desarrollo continuo de habilidades se adaptará al perfil de cada uno. Argentina en básquet respira ese ambiente que brinda confianza a las personas y no peca de reglamentar en exceso. Y el entrenamiento personalizado que cada jugador ha tenido para llegar óptimo a la competencia será una constante en los equipos del futuro.

  1. Disfrute y enriquecimiento personal: los equipos serán sustentables y exitosos en la medida en que faciliten las emocionalidades positivas de las personas. No hay bienestar posible para las personas si no lo hay en los equipos que integramos. Integrarlos nos hace mejores, en muchos aspectos. Y en el futuro, donde trabajo y ocio sean categorías más fluidas e interdependientes, los equipos serán fuente de satisfacción y alegrías. O no serán. Los rostros, los festejos, los rituales del equipo nacional de Básquet hablan por sí solos acerca de cuanto placer hay en el mismo.

Aplausos para nuestra selección de Básquet. Orgullo deportivo, pero también faro que alumbra el diseño de los equipos que protagonizarán nuestras vidas en el futuro.



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