Hacia un mundo de hombres solos



Lucas Carrasco-. Quizás, solo quizás, vamos hacia un mundo de hombres solos. Hombres y mujeres reconfortados con las últimas micromaquinarias, con una calidad de vida que jamás soñaron nuestros ancestros, de pronto se ven con el umbral de sufrimiento subiendo como una curva financiera.

El sufrimiento psíquico inmanente al ser humano, la sola conciencia del existir que es el origen del dolor, quedarán mas desguarnecidos antes hombres con la panza llena, atiborrados por la industria del entretenimiento, medicados para ser feliz, estupidizados en el mundo de las particularidades identitarias: no hay nada más estúpido que creerse que la hamburguesa de la vida lleva los ingredientes que vos querés. Que está personalizada. Que estás eligiendo. Que estás ejercitando la gimnasia del Buen Consumidor. Que sos, en suma, el hombre en su estado de naturaleza: el Buen Consumidor. El alegre Buen Salvaje.

La soledad es el antagónico de la colaboración, que es lo que distingue al ser humano del resto de las especies. Una dialéctica hegeliana entre el ser y el estar: la conciencia del yo, particular en el universo y la necesidad de estar con los demás. Cuando esos demás son aparatos, extensiones del ser como los teléfonos, los televisores, los sensores, los órganos artificiales que muchos llevan en el cuerpo, las pastillas, el conocimiento acabado de los procesos digestivos, etc, la conciencia del yo se diluye porque se diluye su antagónico, aquel que le da sentido a la conciencia del yo: el espíritu colaborativo, el estar con Los Otros, aquellos fantasmas que a lo largo de la historia fueron construyendo el mundo que habitamos.

¿Cómo será ese mundo de hombres y mujeres solas?

No lo sé.
Pero no creo que sea tan malo. Ni tan diferente.