El kirchnerismo y la cigarra





Gerardo Pressman-. Resucitado entre tantas veces como entre que lo mataron, el kirchnerismo, está pronto a volver al poder. Renovado y acorde a los nuevos tiempos. Como el peronismo, así de simple.



Dar por muerto al peronismo es un ejercicio catedrático que se viene ejerciendo desde la fundación del propio peronismo. Muchas veces, sobretodo en estos últimos tiempos, se hizo desde dentro del campo nacional y popular. Con buenas intenciones incluso. Pero otra vez volvieron a fallar. Aún cuando muchos diagnósticos tengan razón: la disminución del peso del sindicalismo en la vida nacional, la debacle de la industria, la globalización cultural, por citar los ejemplos más recurridos y reales, porque no es cuestión de dejar de mirar estos fenómenos sociológicos que están a la vista de todos.
Pero sobre todo fue desde el campo adversarial al peronismo desde donde, con tesis renovadas, lo dieron por muerto. Me refiero a Marcos Peña y Duran Barba, quienes sostenían que el individualismo actual era tal que ideas viejas como "comunidad organizada" y otras propias de la estructura del peronismo, ya no tenían valor. Le erraron.
Suerte que ahora es un debate intelectual, no una persecución sistemática como las que ha sufrido el peronismo a lo largo de su historia, aún cuando queden algunos vestigios de esa alocada y reaccionaria persecución.

Al peronismo, el kirchnerismo lo reconcilió con un sector de las capas medias, lo insertó en las demandas populares del siglo XXI y lo llenó de una militancia juvenil como no se veía hace décadas.
Resistió la avalancha de Macri, la estigmatización sistemática de los medios de comunicación del régimen, la traición de tantos exkirchneristas que de pronto se amigaron con el adversario que los maltrataba, sea Clarín o Macri. Y también la diáspora o alejamiento crítico por el sectarismo que impregnó, sobre todo la última etapa, La Cámpora. Que parece haber aprendido la lección.
Esa camada es la que vuelve. Curtida, más madura, menos sectaria, dentro de un frente amplio como en las mejores tradiciones del peronismo, pero sin un conductor decidido, dado que Cristina renunció a ese lugar para dar paso a la renovación K y Alberto aún está verde como conductor, si es que alguna vez quiere formar algo propio por fuera del kirchnerismo. Hoy por hoy, parece difícil. Aunque algunos amigos se aventuren a darlo por hecho, poniendo como antecedentes del peronismo a los propios Kirchner con Duhalde.
Es difícil que esa ruptura se de en la coyuntura actual, pero es válido pensarla. Siempre teniendo en cuenta que, perdido por perdido, los medios del régimen tratarán de cavar un pozo sobre las eventuales discrepancias normales de una fuerza política tan amplia y con conductores de carácter fuerte.