El fracaso del Partido Evangelista



Osvaldo Quinteros-. Con los ánimos insuflados después de triunfar con Trump y Bolsonaro, los evangelistas argentinos, organizados en torno al no al aborto, fracasaron en su debut electoral.



Venían eufóricos de Brasil, donde a Lula le pusieron, al igual que a Gómez Centurión, ni más ni menos que el vicepresidente. Y luego apoyaron a Bolsonaro. Venían contentos con Trump, cuya vida libertina no consideran obra del diablo sino mentiras de los medios hegemónicos.
En Argentina fueron los más activos en militar contra el aborto, sobre todo en las grandes ciudades. Se destacaron y llamaron la atención a una clase política y periodística que solo se mira el ombligo. En las ciudades pequeñas, por ejemplo en las de Entre Ríos, fueron los católicos los que cargaron la cruz con la que querían crucificar a los "aborteros".  La impresionante "marea verde" a favor del aborto tuvo su correlato contrario, cuyo poder de movilización fue quizás más acotado, pero más cohesionado y federal. Era y es un fenómeno para tener en cuenta. Más allá de este debut fracasado.



A priori, la fórmula de Gómez Centurión parecía interesante: unir carapintadas con evangélicos, dado que la iglesia católica hace rato les soltó la mano (a ambos). La fórmula tenía algunos drenajes "por izquierda" con Espert, que está a favor de algunas libertades individuales históricas del liberalismo (como el aborto legal) y por derecha con el nazi Biondini, el sí, ultracatólico. Pero llevaba como vice a un histórico carapintada.
La combinación parecía unir las reivindicaciones de la vieja derecha -Gómez Centurión venía de ser funcionario de Macri- con los jóvenes de derecha. En el pizarrón de la sociología electoral, sonaba bien, pero no para el sistema electoral argentino, que está formateado para ser bipartidista desde la reforma constitucional que pactaron Alfonsín y Menem. Esta reforma constitucional, con sus más y sus menos, nos salva de tener un Bolsonaro. Tenemos un Macri, que al lado de Trump y Bolsonaro, es el Che Guevara.
Sin embargo, si uno sigue el rastro del "voto carapintada" comprobará que hicieron una mala elección. El ex dictador Onganía, que murió siendo candidato a presidente en el 95 del siglo pasado, medía el triple de lo que sacó Centurión. Y eso que en esas elecciones, el batacazo lo dio el MODIN, del carapintada Aldo Rico. Y se presentaba un secuaz de Seineldín, un entrerriano, de La Paz, que iba secundado por el actual candidato a vicepresidente del nazi Biondini.

Al igual que la otra versión de ultraderecha -el mundo es redondo, si te vas muy a la izquierda aparecés por la derecha- la paranaense del MAS que fue candidata a presidente, Gómez Centurión quiso subirse a la ola verde, pero en su versión contraria. Le fue mal. A ambos. Ese intento de apropiación de demandas mayoritarias y transversales a los partidos, no funciona en Argentina. El monotema del aborto se los demostró tanto a Gómez Centurión como a Manuela Castañeira.
En general, a la Argentina no le gusta extrapolar gente de movimientos sociales a la política.