Muere el kirchnerismo. Nace el Albertismo.



 Lucas Carrasco-. Con independencia de los trucos de magia que el gobierno nacional, a través de la sospechosa y cuestionada empresas encargada de decidir difundir los datos provisorios de las PASO, la realidad, cuya esquiva letra chica recién se conocerá cuando esté el escrutinio definitivo, las elecciones primarias abren un escenario de una nueva argentina, así sea que termine imponiéndose el actual oficialismo nacional (algo improbable, pero repito: habrá que esperar el escrutinio definitivo), cuya composición política, económica y de clase varió con el ejercicio del gobierno. Esto lo simboliza la candidatura a vicepresidente de Pichetto.

A su vez, cambió la composición del peronismo, simbolizada en el final del kirchnerismo que Cristina Kirchner entendió  antes que cualquiera de sus adeptos, incluso los más inteligentes.
Este peronismo tiene mucho de "gobernadores", lo que en criollo significa oligarquías provinciales, mantenimiento de la política exterior -con menos énfasis en países irrelevantes para Argentina, como Irán o Venezuela- y de la política financiera, aunque con mayor sensatez. Los bancos saben que la derecha gobernante los lleva a un Plan Bonex: a la incautación de los depósitos y el default. No por eso son racionales. Pero el triunfo de Alberto Fernández por una mayoría superior a la que seguramente informe el gobierno en el "escrutinio" provisorio, quizás sea un tiro en el pié del macrismo, pues evitaría una corrida cambiaria, una disparada del dólar (que igual subirá pero a menor ritmo) y sobre todo, una suba de los seguros contra el default argentino que cotizan en Wall Strett. Lo que pase con el Riesgo País es irrelevante porque pasado cierto umbral, que Argentina ya duplicó, se cierra el financiamiento privado.

Lo que viene a partir de ahora es la semilla que germinará  partir de marzo del año que viene, cuando ante una asamblea legislativa el presidente Alberto Fernández con Cristina al lado anuncie el programa de salvataje al mercado financiero. ¿Habrá rebeliones en el peronismo K? Difícil, en La Cámpora trataban de "agente de la Embajada" a Massa, "agente de Clarín" a Alberto y de trola a Victoria Donda. Si Donda, Alberto y Massa demostraron tener menos dignidad que un conejillo de indias, los cuarentones de La Cámpora no le van detrás, aún cuando, con inteligencia, Cristina eligió a los más boludos y brutos para que le hagan caso sin chistar. La única excepción es Kicillof, que fue un pésimo Ministro de Economía (comparado hasta con Boudou), un gran candidato y quizás un buen gobernador. Pero no tiene muchas opciones: la provincia de Buenos Aires no cobra impuestos (como Entre Ríos) a los ricos, Kicillof no es ningún izquierdista así que se sumará al albertismo a la primera de cambio.
Mientras tanto, los grandes poderes de facto -incluido y sobre todo, el Partido Clarín- exacerbarán la interna de Alberto con Cristina, quien por ahora está más preocupada por la grave enfermedad de su hija, que la tiene en terapia intensiva durante casi un año porque una noche tuvo ataques de pánico porque mamá y papá le regalaron algunos millones de dólares.

Desarmar las Leliqs se presentará como una gesta nacional revolucionaria, pero es la condición de posibilidad para que el país no estalle en pedazos. De todas maneras, no está escrito en el cielo que Alberto pueda o sepa hacerlo. Lo que está claro, es que el corrupto e incapaz de Mauricio Macri no puede.
Alberto tendrá que ser generoso con los cargos públicos para contener al progresismo porteño y hacer una política económica de derecha moderada. El peronismo acompañará porque no tiene opciones y tras el estrepitoso fracaso del Peronismo Federal, harán cola para suplicar clemencia porque a nadie se le escapa que el único partido político del mundo que tiene un solo día al año para homenajear la voluntad, el resto de los días se dedica a la traición y la venganza. Por eso el peronismo es tan entretenido.

Las múltiples demandas que se le presentarán con urgencia a Alberto podrá sortearla solamente armando el albertismo, tal y como hizo Néstor Kirchner. A la vez, necesitará, como Macri hoy, sacar la economía del debate nacional: aborto, legalización de la marihuana, inmigrantes, leyes mágicas a favor de la paz mundial y los trabajadores, formarán parte del menú, mientras que necesitará construir un adversario que sea idiota en serio, no que lo parezca. Error comprensible que cometieron los Kirchner cuando vieron al hijo de Franco Macri tartamudear allá por el 2003.

Los cambios no serán grandes ni grotescos. Las pujas internas acaparán la atención de todos y una eventual guerra a cielo abierto en el peronismo minimizará el rol de la UCR, la psiquiátrica Carrió seguirá charlando con Dios y el PRO volverá al punto de partida: un partido municipal, esta vez conducido por un estadista que tiene un enorme futuro dentro de la derecha argentina, el actual alcalde Horacio Rodríguez Larreta. Habrá que ver qué pasa con Vidal, uno de los principales cuadros políticos del país junto a Cristina Kirchner, Rodríguez Larreta y Juan Schiaretti.


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