Una cachetada en ambas mejillas




Jorge Ballay-. De pronto la realidad hizo estallar la cachetada en ambas mejillas del relato conservador. La gente, de ser el rebaño que Mauricio Macri y Heidi cuidaba; de pronto el pueblo hizo tronar el escarmiento y nada fue igual. No fue igual porque ya no contaban con el beneficio de la duda -como dejó dicho, indeleble en la memoria colectiva, el General aquel. PERÓN.

No fue igual, quizá porque como sabiamente explicó Bertold Brecht "primero la comida, de ética hablamos después" pero eso no es todo.
Ahora escucharás a triunfadores y derrotados. Festejando o explicando cómo van a cambiar el destino marcado por los ciudadanos. Ninguno de ambos tendrá derecho a sentirse dueño de tus decisiones, ni lo asiste a ninguno de ellos -deben comprender- la posibilidad de mentir para sumar. Hasta la alquimia engañosa de mentir para sumar.
Hasta la alquimia engañosa de los medios informáticos amañados se cayó a pedazos con el simple ejercicio de la voluntad popular. Porque una cosa es una derrota electoral y otra muy diferente el papelón sufrido con las fallas del sistema, de anunciada y probada vulnerabilidad, que ellos mismos contrataron y propagandizaron como el avance de los atrasados ignorantes.
Los números son mera matemáticas, son una forma legítima para cuantificar, pero invalida para entender las decisiones populares. Unos dirán que en la primera vuelta la historia quedará sellada, otros intentaran quedarse con lo poco que sumó un tercero y arrimar a los que no fueron; los trotskistas como siempre señalarán que todo es lo mismo (si no son ellos) y la decisión la tendrá el ciudadano.
Fernandez y Fernandez son indudablemente los más beneficiados electoralmente y los beneficios se capitalizan sólo en la medida que den tranquilidad y respuesta a los votantes. El nerviosismo de los comunicadores que durante este tiempo militaron el proyecto conservador, con derecho y sin beneficio de inventario, fue llamativo. Se mostraron más nerviosos que los propios dirigentes derrotados. Durante casi 45 meses trataron de hacernos creer que estábamos construyendo el mejor futuro. Pero "Volver al Futuro" es una película de ciencia ficción y los que se la creyeron real fueron sus progenitores, sobre todo porque los otros , la gente, como suelen llamarlos, no eran meros espectadores.
Volver a la Argentina del Centenario, primarizada, agroexportadora como única alternativa, manejada por un puñado de familias patricias en la Capital del puerto y sirviéndose del esfuerzo de los criollos trabajadores condenados a la indigencia, no es una propuesta factible, aunque perdure en la memoria de muchos.
Esta vez el hijo pródigo encargado del plan, era el primogénito varón de un expulsado de la Ndrangheta, la mafia calabresa, con una descendiente venida a menos de los Blanco Villegas (financistas del genocidio patagónico de Roca) casi el ideal soñado en los festejos del Centenario en la Rural porteña. Sueño igualmente extinguido como posibilidad, siglo después de aquel brindis.
El mismo Brecht, antes citado, escribió cuando la caída de los nazis (sin que esto sea una comparación y dándole el valor metafórico que debe tener): "Señores, no estén tan contentos con la derrota (del contendiente). Porque aunque el mundo se haya puesto de pie y haya detenido al bastardo, la Puta que lo parió está caliente de nuevo".

El destino de los pueblos se construye en largas batallas culturales, buena parte de ello ha mostrado la Argentina este domingo, pero es sólo el comienzo del camino.
En tanto los que  preparan las valijas para la partida previsible, más allá de prestar alguna resistencia, deben saber que la derrota es la viuda de los héroes que nadie venera y los socios a los que dejaron de lado por inútiles u obsecuentes, se transformarán más temprano de lo esperado en sus más críticos detractores: es parte de la supervivencia, aunque la cuesta política a remontar sea larga.   

Nosotros leemos ésto: