¿Qué NO DICEN las encuestas?



Lucas Carrasco-. En estos días es mejor no salir mucho y apagar el teléfono. Porque con quien me cruzo me pregunta por las elecciones. Como si tuviera la bola de cristal y supiera qué va a pasar en el futuro inmediato.

Es cierto, hay encuestas. Muy pero muy pocas dado que las encuestas serias son carísimas y solo se las pueden permitir los empresarios extranjeros, especialmente, la banca extranjera. Y no andan regalando los insumos (como los encuestadores pretenden de los encuestados: que le digan la verdad y gratis).
Siempre recuerdo una anécdota. Era el año 2003. Yo trabajaba escribiendo y en una radio a las 6 de la mañana, una crueldad absoluta. Meses antes de las elecciones -en ese entonces, no había PASO y fueron elecciones presidenciales atípicas por razones que no viene al caso explicar en esta nota-  conversaba con un operador polìtico de Elisa Carrió, hoy convenientemente kirchnerista pero un hombre muy inteligente. Y culto. Que me sorprendió por el comentario procaz y leve, ante mi comentario de que posiblemente Adolfo Rodrìguez Saá (yo voté por Néstor Kirchner) sería el próximo presidente. Es lo que marcaban, por lejos, todas las encuestadoras. Primero Rodríguez Saá, segundo Menem y quizás, solo quizás, hubiera balotaje.
Este operador político me contestó: "en Argentina, nadie va a votar a un tipo que se mete un consolador por el culo".

Años atrás, a fines de los noventa, en un confuso episodio, Adolfo había sido grabado en un motel con dos minas y él, efectivamente, usando un consolador. La movida olía a servilleta pero, como dice mi amigo el escritor Martín Rodríguez, en Argentina separar la Iglesia del Estado es más fácil que separar al periodismo de la SIDE. Los medios menemistas le dieron amplia cobertura. Los medios de Clarín, que ya no necesitaban nada de Menem, pero aún no se habían peleado con Rodríguez Saá, no le dieron pelota. Días atrás Adolfo había lanzado su candidatura presidencial contra Menem y contra Duhalde. Se suponía que Domingo Cavallo, ya archienemigo de Menem, dejaría de hacer turismo por Tribunales para ser su candidato a vice.
Luego de ese episodio sexual, los medios menemistas (todos los que luego fueron UltraK) silenciaron el asunto. A las semanas, apareció por videoconferencia -toda una novedad para la época- en el programa de Mariano Grondona por TV, Adolfo, gobernador de San Luis. Despotricó contra Cavallo y Duhalde, elogió a Menem y propuso llevar al Gran Hermano Eduardo Menem en su fórmula.
Asunto arreglado. Clarín lo masacró y difundió lo del consolador y el trío.
Volvamos al 2003 y a la charla con este operador, que fue en el kiosco de diarios de la entonces avenida Rivadavia y Buenos Aires, en Paraná.
Efectivamente, tuvo razón: Adolfo no fue presidente, salió cuarto o quinto en elecciones muy parejas, Menem arrasó pero se bajó del ballotage y lo demás es historia conocida.
El asunto es que Adolfo no fue presidente, ahora bien: ¿no lo fue por el asunto del trío y el consolador? Lo dudo mucho, era un episodio olvidado y la sociedad, no es tan pacata como muchos, la mayoría, de los políticos profesionales creen. Incluidos los que trabajan de antisistema a lo Espert o Del Caño.

 Acceder a las encuestas serias es extremadamente difícil. E interpretar correctamente una encuesta, más.
Un estudio de investigación del voto no se mide por la cantidad de casos. Sino por lo exhaustivo de las distintas metodologías a emplear -las encuestas son solo una, sean presenciales o no- y por una correcta interpretación del enmarañado sistema político argentino. Es un laburo que, fácil, te lleva toda una tarde leer y entender. Porque un estudio de este tipo no tiene menos de 300 páginas.

De tal manera que tal o cual encuesta puede acertar, pero por los motivos equivocados.
Generalmente, cerca de las elecciones, los encuestadores acceden a los estudios serios y los copian.
Desde la muerte del único que hacía encuestas reales, el sociólogo Manuel Mora y Araujo, y el fallecimiento o el retiro de los grandes semiólogos que sabían interpretarlas, solo queda Hugo Haime, a quien ahora todos les copian los números. Pero por cuestiones de dinero, las investigaciones son reducidas.
Porque Haime trabaja para el peronismo y las encuestas se pagan, para burlar la ley electoral, a través de empresarios. Los empresarios mercadointernistas no tienen mucho dinero ni mucho interés en apoyar decididamente a nadie, como era antes con el peronismo. Por un dato sociológico que ha sido muy bien estudiado por uno de los mejores economistas argentinos, Eduardo Basualdo, quien creó la categoría "oligarquía diversificada" para definir lo que el sociólogo Ernesto Villanueva definió con buena síntesis: en los setenta, la sociedad argentina era heterogénea por arriba y homogénea por abajo. Luego de la dictadura y el menemismo, es a la inversa: homogñenea por arrriba y heterogénea por abajo. Tanto arriba y abajo son metáforas de la pirámide de ingresos y clases sociales o deciles.
Por ejemplo, Ratazzi, fiscal de Cambiemos en La Matanza en 2015, pierde plata con sus autopartistas, pero gana con la timba financiera. ¿En qué rubro lo metemos, industrial o financiero? ¿Lo financiero lo ponemos dentro de los servicios?
Una de las cooperativas más grandes de la Argentina, que no paga impuestos porque es la "economía social" y tiene su sede en Santa Fe, muestra como rubro principal el agropecuario. Pero sus balances muestran que ganan plata vendiendo seguros de todo tipo. Y si da pérdida el rubro principal, da muchas ganancias las terciarizaciones y empresas que brindan servicios a la cooperativa. Los dueños de esas empresas son los gerentes de la cooperativa.
Bienvenidos a la Argentina del capitalismo salvaje, diría Del Caño. O a la Argentin socialista, diría Espert.
Lo curioso es que ellos dos tengan razón.

P/D: por si a alguien le interesa mi posición política, voto la boleta completa del Frente de Todos.