HISTÓRICO GOLPE A LA PATRIA CONTRATISTA

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Por primera vez, se le permite a la prensa oficialista hablar de ellos


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La verdadera historia de la causa de la Vaca



Lucas Carrasco-. Investigación exclusiva. Las increíbles novedades alrededor de la principal causa de corrupción contra Urribarri, Pedro Báez y Juan Pablo Aguilera.


El día 12 de agosto de 2019 fue un día raro: en pleno invierno. había un hermoso sol y se podían ver por las veredas los escotes de las muchachas, que uno después de tres meses de frío, empieza a extrañar. Además del pasto reverdecido, de incluso algunos mosquitos, la ciudad de Paraná estaba algo más sucia de lo habitual, por las elecciones primarias del día anterior. Había muchas boletas tiradas. Otros, que un día antes eran campeones, hoy ya eran boleta.

-Las elecciones no tienen nada que ver con este impresionante vuelco de la causa de La Vaca- me aseguró, una y otra vez, un fiscal de elegante traje a medida, cara de suficiencia y esa pose militar de la columna vertebral que tienen todoooosss los fiscales que puso Uribarri cuando era Artigas gobernado Entre Ríos. No tiene nada malo, ni de particular. Pero el caso es que todos los fiscales varones tienen una postura de la espalda tan correcta que a veces uno se tienta a hacerles un saludo militar. Yo no se lo hice, cuando me lo encontré al Fiscal (que pidió reserva de su nombre), porque no sé si el saludo militar, la venia, se hace con la derecha o con la izquierda. Presumo que debe ser con la derecha, pero no lo sé, me siento como Macri haciendo la señal de la cruz.
El asunto, muchaches, es que el Fiscal -o fiscalete, para darle carácter inclusivo- me contó cómo cambió la causa. De repente. De manera inesperada.
Ahora se descubrió que los carteles publicitarios que al principio la justicia creía que no estaban y se facturaba un trabajo invisible, los pegó directamente el Doctor Juan Pablo Aguilera con el Doctor Gustavo Tamay. De hecho. detrás del Dr Aguilera, iba por las rutas entrerrianas en su zanellita, el Dr Gustavo Tamay.. No utilizaban, para las certificaciones, Google Street porque ellos mismos eran más escrupulosos y crearon, con Pedro Báez, un sistema de doble verificación, porque estaban interesados en que la cartelería esté, para promocionar la candidatura presidencial de Urribarri. Que finalmente no fue.
Según los datos que trascendieron a partir de la profundización de la investigación en los últimos días, los carteles fueron impresos en una imprenta que en principio se creyó que era del Dr Aguilera, pero ahora se descubrió que pertenecía a Atilio Benedetti, a quien no llamarían a declarar porque al probar ésto no hay delito alguno.
-¿Seguro que no fue la contundente paliza del kirchnerismo lo que cambió el parecer judicial?- insistí. Entonces, tratando de convencerme, me contó algo superconfidencial.


En una casa cuya ubicación desconozco, dado que es un casa de seguridad militar, se encuentra alojada la principal testigo, que a su vez está dentro del régimen de los arrepentidos, que en Entre Ríos no existe por ley pero sí por uso y costumbres.
Se trata, la testigo reservada, de una vaca. La señora vaca -una especie de Leo Fariña y Marcelo D Álessio después de un par de rayas de merca- primero no quería decir ni mu. Siguiendo el Código Procesal de tradiciones y costumbres, a la vaca la torturaron en una unidad penal a través de los narcos presos que están para todo servicio. Sin embargo... La vaca seguía sin hablar. Apenas si rumiaba de tantos golpes.
Los investigadores empezaron a sospechar que la vaca procedía de un feedlot, con lo cual el sistema carcelario entrerriano le parecía un hotel 5 estrellas. Hicieron gestiones en los Estados Unidos -de paso, se quedaban con algunos viáticos- para poder llevar a la vaca a Guantánamo. Y ahí es donde empezaron a sospechar. La vaca, para los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, era sagrada. Apenas llegaron a EEUU, en el aeropuerto, cuatro inmensos patovicas rubios y de gafas aparecieron con turbantes y se presentaron como budistas. Dijeron, secos, que las vacas son sagradas.
Sin nada más que hacer en los Estados Unidos, a los tres meses los investigadores judiciales entrerrianos se volvieron a Argentina.




Pero un día, todo cambió.
La vaca estaba sentada en los pasillos de Tribunales en Paraná y pidió permiso a los que la custodiaban -la División de Pastores de la Policía Provincial- para ir al baño. De camino, vio a un juez roncando en su despacho con la puerta abierta. Amable, la vaca, fue a cerrar la puerta y ahí lo vio TODO: había una TV encendida mostrando el triunfo contundente de Alberto Fernández.
Se les fueron las ganas de mear, volvió con los canas y les pidió que la lleven con el fiscal, porque esa vez sí iba a hablar. La declaración indagatoria de la vaca sorprendió a todos.

-Hasta ahora, no había hablado porque lo tenía prohibido. Yo soy un agente de la CIA. Y aunque soy famosa mundialmente, nadie conoce mi verdadero trabajo. La CIA logró infiltrarme en una empresa de chocolates, llamada Milka, que me pintó de violeta y me llevó a los alpes suizos. Desde ahí, yo podía monitorear el dinero del narcotráfico, la corrupción, las cuentas de Máximo y Nilda Garré, la trata de personas, la venta de armas en el mercado negro y los chocolates que se iba a comprar Nicolás Bachetti. Pero los servicios secretos de Suiza, comenzaron a sospechar, "qué hace acá una vaca violeta", se preguntaban. Una vez que fui descubierta como agente, perdí mi trabajo y me vine a Entre Ríos, donde primero me ofrecí como investigador privado para Daniel Enz, pero el copia expedientes en acuerdo para que los fiscales al otro día, en tiempo récord, hagan las imputaciones, así que no me necesitaban. No tenía trabajo, fue por eso que decidí dedicarme al modelaje.  Por eso es que aparezco en dos fotos de certificaciones de carteles del gobierno de Urribarri: tenía la esperanza que me contrataran como modelo. ¿Me entiende Su Señorí... Señor juez...¡Ey, despierte!
-¿Eh?¿Qué?
- Le estaba explicando..., bueno, se la hago corta: 48% a 32%.
-Este Tribunal la declara inocente a la señora vaca.
-Thank you. Bueno, me voy a ir yendo que tengo que cocinar...
-Disculpe las molestias, señora Vaca.
-Todo ok, man.

Nosotros leemos ésto: