Historia con dentistas


 Mercedes Derna Viola-. Cuando terminaron las clases, en junio, llevé mis tres hijas al dentista, por prevención. En realidad no se previene nada yendo al dentista porque sí. No es que a los chicos no les van a salir caries porque vos sacaste turno.



Prevenir es, por definición, tomar precauciones o medidas por adelantado, para evitar un daño, un riesgo o un peligro.

Ilustración de Tatiana Brodatch

Entonces prevención sería por ejemplo, en este caso, no comer dulces, lavarse los dientes después de cada comida y usar el hilo dental, ya que muchas caries empiezan ahí, en ese espacio estrecho entre un diente y otro que se le mata de risa al cepillo.
Después se exagera y se llega a consejos como el de no soplarles la comida a los chicos y no compartir cubiertos con ellos, ya que de ésta manera se transmiten bacterias cariogénicas (que transmiten caries).
A nosotros nos parece exagerado, pero en Milán todas estas cosas, se cumplen. Las fobias relacionadas con la limpieza se respetan y se exacerban, y uno hasta que no las conoce a todas, arriesga siempre quedar como un salvaje sin querer. En cambio después de conocerlas a todas, quedas como un salvaje, queriendo.

 ¿Cómo no le vas a soplar la comida al crío?¿Qué haces, le pelas la lengua, le arruinas las papilas gustativas para que no tenga caries?.

Igual, yo tomo mate, y he tomado mate con conocidos y desconocidos, mates míos y ajenos, no soy un buen parámetro. Acá a la gente le da arcadas cuando se enteran que la bombilla no se cambia entre mate y mate.

Capaz que tengan razón, che. ¿Y hacer el avioncito, entonces?: si te pones a pensar es un recolector de virus y bacterias que viven en el aire, invisibles.
Habría que comprarse un ventilador chiquito como esos que tienen los choferes en el parabrisas, para enfriar la papilla.

Otro dato que los estudios epidemiológicos - es decir aquellos que investigan la causa de las enfermedades - arrojan - es decir, vomitan - que el nivel de instrucción de los padres es un factor que influye en la salud bucal de los hijos.

Son esas cosas estadísticas que no explican nada, llegan a conclusiones increíbles, hilarantes o convenientes (como que el chocolate previene la depresión, conclusión exagerada pero no se priva de fundamento) y no te explican por qué. Y si no lo explican, puede pasar que los hijos de los ingenieros, por ejemplo, no se laven más los dientes antes de ir a dormir y cuelguen el título de papá en el porta cepillos del baño. O que una, como buena madre premurosa, se inscriba a algún master facilongo de alguna privada a distancia  para prevenir las caries del nene y así poder soplarle la sopa tranquila y chuparle el chupete cuando se caiga al piso.

La prevención -entendida como ir al médico porque sí a hacerte investigar algo de tu cuerpo- está muy bien organizada en Milán y es señal de civilización.

Según la edad y el género que tengas, llegan cartas a tu casa. Si cumpliste los 40 y sos mujer, te llega la invitación a que te hagas la primer mamografía, y también un pap-test y ecografía ovárica. Y te llueven consejos de la gente prevenida: la colonoscopia si no vas bien al baño (y un lavaje del colon si vas bien, como para sacar hasta lo último). Tomar agua con limón a la mañana, y jengibre para la garganta, y un día a la semana de ayuno, y hacerte ver el lunar, la manchita, una radiografía a los pulmones, un análisis de sangre, de orina, y la presión, del brazo y del ojo, y el examen postural, caminar media hora, hacer yoga, meditar, no fumar, no comer carne, no tomar café ni alcohol, tener una relación serena, salir con amigas (y divertirse haciendo por ejemplo videos en el auto cantando) y como una burla, terminan con: dormir al menos 8 horas por día. ¡Cuándo!. Con toda la prevención que hay que hacer. (Y la gente, al final, se muere igual, y triste.)

Volviendo al dentista, las nenas, no obstante sean hijas de una salvaje poco prevenida que les ha soplado la papilla y ha compartido vasos, tenedores y mates fríos con ellas, que come carne y brinda y fuma, camina poco y boxea cuando puede, invicta de mamografía, no tenían caries. El dentista para compensar la buena noticia me propuso ortodoncias para todas, también para mí ya que estaba ahí. Porque “las nenas tienen los dientes alineados, y parece, digo PARECE que estuviera todo bien, y ahora no tienen problemas, AHORA, no tienen problemas, pero va a ver lo que quizás, tal vez, en una de esas y si llegan a los 100 años, les puede pasar”. Le agradecí (civilizadamente), y me negué (salvajemente), con mis dientes de castor,  previniendo así que les llenaran la boca de alambres, les arruinara el apetito en pleno crecimiento y les homologara la sonrisa.

Nosotros leemos ésto: