El tiempo de Bonifacio

 Ramiro Pereira-.




El tiempo se guarda de darme las legumbres
sonrío hacia adelante y avizoro, la mueca inesperada
y en el escenario,
se carcome de incertidumbre el individuo
mientras el hastío combate palmo a palmo
con ese tigre maula que busca las rendijas.

Hay un cielo que se muestra sorprendido
cercano en su distancia, distinto
y los cánones se disgustan con las faunas digeridas
todo esto mientras fluye ese río caudaloso
que muda y muda el signo y su fortuna
como luna cantada por los monjes.

Y las epopeyas se mantienen obstinadas
pequeñas, como son,
cuando se trata del incierto sabor de esas legumbres
y entonces,
por las rendijas de Bonifacio corre un viento extravagante
pletórico de vanas risas y fulgurantes sueños.