Breve historia del voto presidencial en la Argentina



Santiago Zorrilla-. El sufragio supone un derecho político “soberano” de un colectivo social a elegir
mediante el  voto a  los cargos electos. Ese derecho de elegir y de ser elegido mediante los votos(conocido como sufragio pasivo)nació con las primeras revoluciones burguesas europeas de los siglos XVIII e inicios del Siglo XIX.
De todas maneras, por esas épocas y lugares  el sufragio en esas épocas era conocido como “censitivo”, es decir que solo podían votar una selecta cantidad de personas que por determinas cualidades figuraban en un censo pre elaborado(lo que hoy conocemos como Padrón electoral).
De este lado del Atlántico, Argentina es de los primeros de América Latina en adoptar la modalidad del sufragio universal. Ya en 1821 estaban habilitados a sufragar todos los ciudadanos de sexo masculino y mayores de veinte años de edad. Sin embargo, desde los inicios de la organización nacional argentina se planteó, como uno de los problemas más conflictivos del debate político, la cuestión del régimen electoral que define quiénes serán los representantes emanados del sufragio popular y como serán elegidos. Recién luego de la Batalla de Caseros y proclamada la Constitución Nacional en 1853 se estableció el ordenamiento jurídico, respecto a la elección de nuestros representantes. En ella se estableció: Elección indirecta del Presidente y Vice Presidente, a través del Colegio Electoral. El Colegio Electoral, estaba formado por el doble de miembros que componen las Cámaras de Diputados y Senadores Nacionales, en conjunto. La duración del cargo, era por un periodo de seis años, sin posibilidad de reelección. Aunque, huelga decirlo  desde la organización nacional  hasta la aplicación de la Ley Electoral conocida como Ley Sáenz Peña (1916) no hubo orden democrático en Argentina.
A partir de la aplicación de esta Ley, Argentina tuvo voto universal, obligatorio y secreto, y el primer mandato bajo condiciones democráticas en el sufragio fue ejercido por Hipólito Yrigoyen al asumir el 12 de octubre de 1916. Si bien la ley no era tan universal, porque seguía siendo exclusiva para nativos argentinos y naturalizados masculinos y mayores a 18 años, vino a poner fin al fraude y al soborno que perpetuaba en el poder al régimen oligárquico que comenzó en 1880.
El voto femenino llega muchos años después y tras recorrer un largo y duro camino, que había comenzado a fines del siglo XIX. Recién el 9 de septiembre de 1947 se promulga la Ley 13.010 que, luego de más tres décadas de sancionada la Ley Sáenz Peña, establece por fin la verdadera universalidad del voto de los ciudadanos. Fue cuando Perón le entrega a Eva el decreto de sanción de la ley en un acto multitudinario en Plaza de Mayo y en las elecciones del 11 de noviembre de 1951, ese artículo fue estrenado en la práctica por primera vez: “Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos”.
El dato de color, es que en la década del ‘20 se sitúa el primer antecedente de voto femenino en Argentina, desde cuando comienza a incorporarse en San Juan a la mujer como votante. En América las mujeres pudieron acceder al voto en Uruguay en 1927, muchos años antes que en el Reino Unido que recién le otorgaron el derecho a  las mujeres a votar en  1944.
A pesar de los sucesivos golpes dictatoriales que hubo en Argentina y de los gobiernos "fraudulentos" que marcaron a la década de 1930 como la década infame, Argentina mantuvo la Ley Sáenz Peña-
Este sistema  electoral se mantuvo en pie hasta luego de la reforma constitucional de 1994 que elimina el Colegio Electoral (elección indirecta del presidente) y la elección a Presidente y VIce Presidente se realiza por distrito único (donde todo el territorio nacional constituye un solo distrito electoral). Con doble vuelta electoral o ballotage. Es decir, para consagrar una fórmula como ganadora debe: 1) obtener una porcentaje mayor al 45 % del total de los voto, o bien 2) tener un porcentaje de votos igual o menor al 40 % pero con una diferencia porcentual de diez puntos respecto de la fórmula que ocupe el segundo lugar. Si estas condiciones no se cumplen, se realizará una nueva elección entre las dos fuerzas políticas más votadas en la primera vuelta electoral.