Alta Participación electoral



Irene Ríos-. En Entre Ríos la cantidad de votantes es del 75,45% del padrón electoral, pero esta cifra llega al 80% en las principales ciudades como Paraná, Concordia y Gualeguaychú. Incluso en Islas, que suele ser baja la participación por las obvias dificultades del subdesarrollo profundo de esa zona, votó el 72%
Es una cifra que llama la atención, sobre todo si tomamos como comparación las PASO del 2015 que fueron del 84% pero en esa ocasión también se elegían los candidatos a gobernador y a intendentes. En estas elecciones no se pone en juego nada importante en términos provinciales y la elección está centrada en los cargos nacionales. La campaña del peronismo fue la más pobre que se recuerde y los principales dirigentes radicales, como Varisco y Benedetti, están altamente desmotivados. A la vez, las mujeres fueron escondidas de la boleta del Frente de Todos por ser K (Blanca Osuna y Estefanía Cora), Casaretto participó en varias elecciones y jamás ganó ninguna y Edgardo Kueider es poco conocido fuera de Concordia, aunque sea la mano derecha del gobernador Bordet, quien no hizo campaña.

El desdoblamiento electoral en la provincia, hizo que esta campaña electoral ni se note en la provincia, ya sea en pasacalles, afiches o en la parafernalia de los actos. Por el contrario, primó la tibieza en la campaña de los candidatos provinciales, por eso es que sorprende la gran concurrencia de votantes, superando incluso a las PASO provinciales en las que votó en Paraná que voto el 75,72% de los votantes. El día de las PASO nacionales había paro de colectivos y la participación en la capital provincial fue del 80% de un padrón que incluye a fallecidos, enfermos, votantes optativos como los jóvenes de 16 a 18 años y los mayores de 70, gente que vive en el exterior, etc.
Es llamativo también el fervor cívico si tenemos en cuenta que en Paraná desde hace más de 4 días que no funciona el transporte público de pasajeros debido al paro de los colectiveros.
Además de que no hay ningún candidato local, excepto la marginal Manuel Castañeira, de una ultraizquierda delirante, que no siquiera tenía fiscales en su ciudad natal