¿Sirven los spot de los candidatos?



Alexis Gravier-.  Se largó la campaña electoral que, para los entrerrianos, dirimirá en las PASO los candidatos de Cambiemos (ahora llamados "Juntos por el Cambio") y en la primera vuelta, la Presidencia de la Nación, además de tres senadores y cuatro diputados nacionales.
La inundación de avisos publicitarios -que por la tilinguería reinante se nombran en inglés, pero son eso, avisos publicitarios- genera el clima electoral que ya estaba presente entre los informados, que no dejan de ser una minoría intensa, derramándose con lentitud hacia el electorado más alejado de la cotidianeidad de la política.

En primer lugar, hay que señalar que toda la literatura sobre sociología electoral no se pone de acuerdo en si las campañas electorales, no ya los avisos publicitarios, inciden o no en el votante a la hora de moldear sus preferencias. Sí están todos de acuerdo en el campo del Marketing Político de que una mala campaña electoral puede restar votos.
El otro gran acuerdo teórico/conceptual, es que los avisos publicitarios son una puja para determinar la agenda del debate público y, en ese sentido, sí tienen influencia.
Bajo estos postulados es que hay que señalar que la largada de la campaña, centrándonos en el análisis de los avisos publicitarios, tiene dos grandes contendientes de orden nacional y dos grandes contendientes de orden provincial.
En el plano nacional, Mauricio Macri apuesta a un voto emocional, incentivando el miedo de los electores a un brusco cambio de timón mientras trata de transmitir que el "esfuerzo", o sea el ajuste económico, empieza a dar sus supuestos frutos. Ya no apela al antiperonismo cerril, entre otras cosas porque lleva a Miguel Pichetto en la fórmula.
Su traslado a Entre Ríos es débil: la figura de Alfredo De Ángelli está desgastada, pero tiene la ventaja de un amplio conocimiento entre el electorado. Y le da el necesario toque local y popular a una fórmula que se ve distante para los entrerrianos y en cierta manera, elitista. El estilo de De Ángelli, incluso su supina ignorancia sobre los temas que divaga, se transforma en un plus que conecta con el espíritu antielite de una porción importante del electorado.
Por otro lado, tenemos a Alberto Fernández, quien trata en primera instancia de hacerse conocido y bailar con un mensaje difícil de transmitir: es el candidato de Cristina pero no es un títere de Cristina.
La ventaja de Alberto es que en Entre Ríos, los candidatos a senadores nacionales y diputados nacionales no protagonizan, hasta ahora, los avisos publicitarios, sino que se pone al frente Gustavo Bordet, que viene de ganar con comodidad su reelección como gobernador y tiene buena imagen entre la gente.
A su vez, el amplio conocimiento, para bien y para mal, que tiene Cristina, es un plus que contrarresta el poco conocimiento, en esta etapa, que se tiene de Alberto Fernández. A la vez que el costado más ríspido de Cristina, para sus críticos no intensos, lo contrarresta Bordet. Por ejemplo, la actitud combativa de CFK, que genera algún rechazo en un sector de los electores que no por eso se van al macrismo, es suavizada por la actitud dialoguista de Bordet.

Así las cosas, aún hay poco para analizar. Pero a grandes rasgos, la fórmula de Fernández y Cristina apela a la economía deprimida, contrarrestada en Entre Ríos por una administración prolija de Bordet, mientras que el PRO -a los radicales entrerrianos se los ha minimizado en esta campaña- apela a clivajes e issues que funcionan bien en la zona metropolitana pero se debilitan en el interior del país, como ser el rechazo al kirchnerismo.

Nosotros leemos ésto: