¿Qué pasaría si Argentina exportase solamente poroto de soja sin procesar?

Federico Di Yenno y Julio Calzada-.  El complejo soja representa el 30 % de exportaciones argentinas, lideradas por la harina de soja, principal producto de exportación del país. Según estimaciones, Argentina con su industria aceitera percibe casi u$s 5.000 millones más que si no la tuviera.


Resumen: 
Hemos querido realizar un ejercicio de simulación imaginativo. La pregunta que nos hicimos es la siguiente: ¿Qué pasaría si Argentina exportara solamente poroto de soja y no tuviera su industria aceitera modelo a nivel mundial? La existencia de una industria competitiva que agrega valor a la producción primaria local es de sustancial importancia para nuestro país. A nuestro criterio, esto sucedería si no tuviéramos el complejo industrial oleaginoso: 
a)    Argentina sufriría de manera importante una baja en sus precios de exportación del poroto por los menores niveles de proteína que tiene nuestro país respecto de otros competidores. 
b)    Si no existiera la industria oleaginosa argentina, los productores agropecuarios sufrirían importantes descuentos en el precio FAS que obtienen por la venta de su soja en el caso de entregar granos de mala calidad, especialmente ante eventos climáticos extremos.
c)    Habría muchísimos problemas para colocar el poroto de soja en el exterior debido a la falta de países que nos quieran comprar la mercadería. 
d)    Al no haber industria oleaginosa, se perdería la actual estabilidad en el ingreso de divisas a lo largo del año, aspecto que afectaría al mercado cambiario argentino y al valor del dólar. Esto impactaría negativamente sobre toda la economía. Por otra parte habría mayores costos logísticos y de transporte. 
e)    Se perdería el impacto positivo de derrame sobre otras actividades, como el transporte, servicios, energía, construcción, metal mecánica, etc. 
f)    Argentina estaría más expuesta a los vaivenes del mercado internacional, ya que los productos con mayor valor agregado tienen normalmente una menor volatilidad de precios. 
g)    Sin Industria aceitera, Argentina perdería el potencial para lograr un rápido y óptimo desarrollo productivo en otros eslabones de la cadena: avícola, porcina, láctea, etc. 
h)    Se perdería el efecto multiplicador sobre la economía y la demanda generada por la propia inversión que realizan las fábricas, el transporte y en el sector servicios. 
i)    Habría menos empleo directo e indirecto en la economía regional y nacional.  
j)    Según nuestras estimaciones, Argentina con su industria aceitera percibe casi 5.000 millones de dólares más que si no la tuviera. Todo esto midiendo la producción a los precios FOB de exportación. Al tener industria, hay 98 U$S adicionales por tonelada de soja que si no tuviéramos las fábricas. Surge de dividir los 5.000 millones de U$S por las 50 millones de toneladas de soja. Estos 98 U$S/tn se reparten entre mejores precios que recibe el productor por su soja, el costo de industrialización, gastos de Fobbing, gastos comerciales, utilidades de las fábricas y mayores impuestos. Un beneficio para toda la economía argentina. 
Estas conclusiones son una primera aproximación a un análisis futuro más detallado con modelos de impacto económicos.

Nota completa: 
La ubicación geográfica de Argentina y las condiciones climáticas que posee le permiten ser uno de los principales países productores de granos del mundo. La introducción de mejoras genéticas en los cultivos y la incorporación de innovaciones en los métodos de producción, como la siembra directa y otros factores, han permitido dar un salto de importancia en la producción de granos en los últimos años. La capacidad de Argentina como procesador internacional de primer nivel de oleaginosas, le permite al país tener una gran ventaja comparativa a nivel mundial, máxime si consideramos las características de la producción de soja local y la elevada eficiencia de sus plantas.
Si miramos los datos en el mundo, se puede decir que casi todos los países que tienen un alto consumo de harina de soja tienen capacidad instalada para procesar soja a nivel doméstico.  Salvo determinadas situaciones, en la mayoría de las naciones que son consumidoras de harina/pellets pero donde la producción de soja es escasa, es necesario importar harina de soja para abastecer al mercado interno. Aquí está la oportunidad de Argentina. 
Nuestro país tiene la ventaja de estar orientado hacia la exportación en el complejo sojero: es el único competidor que produce en un año el equivalente a 12 años de consumo interno de harina de soja, al mismo tiempo que procesa por un equivalente a casi el 80 % de la producción local.
Este resultado es consecuencia de la alta eficiencia que tiene Argentina en su industria oleaginosa y en la producción de productos derivados de soja, lo que lo convierte en el principal exportador mundial de harina y pellets. Frente a esto la pregunta que uno podría hacerse es la siguiente: ¿Qué sucedería si no existiera esta notable industria aceitera en nuestro país? ¿Cuáles serían las consecuencias para los productores agropecuarios, los factores productivos locales y la economía argentina en su conjunto? Trataremos de dar respuesta a estas inquietantes preguntas. 
Las conclusiones que se aplican al sector de la soja, son asimilables a toda la cadena agroindustrial. La Agroindustria tiene un efecto derrame enorme en otras actividades, como el transporte, servicios, energía, construcción, metal mecánica, etc. Los productos con mayor valor agregado tienen una menor volatilidad de precios, a mayor valor agregado la inelasticidad de demanda puede reducirse. 
Por otro lado, la eficiencia en la producción de harina de soja y derivados de granos y oleaginosas permite y le permitirá a Argentina en el futuro un rápido y buen desarrollo productivo de otros eslabones de la cadena: avícola, porcina, láctea, etc. dando así un efecto multiplicador sobre la economía. Ejemplos claros de esto resultan Brasil y Estados Unidos. Argentina también avanza actualmente en ese sentido haciendo crecer sus producciones de carne vacuna, porcina y otras.
Factores y beneficios que otorga al país la Industria Aceitera Local
1)    Argentina si no tuviera su industria aceitera sufriría de manera importante una baja en sus precios de exportación del poroto por los menores niveles de proteína que tiene nuestro país respecto de otros competidores. 
Existe una diferencia importante entre el precio de la soja que percibe nuestro país por sus exportaciones y el precio de otros competidores (Brasil, USA y/o Paraguay) debido al nivel de proteína. La diferencia entre el precio FOB de la soja de Paraguay y la nuestra -que sale de los puertos del Up-River-, se encontró este año entre 7 y 22 USD /tn, a favor de nuestros hermanos limítrofes. Paraguay por su ubicación geográfica y clima cuenta con mejor proteína que Argentina. Si no existiera el complejo industrial oleaginoso argentino –que mediante procesos de secado en la producción de harina de soja aporta una solución a esta problemática logrando una harina de alta calidad- existirían serios problemas para colocar 50 millones de toneladas (Mt) de soja (sin procesar) en el exterior con proteína baja, resultando en fuertes y serios descuentos para el commodity de Argentina.
2)    Si no existiera la industria oleaginosa argentina, los productores agropecuarios sufrirían importantes descuentos en el precio FAS que obtienen por la venta de su soja en el caso de entregar granos de mala calidad, especialmente ante eventos climáticos extremos.
La industrialización a nivel local permite eliminar los defectos que puede tener la soja en las diferentes campañas (granos manchados, quebrados, brotados, verdes, etc.) al procesarlos y poder mejorar el nivel proteico y la calidad mezclándola con soja provenientes de otras regiones (Paraguay, Brasil o Bolivia) o estableciendo un proceso adicional de secado. La transformación del poroto a la harina de soja permite un producto homogéneo con un alto grado de inocuidad, debido a su proceso de elaboración, lo que le permite tener una mayor permeabilidad a las barreras fitosanitarias que imponen los diferentes destinos compradores en el mundo. Si no existiera la industria, se le exigiría siempre al productor –en la venta- la calidad del grano que actualmente se solicita para exportar el poroto sin procesar (Soja Cámara). 
El tema central es éste con la soja dañada: La industria recibe mercadería que la exportación no recibiría, lo que repercutiría seriamente en el precio. En el caso en que la mercadería resulte muy fuera del estándar de exportación, sin Industria, no hay destino posible para esta mercadería, es decir, el productor tendría un serio problema. Ejemplo de esto fue la campaña 2015/16 con los 21 días de lluvias seguidos en Santa Fe que dañaron la producción local. La industria, debido a la mayor tolerancia en la calidad, beneficia el precio pagado a los productores ya que evita que se apliquen importantes descuentos a la producción de poroto de soja de los agricultores locales en momentos de graves eventos climáticos locales.
En el cuadro adjunto se exponen las diferencias de calidad base y la tolerancia de recibo para cada sector. Ambos valores son indicativos y no necesariamente reflejan las normas de comercialización que se maneja en el mercado físico. Por ejemplo, en el mercado físico los descuentos en los granos dañados comienzan en el 5 % mientras que la calidad fábrica de MATba los descuentos comienzan en el 8%.

3)    Si no existiera la industria oleaginosa argentina, habría muchísimos problemas para colocar el poroto de soja en el exterior debido a la falta de países que nos quieran comprar la mercadería. 
Por lo mencionado anteriormente, si no existiera la industria, habría problemas para colocar toda la producción argentina de soja sin procesar, ya que se perdería la gran diversificación de destinos que tiene la harina/pellets y el aceite. En la campaña 16/17, toda la exportación de soja fue dirigida a China (90% del total). Si no existiera un complejo industrial oleaginoso en Argentina, podría existir una caída significativa en los precios, por la dependencia exclusiva a un solo comprador y la concentración en los envíos. Al propiciar el agregado de valor en el destino, cualquier desequilibrio internacional como en este caso la guerra comercial de Estados Unidos y China, direcciona inversiones hacia los propios destinos en lugar que llegue a nuestro país.
4)    Si no existiera la industria oleaginosa argentina, se perdería la actual estabilidad en el ingreso de divisas a lo largo del año, aspecto que afectaría al mercado cambiario y al valor del dólar. Esto impactaría negativamente sobre toda la economía. Por otra parte habría mayores costos logísticos y de transporte. 
La industrialización de la soja permite asegurar la estabilidad en el ingreso de las divisas en el mercado cambiario argentino a lo largo del año. La existencia de una demanda continua de poroto de soja por parte de la industria a lo largo de todo el año, le permite al productor acceder a mejores opciones de precio y a menores costos logísticos: los fletes terrestres y fluviales en plena campaña tienen una enorme estacionalidad, encareciendo la logística ante la necesidad de vender en temporada alta. Sin embargo, teniendo una oferta más lineal durante el año ese flete tendrá un costo promedio mucho más bajo lo que permitirá al productor acceder a un mejor precio por su producto. Asimismo, es beneficioso para los transportistas, ya que mantiene una demanda continua de sus servicios durante todo el año. Esto mismo se replica en los costos del transporte marítimo/fluvial a lo largo del año. Por el hecho de la nivelación de los envíos de los subproductos de soja en el año, se puede reducir el costo logístico producto de la acumulación de buques y la congestión o el posible colapso en la hidrovía en tiempos de cosecha. Los puertos también reciben un alivio de la carga al poder programar los recibos a los largo del año.
5)    Sin Industria aceitera se perdería el impacto positivo de derrame sobre otras actividades, como el transporte, servicios, energía, construcción, metal mecánica, etc. 
6)    Sin industria, Argentina estaría más expuesta a los vaivenes del mercado internacional, ya que los productos con mayor valor agregado tienen normalmente una menor volatilidad de precios. 
7)    Sin Industria aceitera, Argentina perdería el potencial para lograr un rápido y óptimo desarrollo productivo en otros eslabones de la cadena: avícola, porcina, láctea, etc. Se perdería el efecto multiplicador sobre la economía y la demanda generada por la propia inversión que realizan las fábricas, el transporte y en el sector servicios. 
8)    Sin industria aceitera, habrá menos empleo directo e indirecto en la economía regional y nacional.  
9)    Por último, y lo más importante visto para la economía doméstica, el desarrollo de una industria procesadora de oleaginosas genera valor agregado local, mano de obra e inversiones junto con mejoras en la infraestructura logística. Argentina con su industria aceitera percibe casi 5.000 millones de dólares más que si no la tuviera. Todo esto midiendo la producción a los precios FOB de exportación. Al tener industria, hay 98 U$S adicionales por tonelada de soja que si no tuviéramos las fábricas. Surge de dividir los 5.000 millones de U$S por las 50 millones de toneladas de soja. 
Estos 98 U$S/tn se reparten entre mejores precios que recibe el productor por su soja, el costo de industrialización, gastos de Fobbing, gastos comerciales, utilidades de las fábricas y mayores impuestos. Un beneficio para toda la economía argentina. 
Hemos realizado un ejercicio de simulación. Desarrollamos dos alternativas: 
Alternativa N°1: Supuesto de que en Argentina no existe la industria oleaginosa. Se supone que se exporta todo como poroto de soja generándose una caída en los precios internacionales actuales entre 20%, 10% y manteniéndolos sin cambios. En esta alternativa se despacharían al exterior 50 Mt de poroto de soja en vez de las 8Mt actuales. Se consumirían internamente 6 Mt de poroto.
Alternativa N°2: Argentina. Supuesto con Industria oleaginosa. Se produce y exporta poroto, harina, aceite, biodiesel y otros productos. Se calcula el valor de la producción con los precios FOB actuales. Sería el caso actual. Se consumen internamente 6Mt.
La pregunta que nos hacemos es esta: ¿qué beneficia más a la economía argentina, a sus productores agropecuarios y a toda la cadena de valor: tener industria aceitera o no tenerla? 
En primer lugar, en la alternativa N°1 Argentina debería exportar toda su producción como poroto de soja sin procesar y debería vender el mismo a un menor valor que sus competidores debido a que posee un menor contenido proteico y, como se vio anteriormente, se negocia con un descuento frente a la soja proveniente de países vecinos. 
Pero lo más importante es que el comercio mundial de poroto de soja oscila actualmente en los 150 Mt, con lo cual si Argentina no tuviera industria aceitera, nuestro país le agregaría a los mercados cerca de 50 millones de toneladas adicionales. La oferta aumentaría casi un 30%. Sin dudas, los precios internacionales del poroto bajarían fuertemente. Hay que tener en cuenta que, en cierto período de tiempo, si exportamos el poroto (es decir si no exportaríamos harina), el precio caería en el corto plazo y haría que otros destinos construyan y desarrollen su propia industria local (para reemplazar la harina que hoy compran de argentina). En definitiva esas nuevas plantas demandarían el poroto que hoy demanda la industria argentina. 
Por esto, para la simulación supusimos bajas en los precios internacionales del poroto de soja del 20%, 10% y un caso donde los precios no varían. 
Hemos expuesto los cuadros con las estimaciones de ambas alternativas. 
Los resultados muestran que si Argentina no tuviera industria aceitera, se registraría una pérdida de valor agregado cercana a los 5.000 millones de dólares con una baja en los precios internacionales del 20% (Ver caso 1). En este caso N°1, la producción y exportación argentina de 50 Mt de poroto de soja generaría un valor bruto de producción de 13.520 millones de U$S. En cambio, con la industria aceitera actualmente se generan cerca de 18.433 millones de dólares. Esto implica que nuestro país –por contar con su industria aceitera- percibe casi 5.000 millones de dólares más que si no la tuviera. Todo esto midiendo la producción a los precios FOB de exportación. Al tener industria, hay 98 U$S adicionales y disponibles por tonelada de soja que si no tuviéramos las fábricas. Surge de dividir los 5.000 millones de U$S por las 50 millones de toneladas de soja. Estos 98 U$S/tn se reparten entre mejores precios que recibe el productor por su soja, el costo de industrialización, gastos de Fobbing, gastos comerciales, utilidades de las fábricas y mayores impuestos. Un beneficio para toda la economía argentina. Y al mismo tiempo esto implica generar valor agregado local, mano de obra e inversiones junto con mejoras en la infraestructura logística.
Existen especialistas que sostienen que la baja en los precios internacionales del poroto en el supuesto caso de colocar Argentina cerca de 50 Mt, no sería del 20%. Sería menor porque el resto de los países desarrollarían sus propias industrias locales de crushing pudiendo comprarle todo el poroto a Argentina. Para aquellos que sostienen esta afirmación hemos desarrollado los casos restantes de cambios de precios del 10% y sin variaciones (0%). También se podrían aplicar en el futuro modelos econométricos para simular impactos. 
No obstante estas opiniones, sumamente válidas, consideramos que en un mercado –de alguna forma sobreofertado de poroto de soja-, las bajas de precios internacionales estarían en el orden del 20%. En tal caso, el valor bruto de producción adicional que se agrega gracias a la industria aceitera representaría para Argentina los citados 5.000 millones de dólares.  

Nosotros leemos ésto: